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Álvaro Pino: La encrucijada venezolana hacia la democracia real

 

La patria no es una estructura inmutable, sino un espacio en constante transformación. Cuando una patria es moldeada por valores cívicos, equidad y sentido de responsabilidad compartida, deja de ser la madrastra del pobre para convertirse en un proyecto colectivo capaz de brindar amparo real, dignidad y desarrollo a toda su población. Esta premisa cobra una relevancia urgente ante la realidad actual de Venezuela, tras 27 años inmersos en un ciclo de gobierno marcado por una visión socialista que ha dejado profundas heridas económicas y sociales en el corazón de la nación.

Nos enfrentamos a un momento de definición histórica. Las elecciones en Estados Unidos podrían tener consecuencias directas para Venezuela. Si pierde Trump, el interinato podría desatenderse del diálogo y de las elecciones. Del mismo modo, si no permiten el regreso de María Corina Machado, la líder, y se pretenden unas elecciones sin ella, las consecuencias serían desastrosas. Volvería la migración masiva y el descontento ante una situación impredecible. El venezolano debe saber que esta es posiblemente la última oportunidad de regresar a un estado de abundancia, justicia y libertad.

La reciente decisión de la OFAC de retirar sanciones a Jorge Rodríguez y la reinstalación de la mesa de negociaciones marcan un cambio crucial. Estos movimientos diplomáticos demuestran que el escenario político está en constante reconfiguración, evidenciando la urgencia de buscar una solución democrática y creíble. El futuro de Venezuela no pasa por la retórica vacía, sino por la apertura a elecciones libres, populares y competitivas con la debida supervisión internacional. Solo a través del voto se podrá iniciar la reconstrucción nacional y devolver a la ciudadanía el derecho a elegir su propio destino.