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Amadeus Mozart, la alegría y sus sombras, por Emilio Figueredo

 

Esta vez he querido cambiar el enfoque de estas entregas musicales. En lugar de recorrer distintas facetas de un compositor mediante fragmentos, he preferido compartir obras completas, para que podamos seguir su desarrollo y escucharlas como fueron concebidas.

En el caso de Mozart, cuya música nos ofrece un universo tan amplio, he escogido detenerme en dos conciertos para piano. Su mundo operístico, su música sacra, sus sinfonías y su música de cámara merecerán otras entregas.

Hoy los invito a escuchar los conciertos para piano N° 20 en re menor, K. 466, y  N° 21 en do mayor, K. 467, interpretados por Friedrich Gulda, acompañado por la Filarmónica de Viena bajo la dirección de Claudio Abbado.

Dos miradas a la sensibilidad de Mozart

Son dos maneras de acercarnos a la sensibilidad de Mozart.

En el concierto Nº 20 encontramos tensión, inquietud y momentos de profundo recogimiento. El diálogo entre el piano y la orquesta adquiere una intensidad que nos permite escuchar cuánto conflicto puede contener esta música.

El concierto Nº 21 nos lleva hacia una expresión más luminosa. Su célebre movimiento lento invita a una escucha serena, pero la belleza de la obra se comprende mejor cuando podemos recorrerla de principio a fin.

Piano Concierto N° 20 y 21: Gulda-Abbado.

 

Escucharlos seguidos permite apreciar la amplitud humana de Mozart: La alegría, las sombras, el humor y la vulnerabilidad. Hay músicas a las que volvemos porque siempre encontramos algo nuevo. Para mí, la suya pertenece a ese mundo.

Emilio Figueredo

Emilio Figueredo – Análitica.com