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Carlos Cruz: En Carabobo los museos tendrán que esperar

 

El tema de la lucha por el mantenimiento de los museos y monumentos históricos de Carabobo no es ninguna novedad para los ciudadanos de este estado. Cuando realizamos una revisión histórica de las diferentes gestiones gubernamentales de los últimos 40 años, nos damos cuenta de que hemos tenido distintas actitudes en torno a la responsabilidad de los mandatarios regionales sobre esta materia.

En ese sentido, todos sabemos que la última ocasión en que todo el circuito de museos y monumentos históricos del estado recibió un trato digno y ejemplar fue, sin duda alguna, bajo la administración del Dr. Henrique Salas Römer, quien en verdad supo comprender la importancia que tiene para una nación el hecho de que sus inmuebles más antiguos e históricos se encuentren en las mejores condiciones, para que de esa forma el público sepa apreciarlos y pueda conocer más de nuestro glorioso pasado.

Lamentablemente, hoy en día enfrentamos graves problemas. Ya vamos para 10 años en los que no solo se padece el tema económico por el deficiente presupuesto de los últimos ejercicios fiscales destinado al sector cultural, sino que también existe una característica que prácticamente es la marca de fábrica de estos gobernantes: la displicencia.

Y la displicencia es sencillamente la actitud de “desagrado, indiferencia o desprecio” hacia alguien o algo. Es por ello por lo que hoy en día, por más que individualidades e instituciones han solicitado hasta el cansancio la asignación de recursos y la reparación y restauración de museos e inmuebles históricos, la respuesta ha sido nula. Todos nosotros debemos convencernos de que, hasta que Carabobo no pueda tener una forma de gobernar conectada con sus necesidades culturales, seguiremos padeciendo estos tiempos de oscuridad que no solo nos ofrece Corpoelec.

Eso sí, debemos estar todos totalmente claros de que, aún en estas circunstancias, ni los ciudadanos ni las instituciones deben dejar de reclamar por una mejor atención a estos espacios. En el futuro debe quedar evidencia de que en el pasado sí se alertó sobre esta situación y no fue atendida la necesidad.

Sería el colmo que la sociedad del futuro dijese que lo ocurrido con el abandono de los museos fue por culpa de quienes, en vez de reclamar, callaron por conveniencia. No se trata de “tirar piedras” con el lenguaje, sino de expresarlo de manera educada, académica y con argumentos de respaldo para que de esa forma quede asentado, con un lenguaje de altura, los tiempos difíciles que se han vivido.

Como una vez dijo el escritor argentino Julio Cortázar: Nada está perdido si se tiene el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo.