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La guerra contra Irán le pasa la factura a Donald Trump y le complica las elecciones de medio mandato.

 

Un informe del Congreso calcula que el gasto hasta agosto ha rondado los 40.000 millones de dólares, mientras el inspector general del Pentágono reconoce escasez en los arsenales de munición. Un cartel que representa al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en una plaza de Teherán.

El coste de la guerra contra Irán complica las perspectivas de Trump antes de las elecciones de medio mandato.

El coste de la guerra de Estados Unidos contra Irán se dispara y complica las perspectivas de Donald Trump, a siete semanas de las elecciones de medio mandato de noviembre. Ya ha invertido cerca de 40.000 millones de dólares (34.800 millones de euros), según los datos del Congreso. El uso acelerado de munición clave está vaciando los arsenales del Pentágono de proyectiles clave, especialmente de interceptores antimisiles. Las consecuencias afectarán a la inflación en el país hasta bien entrado el año próximo, según el informe del Congreso.

El presidente estadounidense, Donald Trump, insiste, contra toda evidencia, en que su gran objetivo en el conflicto, abrir el estrecho de Ormuz, se ha logrado, que la guerra está ganada y que acabará una vez se hayan celebrado las elecciones de medio mandato, donde está en juego el control de las dos cámaras del Congreso estadounidense. Pero la guerra no solo no tiene visos de acabar pronto. Todo lo contrario. En los últimos intercambios de ataques Irán ha mostrado una mayor precisión e intensidad, quizá ayudado, según un análisis de la cadena CNN, por satélites rusos. Sus aliados hutíes en Yemen amenazan con cerrar un segundo cuello de botella clave para el transporte de petróleo, el estrecho de Bab el Mandeb, la llave de acceso al mar Rojo.

El informe de la Oficina de Presupuestos del Congreso estadounidense (CBO, por sus siglas en inglés) dibuja un panorama igualmente preocupante para la Casa Blanca sobre esta guerra que Estados Unidos e Israel lanzaron el 28 de febrero con el argumento de forzar un cambio de régimen e impedir que Teherán se hiciera con armas nucleares. El coste directo para Estados Unidos superó los 38.100 millones de dólares el 1 de agosto, según sus cálculos. Y cada mes que dure el conflicto desde entonces sumará entre 2.000 y 3.000 millones más, una cifra que puede aumentar en épocas de combates intensos. El Pentágono pidió la pasada primavera un presupuesto extraordinario de 90.000 millones de dólares, pendiente aún de aprobación en el Congreso y de los que unos 70.000 se destinarían a los gastos de la guerra, entre otras partidas.

Más de la mitad del coste de la guerra hasta el momento, unos 21.700 millones, se ha destinado a reponer munición, incluidos 13.100 millones de dólares en interceptores, según los cálculos de la Oficina del Congreso. La CBO calcula que las fuerzas estadounidenses han agotado entre la mitad y dos tercios de sus arsenales de estos costosos proyectiles, incluidos Patriots, THAAD, Standard Missile 3 y Standard Missile 6, desde junio de 2025.

Se trata de una situación alarmante en caso de que estallara un nuevo conflicto en algún otro punto del planeta —entre China y Taiwán, por ejemplo—, en especial dados los largos plazos de fabricación de ese armamento. Recuperar las reservas previas a junio de 2025 puede llevar cinco años o más. Cada interceptor Patriot cuesta cuatro millones de dólares. Su fabricante, Lockheed Martin, produjo 620 unidades en 2025 y aspira a acelerar la fabricación para llegar a 2.000 anuales.

Ajuste en la estrategia iraní

Irán es muy consciente de ese punto débil estadounidense, y parece haber ajustado su estrategia en consecuencia. Sus últimos ataques han empleado un alto número de proyectiles, para obligar a Estados Unidos a utilizar más interceptores de los que desearía para repelerlos. Solo la semana pasada, en el último gran intercambio de ataques entre los dos enemigos, Teherán disparó más de una veintena de misiles contra bases estadounidenses en Jordania. Algunos dieron en el blanco en la base aérea Muwaffaq Salti, pero la mayor parte fueron neutralizados. Para conseguirlo, las fuerzas de Washington tuvieron que lanzar decenas de interceptores. Según el periódico Wall Street Journal, una docena de THAAD y entre sesenta y setenta Patriots. En pocas horas, Estados Unidos consumió la quinta parte del total que el presidente Volodímir Zelenski considera necesario para defender a su país durante el invierno, unos 300 Patriots.

En un informe paralelo al de la CBO, el inspector general del Pentágono ha publicado su primera valoración sobre la guerra, entregada el lunes al Congreso. En ella confirma que los combates han generado escasez en los inventarios estratégicos de armas y revelado cuellos de botella en la base industrial para el reabastecimiento de munición. El documento insta al Departamento de Defensa a acelerar y simplificar los procesos de adquisición y los tiempos de producción, así como almacenar materiales críticos, componentes y municiones clave para responder rápidamente a una contingencia.

El análisis del inspector general también advierte de que los ataques iraníes han dañado o destruido cientos de edificios y de instalaciones en bases estadounidenses en Kuwait, Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Irak, Omán y Jordania. Docenas de aviones han quedado averiados o destrozados en esos golpes.

Tanto Trump como el secretario de Defensa, Pete Hegseth, han negado la escasez de municiones en los arsenales. Si hace dos semanas el presidente estadounidense aseguraba en sus redes sociales que Estados Unidos tiene una cantidad prácticamente ilimitada de proyectiles, el lunes recurría a la misma vía para sostener que se están fabricando y entregando más misiles que nunca. Un foco principal de esta producción son los Patriots, THAAD, Tomahawks y otros sistemas de misiles estándar, de los que ya tenemos grandes cantidades en almacenaje.

En su informe de esta semana, la CBO precisa que sus datos sobre los costes pueden no ser exactos porque el Pentágono no ha respondido a sus peticiones de información, lo que le ha limitado a utilizar bases de datos del Gobierno e informaciones del dominio público. También advierte que ese mismo silencio del Departamento de Defensa le ha impedido cuantificar el coste de los daños en las bases militares en Oriente Próximo.

Mientras tanto, esos costes se filtran en la vida diaria de los estadounidenses, ponen a la Casa Blanca a la defensiva y aumentan el descontento de los votantes, que ven dispararse los precios de la gasolina y, con ello, del resto de las facturas. El análisis del Congreso prevé que el conflicto sume medio punto porcentual a la inflación en el primer trimestre de 2027, debido a los altos precios de los hidrocarburos a causa del cierre del estrecho de Ormuz al que puede sumarse el del mar Rojo. También calcula que la crisis ha contribuido a la subida en el precio del dinero. Según la CBO, los efectos de la guerra han contribuido dos décimas de punto a la subida de los tipos de interés a corto plazo, comparados con las expectativas previas a la entrada en combate.

Trump, deseoso de poner fin a un conflicto profundamente impopular y que amenaza con poner en jaque su control del Congreso en noviembre, insiste mientras tanto en que la situación en el golfo Pérsico no tiene nada que ver con la escalada en los precios del crudo y sus derivados. A lo largo de toda esta semana ha culpado, en cambio, a Ucrania y sus ataques contra las refinerías rusas: la subida de los precios mundiales del diésel está principalmente causada por la guerra Rusia-Ucrania, no Irán, aseguraba el lunes 14-9-2026.

Macarena Vidal Liy – El País de España

 

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