pancarta sol

Luis Perozo Padua: El agente norteamericano que observó a Simón Bolívar en Angostura

 

En julio de 1818 llegó al Orinoco un enviado de Washington con la orden de mirar sin comprometerse. El diplomático, protagonizó con Simón Bolívar un célebre intercambio diplomático y epistolar que marcó las relaciones entre Estados Unidos y la naciente república.

El Orinoco no se anunciaba con un mapa, sino con un cambio en el agua. Cuando la embarcación de John Baptiste Irvine dejó atrás el Atlántico y entró en la corriente oscura del río, Angostura apareció entre el calor y las tensiones de una república en guerra. No llegaba como aliado ni como enemigo declarado, sino como representante de un gobierno que todavía evaluaba si debía reconocer la independencia de los territorios hispanoamericanos.

El presidente James Monroe buscaba conocer mejor la realidad política y militar de Hispanoamérica antes de tomar una decisión. Washington observaba con cautela los intereses de España y Gran Bretaña, mientras las negociaciones para adquirir la Florida condicionaban su política exterior. En ese escenario, los enviados estadounidenses debían examinar la situación de los nuevos gobiernos, mantener la neutralidad y evitar compromisos diplomáticos prematuros.

El 31 de enero de 1818 el secretario de Estado John Quincy Adams le entregó en Washington sus credenciales como agente especial ante el gobierno de Venezuela, junto con las instrucciones para el desempeño de su misión.

Irvine, de origen irlandés, había estado vinculado al periódico neoyorquino The Columbian, donde en 1816 se publicó una semblanza de Simón Bolívar escrita en Jamaica por el general John Robertson. El Libertador lo presentó a través del Correo del Orinoco como un hombre «ventajosamente conocido por sus principios filantrópicos y republicanos», una descripción que contrastaría pronto con la dureza del enfrentamiento que ambos protagonizarían.

Matilde Rita de la Peñuela y Simón Bolívar

Su recorrido hacia Venezuela incluyó Filadelfia, Nueva York y la isla de Saint Thomas, desde donde escribió el 1 de junio de 1818. El 10 de junio llegó a Juan Griego y, dos días después, visitó La Asunción por invitación del gobernador Francisco Esteban Gómez, quien facilitó su contacto con Luis Brión y José Francisco Bermúdez. Brión le ofreció trasladarlo en sus barcos hasta Angostura, donde Irvine arribó el 12 de julio.

Allí lo esperaba un conflicto que pondría a prueba las relaciones entre Washington y la naciente república. La armada venezolana había incautado las goletas estadounidenses Tigre y Libertad, acusadas de vulnerar el bloqueo naval impuesto a las posiciones realistas.

Según el gobierno republicano, ambas embarcaciones habían transportado armas, provisiones y pertrechos destinados a las fuerzas españolas que combatían contra los independentistas. Para Irvine, sin embargo, la captura de los barcos exigía explicaciones y reclamaciones.

El incidente abrió un áspero intercambio de cartas con Bolívar, en el que se enfrentaron dos concepciones de la neutralidad, el derecho de guerra y la soberanía de una república que luchaba por consolidar su independencia.

Andrés Roderick

La entrevista del 14 de julio

Irvine no encontró a Bolívar en un momento sereno, pues en carta a Leandro Palacios del 11 de julio el Libertador se decía «sumamente molesto» por los rumores que corrían en Angostura sobre sus actividades privadas y familiares.

La entrevista privada tuvo lugar el 14 de julio, desde las diez y media de la mañana hasta pasado el mediodía. Bolívar lo recibió cortésmente como agente de los Estados Unidos, y el Libertador mencionó como de modo accidental los casos de la Florida y de la isla Amelia, explicando que Venezuela nunca había autorizado al general Gregor MacGregor ni a ninguna otra persona para actuar contra Florida o Amelia.

Brión lo presentó cerca de las doce, Bolívar le dio asiento a su derecha y en la tarde ofreció un banquete en su honor.

Monroe le había encargado tratar la confiscación de dos goletas norteamericanas, la invasión de Amelia, la reunión de Cariaco, en la que participó Brión pero que Bolívar rechazaba, el estado de Venezuela, las fuerzas, el comercio y la emancipación de los esclavos.

