¿Esta vez será diferente?
Hay países que pasan años intentando encontrar el recurso capaz de transformar su economía. Venezuela tiene uno bajo sus pies desde hace más de un siglo.
El problema nunca ha sido solamente tener petróleo.
El problema ha sido qué hacemos con él.
Este 29 de septiembre, GeoPark anunció un plan de inversión cercano a los 7.000 millones de dólares para desarrollar el campo Bare, en la Faja Petrolífera del Orinoco. Semanas antes, Chevron había anunciado otro plan por aproximadamente 7.000 millones de dólares para ampliar sus operaciones venezolanas durante los próximos cinco años.
En pocas semanas hemos conocido alrededor de 14.000 millones de dólares en inversiones proyectadas vinculadas con el petróleo venezolano.
Las cifras llaman la atención.
Pero detrás de ellas está ocurriendo algo todavía más importante: Venezuela comienza nuevamente a tener valor estratégico para el capital energético internacional.
La pregunta es qué haremos con esa oportunidad.
El mundo vuelve a necesitar mirar hacia Venezuela
La energía nunca ha sido simplemente una mercancía.
Es poder económico, seguridad nacional y geopolítica.
Las grandes potencias buscan garantizar acceso a recursos energéticos suficientes, diversificar proveedores y reducir vulnerabilidades frente a conflictos internacionales.
En ese tablero, Venezuela posee una ventaja difícil de ignorar: las mayores reservas probadas de petróleo del planeta y una ubicación geográfica privilegiada frente al Caribe y relativamente cercana al mercado estadounidense.
Durante años, buena parte de ese potencial permaneció limitado por el deterioro de la industria, la falta de inversión, las sanciones y un entorno de elevado riesgo.
Ahora algunas de esas variables comienzan a moverse.
La producción venezolana ronda actualmente los 1,25 millones de barriles diarios. Sigue estando muy lejos de los más de tres millones que llegó a producir el país décadas atrás, pero el interés de empresas internacionales demuestra que existe capital dispuesto a apostar por recuperar parte de esa capacidad.
Y cuando el capital empieza a regresar, conviene preguntarse qué está viendo.
El petróleo venezolano vuelve a ser geopolítica
Venezuela pasó buena parte de los últimos años profundizando relaciones económicas y energéticas con China, Rusia y otros actores alejados de la esfera tradicional estadounidense.
Era una consecuencia lógica de las circunstancias geopolíticas.
Sin embargo, el escenario energético está cambiando.
La expansión de las operaciones de compañías occidentales y el renovado interés internacional por los campos venezolanos colocan nuevamente al país en una posición particular: Venezuela puede convertirse en un punto de encuentro —y también de competencia— entre distintos intereses económicos globales.
Esto puede representar una ventaja si el país consigue utilizar su posición estratégicamente.
Una economía pequeña frente a las grandes potencias tiene poco margen para imponer las reglas del sistema internacional. Pero un país con recursos energéticos extraordinarios posee algo que esas potencias necesitan.
La clave consiste en transformar esa necesidad externa en desarrollo interno.
Nuestro mayor riesgo no es que el petróleo fracase
Paradójicamente, uno de los riesgos económicos de Venezuela es que el petróleo vuelva a tener éxito.
Si aumenta la producción, ingresan más divisas y llegan nuevas inversiones, aparecerá nuevamente la tentación de pensar que la recuperación petrolera puede sustituir las transformaciones que necesita el resto de la economía.
Ya conocemos las consecuencias de esa lógica.
Durante décadas construimos una relación en la que la fortaleza del Estado, el consumo, las importaciones y buena parte de la actividad económica dependían excesivamente de lo que ocurriera con un barril de petróleo.
Cuando el precio subía, parecía que los problemas estructurales podían esperar.
Cuando el ciclo cambiaba, descubríamos que nunca habían desaparecido.
Por eso esta vez deberíamos observar el regreso del capital petrolero de una manera diferente.
No como el destino de la economía venezolana.
Sino como el combustible para reconstruirla.
Convertir petróleo en algo más que dólares
La gran transformación ocurrirá si cada dólar adicional generado por el sector energético ayuda a crear condiciones para que otros sectores puedan desarrollarse.
Venezuela necesita empresas capaces de invertir, acceso al crédito, infraestructura, tecnología, formación de capital humano y estabilidad suficiente para que un empresario pueda pensar en años y no solamente en semanas.
Necesita además una moneda que recupere funciones que progresivamente fueron asumidas por otras divisas.
Nada de eso ocurre automáticamente porque aumente la producción petrolera.
Un barril puede generar dólares.
No puede crear instituciones.
Puede financiar infraestructura.
No puede producir confianza por decreto.
Puede atraer inversionistas internacionales.
No garantiza que aparezcan miles de nuevas empresas venezolanas.
Esa diferencia será determinante.
Una nueva oportunidad en un mundo diferente
También debemos entender que Venezuela intenta recuperar su industria en un mundo distinto al de las grandes bonanzas petroleras del pasado.
La transición energética continúa avanzando, las grandes economías diversifican sus fuentes de energía y la competencia geopolítica por recursos estratégicos se ha intensificado.
Eso significa que nuestra ventana de oportunidad no necesariamente será eterna.
Las reservas debajo del suelo representan riqueza potencial. Solo adquieren verdadero valor económico cuando pueden transformarse eficientemente en producción, inversión y desarrollo.
Por eso los anuncios recientes deberían ser interpretados como una señal importante, pero no como una victoria anticipada.
Venezuela vuelve a despertar interés.
El petróleo vuelve a colocarla sobre el mapa de inversionistas y compañías internacionales.
Ahora corresponde responder una pregunta que nos ha acompañado durante generaciones:
¿podremos finalmente convertir nuestra riqueza petrolera en una economía que no dependa exclusivamente de ella?
Quizás allí se encuentre la verdadera oportunidad de este nuevo ciclo.
No simplemente volver a ser una potencia petrolera.
Sino aprovechar el petróleo para construir un país que algún día pueda prosperar incluso cuando el mundo deje de mirarlo por sus barriles.
Trader retail – Analista de mercados – Fundador de GrizzlyTraders

