Hace 300 mil años, se origina en África el Homo sapiens, la única especie humana existente hoy, que sin embargo coexistió y se relacionó durante esos 300 mil años, con otras siete u ocho especies humanas, con las cuales compartió espacios, se comunicó, colaboró, compitió por recursos, se enfrentó y se mezcló genéticamente. No sabemos qué pasó, ni cómo ocurrió, sólo sabemos que la única especie existente hoy somos nosotros; las otras terminaron por extinguirse, luego de existir incluso por mucho más tiempo del que nosotros hemos existido hasta ahora. Pero esta historia realmente se inició hace 7 millones de años, cuando el homínido Sahelantropus tchadensis, dio origen a la rama de los chimpancés y bonobos y a la rama de los seres humanos, extintos y actuales.
Iniciamos el recorrido con el Homo erectus, el primero en salir de África, bípedo, capacidad craneal de 850 a 1.100 cc, de 1,5 a 1,8 m de altura, que apareció hace 1,9 millones de años y se extinguió hace 100 mil años, por lo que estuvo en el planeta por 1,8 millones de años, tiempo que nosotros no alcanzaremos. Controló el fuego y trabajó la piedra. Su migración asiática originó a los pequeños hombres de las islas. Debo advertir que el desarrollo de los homínidos no es lineal sino muy ramificado, con muchas especies terminales en su mayoría desaparecidas.
Seguimos con el Homo heidelbergensis, del que se halló una mandíbula inferior en 1907 cerca de Heidelberg. Luego aparecen una cara, un cráneo y una pelvis, para más adelante aparecer más de 5 mil fósiles de 30 individuos, en Europa, Asia y África. Sus restos muestran la existencia de lateralidad cerebral: era diestro. Es el ancestro común de neandertales, denisovanos y del Homo sapiens, con capacidad craneal de 1.350 cc, similar a la de los humanos actuales. De 1,6 a 1,8 m de altura y entre 700 mil y 200 mil años de antigüedad. Emigra a Eurasia y origina dos poblaciones: los neandertales hacia el oeste, Europa, y los denisovanos hacia el este, Asia. El que permaneció en África dio origen al Homo sapiens. El llamado Homo rhodesiensis es muy similar al hombre de Heidelberg, por lo que se discute si son la misma especie, algo que dilucidaría un estudio de ADN.
Cada uno de estos homíninos era humano en el sentido pleno de la palabra. Por su organización, cultura, herramientas, dominio de fuego, lenguaje y, ciertamente, emociones. Los neandertales son los más conocidos, desde el hallazgo de su primer esqueleto en Alemania, valle de Neander, en 1856. Un cráneo extraño, redondeado en los lados, frente baja y arcos superciliares gruesos, que sólo décadas después se lo aceptó como un humano distinto de nosotros. Existieron por 350 mil años, más que el tiempo de nuestra existencia. Se extinguieron hace 30 mil años; los últimos conocidos habitaron una cueva en el Peñón de Gibraltar. Hechos para el frío, menos altos que los sapiens, pero de cuerpos más robustos, miembros cortos, anchos de tronco, narices grandes que calentaban el aire respirado, piel clara, algunos pelirrojos y de ojos claros, cerebro más grande que el nuestro, sin saberse si procesaban más datos sensoriales o tenían mayor memoria espacial.
En la cueva de Shanidar, Irak, se encontraron varios esqueletos completos de neandertales enterrados. Uno tenía un brazo amputado, un ojo ciego y muchas fracturas cicatrizadas, por lo que su supervivencia fue sólo posible por el soporte de sus congéneres. Luego, no sólo usaban el fuego y producían herramientas complejas de piedra, enterraban a sus muertos y cazaban en grupos, sino que cuidaban de sus enfermos. Vivían en comunidades menos numerosas y menos relacionadas entre sí, que las del sapiens, por lo que eran más susceptibles a las limitaciones naturales. Requerían 5 mil calorías diarias para vivir, lo que era una desventaja, en un mundo de limitaciones, ante el sapiens, que subsistía con menos de 3 mil calorías.
