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Humberto González Briceño: ¿A quién beneficia la «manguangua» como capital político?

 

En Venezuela la política ha llegado a un punto en el que un espanto que se mete en las casas a pedir café puede conseguir más atención que un discurso presidencial. El personaje se llama «El Manguanguas» y su protagonista involuntario es Henrique Capriles Radonski, quien ha encontrado en una caricatura digital una inesperada oportunidad para recuperar protagonismo político.

La historia reúne ingredientes genuinamente venezolanos: un dirigente opositor que visita comunidades, entra a las casas y pide café; usuarios de las redes sociales que lo convierten mediante inteligencia artificial en una aparición sobrenatural; y Diosdado Cabello, quien desde su programa *Con el mazo dando* decide amplificar la burla, convencido quizás de que ridiculizar al adversario equivale a destruirlo políticamente.

Pero la comunicación política tiene sus paradojas. La ridiculización puede hacer más visible, familiar e incluso simpático al personaje que pretende desacreditar. No es necesario compartir las posiciones políticas de alguien para divertirse con sus ocurrencias. Y la repetición de su imagen puede erosionar las barreras emocionales que lo separan de determinados sectores sociales.

El chavismo conoce bien estos mecanismos. Buena parte del éxito comunicacional de Hugo Chávez consistió en convertir la política en una conversación doméstica, poblada de refranes, chistes y referencias populares. La familiaridad cultural se transformó en identificación política, desplazando la solemnidad republicana por una relación personal con sus seguidores.

Algo semejante, aunque en escala muy distinta, podría estar ocurriendo con Capriles. El espanto que aparece inesperadamente, pide café y comienza a hablar de elecciones resulta menos amenazante que la imagen del enemigo construida por la propaganda oficialista.

Capriles comprendió la oportunidad y, en lugar de indignarse, decidió apropiarse de la caricatura bautizando sus recorridos como «Operación Manguangua». Una respuesta comunicacional inteligente que neutraliza parcialmente la burla y convierte el ataque en publicidad gratuita.

Sin embargo, sería precipitado concluir que esta notoriedad representa una recuperación de su liderazgo o una transferencia de simpatías desde las bases chavistas. Entre reírse de un político y votar por él existe una distancia considerable. Y entre votar por alguien y conseguir que ese voto se transforme efectivamente en poder, en Venezuela existe una distancia todavía mayor.

Aquí aparece una interrogante que trasciende el entretenimiento: ¿por qué el aparato propagandístico chavista contribuye a posicionar a un dirigente opositor que aparentemente no representa una amenaza inmediata? Quizás porque le resulta conveniente que la oposición vuelva a discutir candidatos y expectativas electorales, desplazando el problema fundamental de las condiciones institucionales para una verdadera alternancia.

Capriles insiste en la participación electoral incluso bajo condiciones cuestionadas. Su eventual posicionamiento hacia 2030 encaja perfectamente en esa estrategia. Pero la experiencia del 28 de julio de 2024 demostró que una mayoría electoral no garantiza la transferencia del poder mientras el chavismo controle los mecanismos institucionales y coercitivos del Estado.

Por supuesto, cuatro años pueden modificar el escenario político, las preferencias ciudadanas y las oportunidades electorales. El propio fenómeno digital podría desaparecer tan rápidamente como surgió. Ninguna popularidad en las redes garantiza una mayoría, mucho menos una victoria reconocida y respetada.

Capriles ha demostrado habilidad para transformar una burla en una oportunidad comunicacional. Reconocerlo no significa compartir su estrategia política ni suscribir otra ilusión electoral.

Porque el verdadero espanto venezolano no es un político que entra a las casas pidiendo café. Es la posibilidad de que, después de tantas experiencias, volvamos a creer que una campaña ingeniosa puede resolver el problema de quién tiene realmente el poder y bajo qué condiciones estaría dispuesto a entregarlo.

@humbertotweets