El autoritarismo, estudiado con profusión por la Escuela de Frankfurt y particularmente, por Teodoro Adorno, en su libro “La Personalidad Autoritaria”, es definido de manera didáctica y rápida por el estimado y admirado Dr. Hugo Callelo, (vivió su exilio, consecuencia de los autoritarismos del Cono Sur, en Caracas). Con gran capacidad docente, dio un concepto preciso: “El autoritarismo es la perversión de la función de autoridad”. Está claro: la función de autoridad, de padres, maestros, médicos, superiores en los trabajos, jefes, entre otros es válida, necesaria y puede, debe ser democrática, si no se “pervierte”. Se pregunta una, ¿cómo se pervierte?: con maltratos, insultos, agresiones, humillaciones, violencia física, descalificación, entre las muchas maneras que ese ejercicio de la autoridad, imprescindible en determinadas circunstancias, puede ser “pervertido”. Desafortunadamente, se transforma para pervertirse y dañar, irremediablemente, a quienes están en nuestro entorno. Deben ser protegidos de quienes han perdido el sentido de lo que implica la autoridad ejercida democráticamente.
La obra de Adorno lleva al comienzo: ¿cómo se forma la personalidad autoritaria? Según el autor, sería producto de la combinación: un padre ausente y la madre, la mujer, queda al mando de la familia. ¿Surgen los hijos autoritarios? Adorno quiso dar respuesta y explicar porque surgió ese líder sanguinario, autoritario y desquiciado en Alemania, país de gente culta, preparada y desarrollada. Más que eso, quiso una explicación sobre cómo fue posible que los alemanes cultos, lo siguieran, en su delirio. Por otra parte, el resto del mundo preparado, con progreso, democrático y civilizado, lo investigó a su vez; inicialmente se culpó a los medios: la incipiente radio, la comunicación con las masas, (arengas públicas), antes que buscar una explicación, mucho más sencilla: habiendo perdido la Primera Guerra, también buena parte del territorio, siendo condenados a pagar impuestos económicos que obligaron al país a situaciones difíciles, la gente le creyó a un psicópata y lo siguió. Es lamentable, pero ocurre con frecuencia, sí lo sabremos por aquí. (Italia, también contribuyó con el fascismo) Los europeos, con prestigio y cultura, nunca creyeron que eso les podía ocurrir. Estaban- así lo creyeron- al margen de esta situación. (¿gracias a su cultura y civilización?) Si esa terrible ideología hubiese surgido en Latino América, quien sabe qué habrían inventado. El humano es el humano, en todas partes del mundo, con valor y bondad, con miseria y odio, lamentablemente. Debemos saberlo y actuar en consecuencia, en cada una de las circunstancias que encontramos sucesos, que parece, no tienen explicación. Fue una de las razones, terminada la Segunda Guerra, para instrumentar el Plan Marshall para rescatar a Europa. Por otra parte, las investigaciones siguieron y se iniciaron las especializadas en comunicación, con énfasis en la búsqueda de una explicación de ese fenómeno. [1]
El humano en oportunidades impredecible, resulta cándido a la hora de la manipulación informativo-comunicacional. Creemos en quienes no son auténticos, ni verificables; desconfiamos de los decentes y éticos. ¿Cómo se hace?
Volvamos al autoritarismo. Siento que he hablado, escrito y discutido sobre esto, muchas veces. Interesa revisar el autoritarismo en la cotidianidad. Mis padres de la primera mitad del siglo pasado, estudiosos, deseosos de avanzar en todos los sentidos. Era pequeña cuando se dio la primera discusión sobre lo que se quería o no hacer. Fue mi padre quien hizo las preguntas. Aceptó que no me gustaban cosas que él consideró importantes: algunos libros, ciertas películas y hasta juegos de mesa.
Posteriormente, viví sucesos que me hicieron comprender: de las peores cuestiones en la vida, “el autoritarismo cotidiano”. [2] Obligar a los demás a qué cumplan con nuestros deseos, objetivos o metas, es insoportable. Lo peor, cuando sin darnos cuenta, entramos en ese círculo pernicioso, y no nos damos cuenta de cuanto queremos que los demás nos “hagan caso”, pretendiendo obligar a que, nos sigan. Insoportable, el “autoritarismo en la política”, hablan contra los dogmas, ¿los religiosos?; no obstante, los “dogmas de los revolucionarios”, de los militantes ciegos, son peores que los religiosos. Los dogmas religiosos, no son de este mundo, pertenecen a otra dimensión. Los de los políticos de izquierda, son el “aquí y ahora”, esperando el futuro. ¿Cuál?
En mi caso, me salvo de la “tentación totalitaria”, no tengo a quien gobernar: vivo sola. Zancudos y mosquitos, molestan por toda mi casa, tampoco ellos me hacen caso. Gasto buen dinero para liquidarlos; apenas logro que me dejen en paz unas cuantas horas.
Mi inolvidable Adolfo Luis, se adelantó hace tiempo a la otra dimensión. Ante él siempre con y por amor, me sometía. Por otra parte, la computadora, no sigue-en oportunidades- mis instrucciones, tampoco el teléfono celular. ¿Tiene vida propia? Reniego de la tecnología: lo siento soy persona autónoma, libre y democrática. no quiero dominar a nadie, pero ni se les ocurra pretender someterme. ¡Privilegio de mis hijos y nietos! A ellos, siempre por amor, me someto. De resto Nuestro amado Dios y la Virgen dueños de mi destino, propósitos y vida, ahora y siempre.
Notas:
[1] ¿Por qué no se centraron en la propaganda? Nunca lo he entendido. Ha costado mucho que los teóricos: politólogos, comunicólogos e investigadores sociales en general se dediquen con seriedad al estudio de la propaganda. ¿También sobre a publicidad?
[2] Me refiero al autoritarismo en la vida familiar, en los colegios, en los trabajos y por supuesto en las religiones y la política.