Un hallazgo en las cavernas de Denisova, Siberia, Rusia, en 2008, de una falange del dedo meñique de un ser humano, da origen al Homo denisovano, luego de que, en 2010, la secuencia de su ADN descubriera que no era un humano actual, ni un neandertal, sino una especie nueva, trabajo le dio el premio Nobel de medicina 2022, al investigador que lo hizo. En los años siguientes, se consiguen dientes, fragmentos óseos y una mandíbula en un monasterio budista del Tibet. Pero lo más impactante, fue hallar parte de un hueso de una niña de 13 años, cuyo ADN demostró que su padre era denisovano y su madre neandertal, lo que reveló sin dudas el cruce de ambas especies. Las personas del Tibet tienen el gen denisovano EPAS 1, que les permite subsistir por encima de los 4 mil metros. Sin ese gen, los tibetanos actuales tendrían serios problemas cardiovasculares y morirían mucho más jóvenes.
Dos linajes humanos extraños son los hombres pequeños de las islas, generados por una geografía particular en forma accidental, al no poder regresar a sus sitios de partida y vivir aislados. El Homo floresiensis, hallado en la Isla de Flores, Indonesia, en 2003. Un esqueleto casi completo de mujer adulta, 1,5 m de alto, cráneo como una toronja, brazos largos y pies grandes para su tamaño, 60 mil años de antigüedad. Se pensó que era un humano enfermo, pero luego aparecieron una mandíbula, huesos y dientes, que dejaron claro que se trataba de una población entera. Un humano adaptado durante 700 mil años, en una isla aislada, con pocos recursos, pero sin depredadores, lo que reduce su tamaño como forma de sobrevivir.
Enanismo insular es el nombre de este fenómeno, conocido en los animales; de hecho, la isla también tenía elefantes e hipopótamos enanos ya extinguidos. Los floresiensis descendían del Homo erectus asiático, que llegaron a la pequeña isla y quedaron confinados. Cazaban en grupo con armas de piedra. Se extinguieron hace 50 mil años, cuando los sapiens comenzaron a llegar al sudeste asiático. El otro Homo es el luzonensis, de la Isla Cayao, Luzón, Filipinas, hallado en 2019. Dientes y huesos de otra pequeña humanidad, que no era floresiensis, ni sapiens, ni erectus. Miniaturizado, aislado, adaptado y descendiente también del erectus asiático.
Entre los menos conocidos está el Homo naledi, hallado en Sudáfrica, en el sistema de cavernas Rising Star, en 2013, con una antigüedad entre 300 mil y 230 mil años, similar a la del sapiens y el neandertalis. Cientos de esqueletos completos de niños, mujeres y hombres, encontrados en el suelo de una cámara pequeña, oscura, en el fondo de una de las cuevas, depositados en forma ordenada. Cráneo pequeño, como el del chimpancé; hombros anchos como los del gorila, 1,50 m de altura, adaptados para trepar; pero con manos y pies similares sorprendentemente a los de los humanos actuales, y los pies adaptados para caminar largas distancias.
Un último homínino es el Homo longi (dragón), hallado en China en 1933 durante la ocupación japonesa. Fue un cráneo humano pesado, que no parecía de un sapiens actual. Fue escondido por su descubridor durante 85 años en un pozo para protegerlo de los japoneses y en 2018 fue entregado a los científicos. Distinto de todo lo conocido: rostro amplio, ojos grandes y separados, capacidad craneal algo mayor que la nuestra. Es descrito y publicado como Homo longi en la revista científica “The Innovation” en 2021. Los estudios de ADN demostraron que se trataba del Homo denisovano, que ya mencionamos y que sólo en ese momento se pudo establecer sus características morfológicas. El nombre Homo longi pasa a ser la denominación científica oficial para todo el grupo de los denisovanos.

