Cuando le preguntó al médico cirujano William Ramón Barrientos Vicuña (popularmente El Diablito ) si pensaba que su amigo Enrique Márquez se ha propuesto alzarse como una alternativa electoral frente a María Corina Machado, contestó rotundamente «no, no, no lo creo; lo que creo es que está buscando algo así como un pacto democrático, al estilo de la Unidad Popular en Chile. Está trabajando en función de eso. No creo que esté compitiendo por el liderazgo de María Corina».
Desde los años ochenta en la Universidad del Zulia, puede que no haya persona que conozca mejor al ex presidiario del régimen ―y protagonista, recientemente, de una curiosa convocatoria en el Hotel Marriott de la avenida Venezuela en El Rosal― que este médico cirujano. Barrientos fue dirigente estudiantil en su tiempo, como Márquez; ha militado en varios partidos, como Márquez; ha sido diputado en las filas del chavismo al formar parte del MAS, en Zulia y Caracas…, no como Márquez.
Barrientos afirma que es un buen amigo. Que como ser humano nacido en Venezuela tiene legitimidad para aspirar a ser presidente; es más, le protege la Constitución.
―¡Lo protege la Constitución de su país, el país donde nació…!
Le pregunto dónde y en qué circunstancias se conocieron. Me cuenta que se conocieron en el ámbito de LUZ. Barrientos estaba en la política y fue presidente de la Facultad de Medicina y luego presidente de la Federación de Centros Universitarios del Zulia. Y luego: «Jorge Rodríguez me entregó la bandera de la presidencia de la Federación de Centros Universitarios de Venezuela, ¡le correspondía al Zulia! ¿Por qué? Por la densidad territorial, por la demografía estudiantil, en fin, en esa etapa conocí a Luis Enrique Márquez. Era un estudiante impecable en su carrera [Ingeniería Eléctrica]. El grupo se llamaba Parábola; yo no formaba parte de eso pero después sí creamos un movimiento que se llamaba el BUP, Bloque Universitario Progresista».
Cuenta que allí se reunieron todas las iniciativas políticas «habitas y por haber, valga la redundancia, que existían en la Universidad para enfrentar a Acción Democrática y Copei, que eran las fuerzas a derrotar para aquel entonces (…); logramos derrotarlos; luego, Enrique se metió a Causa R junto con Elías Matta. Yo no, porque venía de militar en el PRV, una organización que se planteaba la lucha armada, el concepto de la liberación nacional y el socialismo. Venía bastante formado desde el punto de vista de la teoría marxista-leninista-maoísta».
Lo que enfatiza el cirujano sobre su amigo Márquez es su rendimiento como alumno aventajado; le asombra todavía tal singularidad pues la mayor parte de aquellos estudiantes revolucionarios o críticos ante el establishment, según recuerda, eran malos, malos con M mayúscula. Barrientos habla de aquella época, acaso idílica, en que se vivía la «nueva era» universitaria con dirigentes estudiantiles destacados y Márquez era uno de ellos, sin duda. «Éramos una camada muy buena, la gente nos acompañaba por ser buenos estudiantes y por nuestros discursos. Nunca tuve contratiempos o confrontaciones de ninguna naturaleza con Márquez… Él hablaba poco, era observador e inteligente. Quien te diga otra cosa, te está mintiendo».
Márquez formó parte de Causa R durante varios años, desempeñándose en la dirección nacional. El cirujano, por su parte, se acercó o militó en el MAS y por eso lo encontraremos, ya en la era chavista, como diputado en la Asamblea Legislativa del Zulia ―por el MVR― mientras Márquez se afilia a Un Nuevo Tiempo, a las órdenes de Manuel Rosales. Recuerda Barrientos que durante esa etapa con Rosales como gobernador, EM ni era diputado ni apareció en nada; Mientras tanto, Rosales «se vio complacido con el trabajo que desarrollaba yo como parlamentario local y me pidió que militara en su organización, de modo que me incorporé». Estimó el cirujano que la UNT era un partido «de puertas abiertas, digamos, para la discusión de carácter ideológico y la participación fecunda de cada quien. Renuncié al MAS sin pelear con nadie, todo lo contrario».
Para hacer el cuento corto, además de participar en la UNT como miembro de su dirección nacional, Barrientos pasa a ser diputado nacional por el circuito número 4 de la Gran Caracas; Matta y Márquez hacen lo propio vía lista. Estamos en 2005, cuando el chavismo se apropia de todas las curules de la Asamblea por deserción en masa de la oposición. Ya Matta y Márquez, por Causa R, habían ejercido en la AN.
