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Jorge Castañeda: Algunos mexicanos empeñados en compararnos con el vecino

 

Existe un tradicional reclamo/lamento/desprecio mexicano por algunos rasgos del carácter nacional de Estados Unidos. Desde tiempos inmemoriales, presidentes, académicos, empresarios y columnistas locales se regodean con denuncias y detracciones de la sociedad norteamericana. Los vecinos padecen una infinidad de males sociales: familias disfuncionales, violencia indiscriminada, racismo, consumo desmedido de sustancias ilícitas, más lo que se acumule. Nuestros dos presidentes más recientes han sido especialmente reiterativos e incisivos al respecto. AMLO en funciones y en sus “libros”, Sheinbaum en sus mañaneras, remachan una y otra vez cómo los estadounidenses no prestan atención a la crisis de sus familias, a la drogadicción, a la violencia, a la decadencia de sus hijos, y a los demás flagelos sociales que los agobian. Cuando hace poco intenté rebatir la afirmación presidencial de cuán difícil era tener de vecino a un país que consume drogas, sus bots y tontos útiles me replicaron que obviamente un país de drogadictos constituía un mayor peligro que uno de bebedores de vino.

Por eso ofrezco algunas cifras pertinentes, junto con la breve descripción de una nueva plaga que también azota a los norteamericanos, pero que por alguna extraña razón la 4T no suele mencionar. Se trata de un país de 330 millones de habitantes, el contexto necesario para cualquier reflexión sobre su realidad. En 2025, la tasa de homicidios dolosos por cien mil habitantes —la métrica menos mala para calcular la violencia— fue de 4.1, la más baja desde 1955, cinco veces menos que la nuestra, incluso si le creemos a Sheinbaum, y siete veces menor a nuestro pico histórico moderno. La tasa es ligeramente mayor a la de casi todos los países.

De acuerdo con cifras oficiales, el número de personas que consumió heroína mínimamente en una ocasión a lo largo de un año fue de 581 mil en 2025, es decir el 0.2% de la población. Para el consumo de cocaína, incluyendo el crack, el dato equivalente alcanzó 4.9 millones de personas, 1.7% de la población. Para el fentanilo, el estupefaciente más conocido hoy y que provoca la ira de Trump y Cía., los números son 768 mil personas de consumo de fentanilo fabricado ilícitamente, y 6.5 millones de opioides con receta médica. Ese es el país de drogadictos, según la 4T.

La marihuana es otra historia, ya que 61 millones de estadounidenses consumieron cannabis por lo menos en una ocasión durante el último año, y 136 millones la han probado una vez en su vida, o más. Conviene recordar que el consumo de marihuana es legal en más de la mitad de los estados de la Unión. Para fines comparativos, 174 millones de habitantes, o 60% de los habitantes del país vecino tomaron una bebida alcohólica en 2025. El dato correspondiente para México en el mismo año fue de 42.7 millones, o 46%, excluyendo a los mayores de 65 años. El dato de Estados Unidos los incluye.

Ahora bien, se entiende que Sheinbaum y sus partidarios se resistan a tomar nota de la creciente mexicanización, tropicalización, o bananerización de Estados Unidos, en un aspecto muy particular: la corrupción gubernamental.

Una embajadora en Grecia cobra por encuentros con altos funcionarios, a la Emilio Lozoya. Un magnate ruso le “dispara” una tornaboda al hijo del presidente, a la López Beltrán/Daniel Chávez. Trump mismo se enriquece de manera descomunal con negocios de criptomonedas. La secretaria de Homeland Security paga millones de dólares de propaganda y publicidad de sí misma, a caballo, de uniforme de combate, con paisajes espectaculares. El tema de la corrupción ya ocupa uno de los principales sitios en el ranking de preocupación del electorado para las elecciones de noviembre.

Sería muy gratificante y educativo que Sheinbaum le señalara a la sociedad mexicana los excesos de los hijos de su homólogo, de sus embajadores, de los amigos de sus hijos, de los miembros de su gabinete, del staff de la Casa Blanca, de los candidatos al Senado republicanos como Paxton en Texas, en fin… Por algún motivo, me sorprendería que lo hiciera.