pancarta sol

Humberto González Briceño: MCM: L ↑ + I ≈ 0 + T ↑ = ¿P?

 

El regreso de María Corina Machado a Venezuela el 25 de octubre ha puesto de manifiesto una paradoja que define la actual coyuntura política. La dirigente opositora conserva una extraordinaria capacidad de convocatoria popular, pero carece de los instrumentos institucionales para influir en el proceso de transición. Tiene el respaldo de la gente, pero no participa en las decisiones que determinarán cuándo y bajo cuáles condiciones esa misma gente podrá votar.

Esta contradicción no es menor. En política, la popularidad constituye una fuente de legitimidad, pero no necesariamente de poder. Particularmente cuando las decisiones fundamentales se toman entre Washington y el gobierno interino de Delcy Rodríguez, cuyos intereses parecen coincidir más en la estabilización económica y petrolera que en una inmediata transferencia del poder político.

El plan de tres fases anunciado por Marco Rubio —estabilización, recuperación económica y transición política— funciona en la práctica bajo una lógica de administración compartida. La Casa Blanca establece prioridades estratégicas mientras Rodríguez conserva el aparato estatal, incluyendo los mecanismos jurídicos, administrativos y militares indispensables para ejecutar las decisiones. María Corina, aunque respaldada por importantes sectores de la población, permanece fuera de esa estructura decisoria.

Lo verdaderamente significativo es que el chavismo puede administrar los tiempos de su propia transformación. Las eventuales designaciones de nuevas autoridades del TSJ y del CNE, lejos de garantizar una democratización automática, podrían convertirse en instrumentos para prolongar el proceso mediante concesiones parciales cuidadosamente dosificadas.

Una secuencia electoral que comenzara con comicios municipales en 2027, regionales en 2028, parlamentarios en 2029 y presidenciales en 2030 permitiría al chavismo ganar tiempo, reorganizar sus clientelas y preservar posiciones de poder. No se trata de un calendario oficialmente acordado, sino de una hipótesis compatible con los incentivos del gobierno interino.

La actual coyuntura podría representarse mediante una sencilla ecuación: MCM: L ↑ + I ≈ 0 + T ↑ = ¿P? Donde L representa la elevada legitimidad popular de María Corina Machado; I, su influencia institucional, prácticamente nula; T, el tiempo creciente hasta una eventual elección presidencial; y P, el poder político que aspira a conquistar. La incógnita consiste en determinar si podrá conservar su respaldo popular durante los próximos años o si deberá utilizarlo ahora para modificar una ecuación cuyos tiempos y decisiones controlan otros. La fórmula carece de rigor matemático; es apenas una representación gráfica para ilustrar la paradoja política.

Frente a esta situación, María Corina tiene esencialmente dos opciones.

La primera consiste en utilizar su actual fuerza popular para modificar los términos del arreglo entre Washington y Caracas. Pero esto exigiría algo más que concentraciones multitudinarias. Tendría que transformar ese respaldo en capacidad de presión efectiva, construir alianzas institucionales y convencer a Washington de que excluirla constituye un riesgo mayor que incorporarla.

La segunda opción sería atravesar los próximos tres años, o incluso más, hasta una eventual elección presidencial, procurando conservar intactos su liderazgo, organización y apoyo ciudadano. Una apuesta considerablemente más incierta de lo que parece. La popularidad no es un depósito bancario que acumula intereses mientras su titular espera. Se desgasta, se fragmenta y puede terminar devorada por las expectativas que ella misma genera.

El problema estratégico consiste entonces en determinar cómo pasar del punto A, una legitimidad popular indiscutible, al punto B, una capacidad institucional suficiente para disputar el poder en condiciones reales.

María Corina enfrenta así una decisión fundamental: intentar modificar ahora una ecuación que no controla o apostar a sobrevivir políticamente dentro de ella.

Porque una cosa es tener al pueblo detrás y otra, bastante distinta, conseguir que quienes tienen el poder delante se hagan a un lado.

@humbertotweets