Me atrevo hablar de los años dorados e inalcanzable longevidad, no como experto gerontólogo, biomédico, o habilitador de tareas neuro-científicas para la salud, sino como todo un curtido longevo que ha rebasado las ocho décadas de existencia terrenal.
Lo primero que se me ocurre plantear, es: ¿Porque unos sí, y otros no? Porque, en cada región, lugar, o familias, cantidad de mujeres y hombres, pasan a la longevidad. Mientras otros, se quedan en el camino.
Pareciera no haber un plan o reglas preconcebidas, y lo que parece privar, es el controvertido “azar y necesidad existencial”, que se nos cuelga como destino al nacer, y nos acompaña en nuestra ruta vivencial, hasta el final de los días.
Veremos que a lo largo del camino para una larga y deseada existencia entran en juego tantos factores, como cromosomas tremolan en nuestros tuétanos.
Veremos igualmente, que no solo son los rigurosos cuidados de padre y madre, en procura de un saludable y vigoroso crecimiento. O bien, el seguimiento de una vida saludable con una balanceada alimentación. O la esmerada y oportuna atención clínica, medico hospitalaria de la alta calidad. Hay mucho más cosas, que suele imponer el llamado día a día, y sus aleatorias circunstancias, que surgen con sus indescifrables barreras de incertidumbre.
Al parecer, el problema va más allá del propio desarrollo humano y cuidados médicos corporales.
¿O cómo escapar a las patéticas estadísticas rojas de accidentes letales, que sin reparar en rostros, géneros, edades, condición económica y social, aterran a todos los países del mundo? Sin considerar para nada, las buenas costumbres, sueños y aspiraciones, de quienes pasan a engrosar los fatales numeritos.
Es solo una porción, del retador dossier de obstáculos, trabas, frenos, de la empinada y tortuosa travesía, que debemos superar, para aspirar pasar a los siguientes escaños de los años dorados.
Pero ya es imposible, esconder el crecimiento de la longevidad mundial, sobre todo, los últimos 60 u 70 años, quizás mucho más tiempo. Pues ya Oscar Wilde, (1890), la miraba desde otra ingeniosa perspectiva, en su famosa novela “El Retrato de Dorian Gray”.
Apenas sabemos que todo esto está cambiando con el auge avasallante de la Inteligencia Artíticial (AI), para prevenir enfermedades crónicas y retrasar el envejecimiento. Sus aportes masivos e instantáneos de datos médicos, para detectar e identificar con antelación bio-marcadores del envejecimiento, están rompiendo todos los paradigmas que han regido hasta entonces, en materia de salud y longevidad. Es un desarrollado campo, donde por supuesto, Venezuela está ausente, dada la profunda crisis. en que el chavismo la ha sumido en los últimos 27 años.
La longevidad, ha tomado tal importancia, que destacadas universidades como Harvard y Stanford, en EE.UU, han creado especialidades, para enseñar, incluso, como cultivar la amistad y el amor a la familia, temas que poco a poco han ido desapareciendo.
Apologistas cristianos como Clive Staples Lewis, profundiza la polémica, cuando declara: “que nunca eres demasiado viejo para fijarte metas o tener nuevos sueños. La edad es solo un número y la motivación, la curiosidad o las ganas de reinventar no tienen fecha de caducidad”. Apunta.
También el consagrado cantautor hispano, Joan Manuel Serrat, (82), lanzó su oportuno SOS al mundo: “Debemos recuperar la centralidad de la experiencia, y alertar sobre el riesgo de una indolente sociedad sin memoria intergeneracional”.
Aludía Serrat, al aumento de las expectativas de vida que se han dado en los últimos años, en muchos lugares del mundo en el campo de la tercera edad, (Con Japón a la cabeza) donde al mismo tiempo, surgen trabas, irónicamente impuestas, por la misma sociedad.
Por ahora, nos ocuparemos de nuestras propias y controvertidas vivencias, hasta donde nos han traído y hacia donde nos pueden conducir. Y como el famoso tango, cantaremos: “que 80 años no es nada…?
O como la picaresca española nos enseña a reflexionar: “la dicha no está en el oro ni en la opulencia, sino en la brisa que acaricia el rostro, en la risa sincera de un amigo, en el pan compartido con gratitud”.
Ciertamente, alcanzar la longevidad que nos hemos propuesto en llamar “años dorados”, no deja de ser una retadora y desafiante aspiración.
Con Información de CLIC-BBC-Harvard Business Review”- Redes Sociales.
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