El sistema bancario venezolano presenta un severo rezago en su capacidad de intermediación crediticia en comparación con otros países de Latinoamérica, alcanzando una cartera de crédito de apenas 3,4% del PIB, una cifra con una amplia distancia con respecto a la realidad de Chile (75,3%), Panamá (69,5%) o Colombia (46,1%). Agencias de bancos cerradas.
Ecoanalítica: Severo rezago en su capacidad crediticia, frena capacidad de crecimiento de la banca venezolana.
Esta situación responde a la política del Banco Central de Venezuela, cuyo encaje legal, cercano al 73%, es el más alto de la región. Al inmovilizar más de siete de cada diez bolívares captados, la banca pierde el efecto multiplicador del dinero y la liquidez para otorgar créditos, dejando al país con un nivel de financiamiento marginal.
A esta liquidez restringida se suma el encarecimiento por el incumplimiento del encaje. El BCV elevó el recargo por déficit de encaje de 48,8 % a 144 %.
Además, las normas vigentes desde el 15 de septiembre añaden 2 puntos porcentuales si el déficit ocurre entre 3 y 7 veces en 30 días, y 4 si ocurre 4 o más veces en 8 días. Dado que la banca ya tiene poco margen para prestar, esta penalización eleva el costo de operar y presiona las tasas al alza.
Asimismo, el BCV ajustó las tasas de interés activas y pasivas. Al elevar la tasa activa, el crédito se encarece directamente, lo que impone mayor carga financiera a los demandantes y frena la demanda de financiamiento. Sin embargo, esta brecha frente a la región también refleja el potencial de expansión del sector financiero.
La posibilidad de cerrar este rezago y reactivar el crédito como motor del consumo y la inversión productiva dependerá de la implementación reformas estructurales, tales como la adecuación del encaje legal a estándares internacionales, la consolidación de esquemas de tasas sostenibles y la autorización para otorgar créditos directamente con los depósitos en dólares.
Juan Bautista Salas – El Impulso