Sobre las goletas, Bolívar dijo que, si hubo irregularidad en la captura, consideraba posible una transacción y revisaría el caso conforme a las leyes de las naciones, e Irvine respondió que su Gobierno no quería que esa controversia interrumpiera la buena armonía.

Era la segunda negociación diplomática de Bolívar, pero ya no como el plenipotenciario de Londres en 1810, sino como jefe del Gobierno venezolano.

Independencia Venezuela

Las goletas, Amelia y un emisario rechazado

Bolívar quiso corresponder designando a Lino de Clemente como representante en Washington, encargado de solicitar el reconocimiento y tramitar convenios y tratados, y le escribió una carta en la que, de manera indirecta, le hacía ver que no reconocía lo pasado en Amelia.

La designación ignoraba el disgusto del Gobierno americano con Clemente, y cuando este trató de presentar sus credenciales a Monroe, el Departamento de Estado se negó a recibirlo por haber suscrito documentos injuriosos al presidente y a su Administración, y luego se hizo saber a Bolívar, por medio de Irvine, que Washington estaría listo a entenderse con cualquier persona sin iguales objeciones.

Después de esa conversación, Amelia no volvió a las negociaciones. Sin embargo, el Correo del Orinoco publicó en primera página, al anunciar la salida de Irvine rumbo a Trinidad y ya ausente Bolívar de Angostura, una nota titulada «América del Norte», sumamente violenta contra el presidente americano por ocupar la isla.

Todo indica que la redactó Juan Germán Roscio, el residente en Angostura con información suficiente y participación personal en los sucesos. La nota disgustó al vicepresidente Francisco Antonio Zea, quien informó a Bolívar llamándola «otra diatriba, por la maldita isla Amelia, contra el Presidente de los Estados Unidos».

Simón Bolívar

El Bolívar que Irvine no logró descifrar

Irvine informaba constantemente a Washington, traducía las cartas de Bolívar, remitía ejemplares del Correo del Orinoco y estudiaba el ejército, la geografía y la historia.

Bolívar lo desconcertaba. Poco a poco le fue cobrando admiración, pero no lograba entenderlo, y dos veces lo comparó con Don Quijote: en una nota al secretario de Estado, tras una larga exposición del Libertador ante sus jefes militares, escribió que «parecía un Don Quijote con ambición militar», y en una carta al doctor S. D. Forsyth comentó que tenía «una inextinguible imaginación parecida a la de Don Quijote para crear castillos, flotillas, jefes fuertes, bloqueos, líneas de circunvalación, que nunca existieron».

Invitado por Bolívar, asistió a la instalación del Congreso de Angostura, cuya relación es la única que se conoce, y quedó impresionado por la frase del discurso sobre el influjo de la Constitución norteamericana en la venezolana de 1811: «El ejemplo de los Estados Unidos por su peregrina prosperidad era demasiado lisonjero para que no fuese seguido». Partió el 27 de febrero de 1819 vía Trinidad, donde elogió el decoro y la dignidad del Congreso.

Cuatrocientas páginas para entender Venezuela

Al llegar a Estados Unidos, Irvine elaboró Notes on Venezuela, fechado en Baltimore el 25 de septiembre de 1819, un estudio de unas cuatrocientas páginas manuscritas que recibió la admiración de Adams.

Allí anota observaciones sobre la población, la geografía, los ríos y en especial el Orinoco, la historia, el algodón, el cacao, el comercio, los llaneros y el papel moneda. Había leído a Las Casas, a Humboldt y a Depons, y reconstruía los antecedentes hispánicos, la Independencia, los problemas de 1812, Monteverde, Miranda y las campañas de Bolívar hasta Angostura, para lo cual debió entrevistarse con Roscio y Manuel Palacio Fajardo.

Al salir de Venezuela, Irvine se convirtió, como dijo Adams, en un «fanático de la causa suramericana». Su informe es quizá una de las primeras historias de la Independencia venezolana, y conserva la mirada de un hombre que llegó sin permiso para prometer nada y se marchó convencido de haber visto nacer una república.

Periodista especializado en crónicas históricas.