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Román Ibarra: Democracia o dictadura

 

Por fortuna para la humanidad, aunque no siempre se respete, tenemos desde la mitad del siglo XVIII, El Espíritu de Las Leyes, obra del Barón de Montesquieu, cuya idea principal habla de la necesidad de la separación de los poderes del Estado, para evitar; impedir la tiranía, y proteger la libertad. En la tríada de los poderes del Estado –grosso modo- el poder legislativo crea; modifica, o deroga las leyes. El poder ejecutivo, aplica las leyes y administra el gobierno, y el poder judicial, interpreta las leyes, y juzga de forma independiente.

A pesar de ello, la tentación de violentar esos principios ha sido recurrente en el pensamiento y la conducta de los autoritarios, y dictadores, sin importar si su poder deviene  de la voluntad democrática de los ciudadanos. Es así como la humanidad ha tenido la desgracia de padecer dictaduras feroces, y también gobiernos que a pesar de su legitimidad de origen, se deslizan hacia el autoritarismo, y las dictaduras. En nuestro caso reciente, Chávez y Maduro.

A propósito de ello, el caso del Presidente Trump es elocuente. Indulta narcotraficantes a su antojo, si le son útiles; influye en decisiones arbitrales del futbol para favorecer a su equipo; insulta a jueces; agrede a su Santidad el Papa; cambia nombres de lagos; estrechos marítimos, según el antojo con el que se levante, y por si fuera poco, impone ¨acuerdos¨ petroleros con presuntos delincuentes como Alejandro Betancourt (el Bolichico), a pesar de que este tenga investigaciones judiciales en diversos lugares del mundo por lavado, y en el caso particular de Venezuela por ser artífice del cobro de inmensas cantidades de dólares para obras que nunca se llevaron a cabo. Denunciado por sus tropelías en el pasado reciente, precisamente por quienes hoy todavía en el gobierno olvidan convenientemente.

Lo hace con un gobierno interino, sin legitimidad para comprometer bienes de la República, y se inventa el ardid de que eso se ha firmado con empresas privadas, pero se reserva un alto porcentaje del negocio para una entidad militar como el Pentágono. Fin de mundo!

Mientras tanto, el proceso de reinstitucionalización de Venezuela, según el diseño de las tres etapas impuesto por ellos, no termina de aterrizar. Todavía seguimos sin que haya un CNE independiente; tampoco tenemos un Tribunal Supremo de Justicia, y mucho menos un cronograma electoral con fecha cierta para darle legitimidad a un gobierno que dirija la nación.

No es posible que en medio de ese caos, se lleve a cabo un negocio ilegítimo; contrario a la ética, sin haber resuelto problemas que destruyen la calidad de vida de los venezolanos. No hay luz; agua; salud; transporte; salarios y pensiones dignas para trabajadores; pensionados y jubilados, y además seguimos teniendo más de 400 presos políticos, cuyos DDHH siguen siendo violados por el gobierno interino, a pesar de que se prometió su liberación.

Todos estamos de acuerdo en que el país necesita millonarias inversiones para la recuperación de la industria petrolera destruida, precisamente por Chávez; Maduro, y la complicidad de quienes hoy siguen gobernando el país; pero no puede hacerse sin haber resuelto problemas estructurales como los servicios, y la  devolución de la legitimidad mediante el ejercicio libre del voto. Ese argumento pueril, según el cual, no estamos listos, es un error. Todo este drama que hoy vivimos es producto del robo de las elecciones del 28 de julio de 2024, en las que se demostró el inmenso fraude perpetrado por un dictador como Maduro y los organismos a su servicio.

Tal como aseguró María Corina Machado, el país necesita inversiones y buenos negocios, pero no con cualquiera. Venezuela quiere ser un socio fiable, y consecuente con el hemisferio y la democracia mundial, pero necesita que el fundamento de ello sea la legitimidad, y la verdad.

Al parecer seguirán adelante sin importar los daños que puedan causar, pero nada es eterno en la vida. Un futuro gobierno derivado de la soberanía del voto, perfectamente legítimo, tendrá la obligación de corregir ese entuerto, y evitar un perjuicio a la nación. Más temprano que tarde llegará el momento de convocar elecciones y será la ciudadanía quien marque el rumbo de nuestro destino, y no el capricho de nadie.

Venezuela es noble, y quiere resolver sus problemas en paz; en democracia, pero está claro que hay prioridades, y están marcadas por el largo padecimiento de una población inocente, y cansada de promesas incumplidas. Es un insulto decir que en nuestro país ahora la gente está feliz y bailando en las calles. También rompe el alma ver como el racismo gubernamental ordena perseguir en EEUU, a quienes se vieron forzados a huir por necesidades políticas y socioeconómicas, con la humillación de la cárcel, y la deportación forzosa; metiendo en el mismo saco a gente decente; trabajadora; que paga religiosamente taxes, con delincuentes e inadaptados. ¨Ni lavan, ni prestan la batea; dice el refrán popular¨.

Ojalá no haya un nuevo  alarde de oportunismo pragmático, y nos intenten devolver a Maduro libre de toda culpa.

Lo hemos dicho antes y ahora lo reiteramos. Venezuela está agradecida por el 3 de enero, pero no está en venta. Democracia y libertad.

@romanibarra

 

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