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Álvaro Pino: María Corina Machado le planta cara a la oscuridad

 

Venezuela exige libertad. Buenos días. María Corina desempolvó el hacha de la guerra y Donald Trump, raudo y veloz, llama a Rubio para buscar una pipa de la paz que no consiguen por ninguna parte, ya que nunca han sido pacifistas. Se ven obligados a fumar la bendita pipa y calmar los ánimos que se caldean en un tablero internacional que observa con asombro sus contradicciones. Recientes declaraciones de María Corina Machado en el diario New York Times expusieron los oscuros negocios petroleros con personajes buscados por la justicia europea, como Alejandro Betancourt, un monumento a la corrupción más obscena. A esto se suma el monumental escándalo de los contratos por dos mil millones de dólares que Betancourt recibió para surtir y recuperar la electricidad en el país, fondos que solo se tradujeron en la vil adquisición de plantas y chatarra que ni siquiera lograron encender. A pesar de estas alianzas y componendas con sectores oscuros, el pueblo de Venezuela exige el regreso definitivo de María Corina Machado.

Ella no solo es una figura política, es sentida como la madre amada que cobija, anima positivamente a una nación desguarnecida por veintisiete años de un de facto socialismo del siglo veintiuno que solo fue una fábrica de pobreza y hambre. La líder opositora es la esperanza del renacer nacional, la voz que clama por elecciones presidenciales libres y transparentes y la líder indiscutible que aglutina un respaldo masivo. No solo conquista el amor de su pueblo, sino que goza de la aprobación, el respaldo absoluto, la consideración y el máximo respeto de los principales líderes internacionales, quienes ven en ella una firme e inquebrantable promotora global de la libertad. Mientras el pueblo asume esta ruta, queda el recordatorio de una mesa de negociación en Venezuela que se reúne de vez en cuando y avanza lentamente, cuya resolución final sigue siendo una incógnita.