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Rafael García Marvez: Entre la frustración y la esperanza

 

No es tarea fácil la que hemos tenido que sobrellevar los venezolanos en estos veintisiete años de ese gobierno de perversidad conocido como “socialismo del siglo XXI” impulsado por Hugo Chávez y prolongado bajo el gobierno de Nicolás Maduro: “democracia participativa y protagónica, consejos comunales, retórica antimperialista”, léase en contra de los Estados Unidos. Todo este conjunto de retórica comunista sumado a una corrupción de récord internacional y de masiva emigración de compatriotas, dieron al traste con el bienestar económico que con sus altos y sus bajos se vivió durante los cuarenta años de democracia. Sin embargo, con todos los errores y traiciones de los desleales que se vendieron en el mercado del régimen a precios astronómicos, debemos reconocer que la mayoría de sus adversarios siempre y hasta el día de hoy se mantienen consecuentes con la causa democrática. Sería una mezquindad desconocer que la mayoría de los venezolanos no ha cesado, ni cesará tampoco, en el empeño por rescatar la democracia, la libertad que es el don más preciado sin ninguna duda, si me disculpan el lugar común.

Dejando atrás esa negra historia y adentrándonos en los grises de estos nuevos tiempos que tienen como fecha de partida el tres de enero de 2026, vivir entre la frustración y la esperanza es una de las experiencias humanas más desafiantes, muy amarga de tragar. La incertidumbre, el no saber a ciencia cierta cuándo va a suceder o no un determinado hecho constituye el reconocimiento de que el futuro no está garantizado. Lo más conveniente entonces sería aprender en estos tiempos de inestabilidad a combatir la parálisis, la ansiedad, para responder ante lo impredecible de que no existen tantos caminos por delante como para darnos el lujo de estar eligiendo el tiempo de la concepción. Esta dualidad, frustración y esperanza, suele aparecer cuando las cosas no salen como la deseamos, pero es preciso mantener la ambición profunda de que el futuro mejore de manera significativa. Mientras la frustración nos ancla al peso de las expectativas no cumplidas, la esperanza actúa como el motor que nos impulsa seguir adelante, hasta el final, como acostumbra decir la lideresa María Corina Machado. Tengamos presente que la paciencia y la perseverancia son fundamentales cuando los procesos toman más tiempo del planeado,

Por otra parte, no echemos a un lado que ha habido y sigue habiendo críticas, observaciones y sugerencias —las cuales han sido atendidas por los miembros del sector que representa al opositor— a pesar de la disconformidad que existe entre unos y otros. Aunque en otro sentido, el motivo trascendental de esta nota radica en destacar, en resaltar, que en un orden de prioridades debemos evitar que lo urgente desplace lo que consideramos que es lo más importante.

En estos tiempos de incertidumbres y de titubeos para todos los venezolanos, después del 3 de enero de este año 2026 y una vez extraídos del país Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, muchos o casi todos pensamos que esto significaba el final de 27 años del “gobierno socialista”. Sobre todo, pensamos que en un tiempo relativamente corto iríamos a elecciones y que los venezolanos en votaciones democráticas, de manera libérrima, escogeríamos al nuevo presidente y posteriormente todo lo que tuviera que ver con las gobernaciones, alcaldías, diputados a la Asamblea Nacional y consejos legislativos… No obstante, tal cosa no ocurrió, ni se percibe que pueda ocurrir en un tiempo menor a un año y hay quienes hablan hasta de dos años para que ese acto electoral se lleve a cabo. En conclusión, debemos insistir hasta el hastío se apruebe la realización de las elecciones presidenciales. Nada más importante.

garciamarvez@gmail.com

 

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