El regreso de María Corina Machado a Venezuela llena de esperanza a un pueblo que desde hace tiempo se siente traicionado y saqueado. En la multitudinaria caravana que la condujo hasta Caracas quedó en evidencia la algarabía de una ciudadanía que, a pesar del desgaste y el sometimiento continuos, nunca se ha rendido y sigue confiando en la principal figura de la oposición venezolana. Es la misma mujer que enfrentó a Chávez en diversas oportunidades, que fue agredida en la Asamblea Nacional y posteriormente inhabilitada políticamente, pero a quien nada de eso logró amilanar. Por el contrario, siguió adelante a pesar del amedrentamiento, demostrando que tiene los guaramos necesarios para gobernar Venezuela.
Una mente brillante como la de Machado no regresa al país para quedarse de brazos cruzados. La gente admira su trayectoria y reconoce su lucha. Para muchos venezolanos, ha sido la dirigente opositora que ha mantenido mayor coherencia entre su discurso y sus acciones. Su permanencia en Venezuela puede impulsar nuevas batallas cívicas para dejar atrás todo lo que representa el socialismo del siglo XXI y poner fin al modelo político instaurado por Chávez y continuado por Maduro.
La oposición en general debe aprovechar este regreso para unir voluntades, dejar de lado los egos y comenzar a proyectar lo que viene. Los más sensatos saben que una oposición fuerte y unida, en un contexto como el que vive Venezuela, puede convertirse en una fuerza decisiva. Por esa misma razón, no debemos desaprovechar este momento histórico. Es necesario respaldar a María Corina frente a los desafíos que se avecinan, pues sabemos que esta lucha se libra contra sectores dispuestos a hacer lo necesario para mantenerse en el poder y seguir disfrutando de sus privilegios. Desde hace tiempo hemos advertido que no se trata únicamente de una disputa entre dirigentes, sino de una confrontación entre dos modelos de país y dos concepciones del ejercicio del poder.
Con una oposición reunificada, hay que exigir elecciones libres, así como cambios profundos en el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia, para que estas instituciones dejen de estar al servicio de los intereses del chavismo y respondan a los principios de independencia, justicia y bien común. Venezuela necesita un proceso electoral libre, democrático y transparente que permita la participación de todos los sectores políticos y garantice el respeto a la voluntad popular. En ese escenario, María Corina Machado debe tener la oportunidad de inscribir su candidatura y competir en condiciones justas. La guerrera, la libertaria, la dirigente que ha demostrado su disposición a enfrentar un sistema autoritario, merece que se respete el derecho de los venezolanos a elegir libremente a sus gobernantes.
Con María Corina en el país, el panorama político adquiere otra dimensión. Su regreso renueva las expectativas de quienes durante años han esperado un cambio y se niegan a aceptar que Venezuela esté condenada a vivir en la oscuridad. Sin embargo, la esperanza, por sí sola, no basta. Será necesario convertirla en organización, unidad y acción política sostenida.
María Corina ha regresado para librar una nueva batalla. La historia dirá si este momento representa el comienzo del cambio que tantos venezolanos esperan. Lo que está en juego no es solamente el destino de una dirigente política, sino la posibilidad de recuperar la democracia y abrir un futuro distinto para Venezuela.

