La historia política de Venezuela se comprende a través de las fracturas que redefinen la relación entre el poder y su gente. Para entender el verdadero peso político y social del 22 de octubre de 2023, es indispensable confrontarlo con el 23 de enero de 1958. Ambos hitos marcan el quiebre y el desafío a regímenes autoritarios, pero difieren profundamente en su arquitectura: mientras el primero fundó una democracia tutelada desde las cúpulas, el segundo abrió las compuertas a una era protagonizada por la autonomía de la sociedad civil.
Conocemos el 23 de enero de 1958 como la fecha fundacional de nuestra etapa democrática contemporánea. Mucho se ha escrito sobre la gesta cívico-militar en contra de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez y del Pacto de Punto Fijo como el plano de ingeniería sobre el cual se edificó ese periodo. El balance histórico en cuanto a conquistas de libertades públicas, ascenso social y modernización del país es irrefutable. Sin embargo, lo que nació como un mecanismo para dar estabilidad al sistema, con el tiempo se esclerosó.
El fortalecimiento de una estructura de poder fundamentada en el bipartidismo cerrado derivó en lo que con justicia se denominó la “partidocracia”. Con el paso de las décadas de los 60, 70 y 80, las organizaciones políticas dejaron de ser canales fluidos de expresión social y se transformaron en corporaciones exclusivas de poder. Las conductas caudillescas, la corrupción y el progresivo distanciamiento del sentir común terminaron por agotar un modelo democrático que en su momento fue ejemplo para toda Latinoamérica. Aquellas cúpulas terminaron desconectadas de los grandes anhelos de la sociedad, y la etapa posterior del chavismo no fue más que la trágica consecuencia de los errores y la soberbia de esa partidocracia.
Hoy, cuando nos encontramos en las vísperas de reconquistar la República, el ejemplo de la ciudadanía expresada el 22 de octubre de 2023 surge como una referencia indispensable que debe ser asimilada, celebrada y estudiada como el verdadero Día de la Participación Ciudadana.
Ese día se abrió una puerta hacia una mejor democracia. Una democracia donde los partidos políticos, entendidos firmemente como pilares institucionales del sistema, comprendan que la sociedad civil ya no acepta ser vista como una masa de fichas obedientes, militantes ciegos o autómatas disciplinados dispuestos a acatar cualquier línea en función de intereses parciales. A diferencia de las décadas pasadas, la gran mayoría de la población actual no está afiliada a los partidos políticos. Hay una nueva militancia y una ciudadanía independiente que tiene plena conciencia de su rol. Esta corriente no es anti-partidos; por el contrario, exige de los dirigentes una conducta transparente, respetuosa, horizontal y estrictamente comprometida con el interés general.
El contraste es total. En 1958, el pacto lo firmaron tres representantes partidistas; en 2023, el acuerdo para recuperar la democracia lo sellaron y refrendaron con su firma y su huella millones de ciudadanos que desafiaron la censura, las amenazas y el control social para elegir el liderazgo nacional de María Corina Machado.
La trascendencia de este hito no puede quedarse en la efeméride abstracta o en el centralismo de Caracas. Por esta razón, desde las regiones —donde la lucha democrática se vive con un pulso vibrante y propio— asumimos la vanguardia de la memoria histórica. En el estado Monagas, un grupo de ciudadanos dedicados a la política hemos decidido organizarnos y autodenominarnos Movimiento 22 de Octubre, Ciudadanos Libertarios. Es nuestro homenaje permanente a esa gesta civil y nuestra forma de ejercer una contraloría social activa. Nombrar las cosas es reclamar su vigencia, y nosotros mantenemos viva la llama de la participación como el único motor capaz de sostener un sistema democrático pleno.
El 22 de octubre no pertenece al pasado; es la hoja de ruta del futuro. Es el recordatorio de que el poder reside en la gente y no en los escritorios de las cúpulas. Por la transparencia, por la libertad y por el respeto a cada venezolano que se niega a callar:
¡Viva el 22 de Octubre!
¡Viva la ciudadanía!
¡Viva la Democracia!