Es algo confuso el hecho de que Barrientos haya sido diputado efectivamente electo por la UNT, estando en la oposición. Su CV en internet dice que fue presidente del Movimiento al Socialismo en Zulia hasta 2005, cuando pasó a formar parte de UNT y aparece en la lista de candidatos a la Asamblea Nacional por ese partido, por la parroquia Santa Cruz del Zulia, del municipio Colón. La oposición decidió no participar por no existir condiciones apropiadas para unos comicios transparentes pero, aun así, las elecciones se realizaron y el candidato oficialista contrincante de Barrientos ganó el cargo a diputado con 82% de abstención en el municipio Colón. Oh mar, Barrientos hubiera ganado.
El doctor habla algo atropelladamente pues, mientras lo hace, conduce. Valora que Márquez sea un hombre formado en Inglaterra que habla perfectamente el idioma inglés. Lo conoce bien y conoce a su familia; tiene dos hijos, una pareja: ella estudió en la Javeriana la carrera de Medicina; el chico, como él, también se graduó de ingeniero y tiene un buen trabajo. La familia de Enrique viene del Saladillo, una zona emblemática de Maracaibo. «Márquez viene de una generación de la que formamos parte; no fuimos improvisados, nos hicimos calle a calle, con textos en la mano, estudiando siempre. Él tendrá sus razones para hablar como lo hace, no lo crítico. Creo que cada hombre se enfrenta a una combinación de tiempos y lugares; él tiene su tiempo, quiere su lugar, anda sobre una circunstancia… Él decide sobre él».
Lleva razón el doctor Barrientos: que cada quien decide sobre su propio destino. Y que no pierdas la memoria. La gente que pierde la memoria puede que encuentre las llaves de su casa, pero que, entonces, no se acuerda para qué demonios sirve una llave. Uno no sabe, a estas alturas, si Enrique Márquez, el joven que observaba primero y hablaba después en LUZ ―y los demás le hacían caso porque hablaban con propiedad y certeza―, se acuerde hoy de las elecciones del 28-J a las que se presentó con la tarjeta de Centrados por la Gente. ¿Recordará acaso su porcentaje de votos frente al de MCM-González Urrutia? Rondó 0,02 o algo semejante. Por cierto, un testigo cercano a la relación entre Centrados y Márquez pone aquel episodio de esta manera: «Puede decirse que la relación entre Enrique Márquez y Centrados se redujo a la candidatura presidencial de 2024 ya que fue en ese año cuando todo el partido decidió apuntalar su candidatura». O sea, si te he visto, ni me acuerdo.
Visto en la perspectiva del tiempo transcurrido, no parece ser Márquez un dechado de fidelidad respecto de sus compañeros de viaje político.
Aquel exiguo porcentaje de votos logrado en 2024 recuerda el empeño inútil de tantos candidatos del montón que han hecho su aporte folklórico a los comicios de la era democrática y después también. Tal vez es el deseo de lograr un escalón más en el currículum: Excandidato Presidencial, así, con mayúsculas. Por ejemplo, hubo un candidato del partido NOR (Nuevo Orden) en las elecciones presidenciales de 1988 a quien entrevisté entonces para la revista Viernes. ¿Quién se acuerda de él, quién se acuerda de ese partido? Su candidato, del que no retengo el nombre, bordeaba el neofascismo o nadaba en él directamente. Lo entrevisté en una oficina desvencijada, perdida en alguna calle de Petare. Incluso ese partido había recibido dinero del CNE para su campaña. Tenía derecho a ello, por ley. Quién sabe si mañana se recordará a Márquez no por su apellido sino por su empeño en no acordarse del nombre completo de María Corina Machado. Sí se acordó de la necesidad de renovar los consejos comunales, aquel invento chavista de dudosa utilidad popular. «Eso va primero, ¿para cuándo lo vamos a dejar?», preguntó en ese escenario cinco estrellas de El Rosal, el Hotel Marriott.
Hay cosas en torno a Márquez que no parecen tener una explicación plausible. Alguien que estuvo cerca de su primera detención en agosto de 2024 recuerda que, al salir, luego de cuatro o cinco horas detenido ―o secuestrado― junto a su mujer, se mostró enfurecido con los compañeros que habían hecho la denuncia:
«Cuando lo liberaron, que ni se sabe con exactitud a dónde lo llevaron… ni supimos nunca exactamente qué fue lo que le dijeron. No reveló nada de lo que sucedió allí. Bueno, pues cuando lo liberaron, ¡solamente se molestó porque habíamos hecho la denuncia pública! ¿Y por qué? ¿Por qué se iba a molestar por la denuncia pública?»
Hasta el día de hoy no lo entiende. Hay otros puntos ciegos sobre Márquez, como por ejemplo su aparición en el Congreso de los EEUU el 24/02/2026 en Washington, llamado por el propio Donald Trump como ejemplo de la democratización de Venezuela tras su tutela personal. Hacía más de un mes que había sido liberado tras un año de encierro. ¿Ha podido ser Timoteo Zambrano, ese exadeco reconvertido en alacrán que ha sido premiado con la embajada madrileña, el artífice de tan significativa aparición? No se pierda el próximo capítulo.

