Unos limpios como nosotros, como tú y yo, querido lector, jamás conoceremos Mar a Lago. Son 8 hectáreas, ubicadas en la cálida Palm Beach, Florida, con un complejo turístico, estilo arquitectónico español, de 126 habitaciones. Construido entre 1924 y 1927, por la chica de éxito Marjorie Merriweather Post, quien lo concibió como un lugar de lujo extremo, destino de descanso invernal para los presidentes de Estados Unidos y otros dignatarios extranjeros. En 1985 fue comprada por Donald Trump. El soleado y opulento retiro floridano de Mar a Lago, es hoy el epicentro de un modelo corporativo-estatal donde la justicia, la verdad y el orden legal son simples fichas de cambio negociables. Kugmann, Premio Nóbel de Economía, lo ha caracterizado como “capitalismo de amigotes” o “de compadres”.
Como lo ha señalado, Gustavo Coronel, la oligarquía que orbita alrededor de esta lujosa propiedad, ha emprendido un asalto metódico contra el orden jurídico de los Estados Unidos y del mundo. La degradación institucional, con una orientación claramente egocéntrica, en el estilo del “culto a la personalidad” de los más crueles dictadores de todos los tiempos, arrancó con la condonación y justificación ideológica de aquellos desquiciados supremacistas violentos que tomaron al asalto el Capitolio en enero de 2021, y siguió con una larga lista de desaguisados, de los cuales solo mencionaré algunos: Desestimó la orden de la Corte Suprema de cancelar TikTok y la mantiene viva de manera ilegal. Cambió el nombre de Golfo de México, usado por centurias, a Golfo de América, hostilizando innecesariamente a su país vecino. Congeló todos los proyectos de energía renovable en tierras federales. Sacó a Estados Unidos del Acuerdo de París sobre Cambio Climático y de la Organización Mundial de la Salud. Condicionó ayuda al estado de California por los incendios a cambios en las regulaciones electorales y ambientales que no le agradan, un vulgar chantaje. Perdonó al corrupto exgobernador de Illinois, Rod Blagojevich. Dejó libre al ladrón que se confesó culpable, Stephen Bannon, quien se robó el dinero recolectado para la pared de la frontera. Ordenó suspender los cargos contra el corrupto alcalde de Nueva York, Eric Adams, a fin de reclutarlo para su Tren. Está amenazando con eliminar el Departamento de Educación y creando un nuevo lenguaje oficial. Amenazó con retomar el control del Canal de Panamá, mintiendo al decir que estaba bajo administración china. Insiste en comprar Groenlandia, como si ello fuese un objeto a la venta en Wal-Mart, enviando a un hijo a repartir sombreritos de propaganda de MAGA entre los habitantes del territorio. Fundó dos casas de criptomonedas, una de él y otra de Melania, para explotar su condición presidencial, un flagrante conflicto de interés. Eliminó la protección federal para el Dr. Fauci, quien se había atrevido a discrepar de sus locas ideas sobre COVID durante la pandemia, así como a otros funcionarios que lo habían adversado, tal como el general Miley, del Pentágono, quien se opuso a la politización del Ejército.
La lista sigue y es casi interminable: Eliminó a alrededor de 300.000-600.000 venezolanos la protección que tenían contra la deportación hasta 2026, lo que acabó con miles de sueños de gentes que arriesgaron sus vidas para llegar a Estados Unidos, huyendo del dictador venezolano. Ordenó una purga del FBI para eliminar a quienes lo habían investigado. Eliminó el Acta contra Corrupción Extranjera, permitiendo que las empresas estadounidenses den sobornos para obtener contratos (para hacerlas más “competitivas”). Estableció tarifas a México y Canadá, luego reculó, pero sigue en su intento, propiciando una alza dramática de precios al consumidor. Estableció tarifas a China, creando las condiciones para una guerra comercial entre los dos países. Dijo que Canadá debía ser parte de Estados Unidos, insultando gratuitamente a los canadienses, quienes se sienten superiores al rústico Trump. Propuso que Estados Unidos tomara control total de Gaza para convertirla en una nueva “Riviera”, una medida despiadada que fue rechazada por sus mismos aliados árabes. INtrodujo proyecto de ley para permitirle a Trump ser elegido por tercera vez. Propuso colocar a Trump en el Monte Rushmore, junto a los otros grandes próceres. Congeló las investigaciones por corrupción que pesaban sobre figuras clave del régimen venezolano, entre ellas Delcy Rodríguez. Se me quedaron muchas cosas por mencionar, pero es que no hay espacio. Ni hablar de los asesinatos en nuestras costas y dentro del territorio.
Esta manera de gestionar la cosa pública engarza a la perfección con el concepto de “capitalismo de compadres” (crony capitalism) descrito por el Premio Nobel de Economía Paul Krugman. Se trata de un ecosistema en el que la prosperidad de una empresa no depende de la libre competencia, la innovación o el mérito en el mercado, sino de los favores, exenciones e inmunidades otorgadas por la arbitrariedad del gobernante de turno. Esta lógica mercantilista guarda una familiaridad pasmosa, con la forma malandra y desenfadada de hacer política que ha caracterizado al chavismo real. Ambas facciones, la milmillonaria de Palm Beach y la milmillonaria “revolucionaria-pragmática” de Miraflores, comparten la concepción del Estado como una corporación mafiosa destinada a la extracción de rentas y el reparto de botines entre allegados. La “familiaridad malandra” entre la élite bolivariana y el modelo de Mar a Lago radica en las mismas premisas: monopolización del favor político, impunidad estructurada con el control sobre el Poder Judicial, extracción de renta, sin intención de crear cadenas de valor a largo plazo, sino de extraer recursos (“el botín”) en el menor tiempo posible. Cuando Washington buscó operar sobre el crudo venezolano, la afinidad fue inmediata: la cleptocracia de Palm Beach no necesitó adaptar a la cúpula chavista y sus amigotes, porque ambos hablaban el mismo idioma.
A estas alturas, se han revelado muchas cosas. Empezando por lo obvio: la meta de Trump no es democratizar a Venezuela, sino “tomar el botín” tal y como lo vocifera desvergonzadamente él mismo, el Fuhrer de Mar a Lago. En el reparto de la piñata bolivariana, ha empezado con la entrega del “lomito” de las reservas petroleras venezolanas (17 pozos “verdes”, pero también “marrones”, o sea, ya establecidas y de un petróleo de calidad) a una empresa “de pacotilla”, como dice Ricardo Haussman, NABEP de apenas dos años de “trayectoria”. Esa empresa está encabezada por un sujeto digno de una serie de Netflix, Alejandro Betancourt, que ahora es el “zar del petróleo venezolano”, con concesiones que ni en la época de Gómez, obtenidas sin licitación, asignadas a dedo por sus “compadres”, y que ahora podrá hacer nuevas fortunas, él y sus amigotes, vendiendo acciones en el mercado financiero, porque “necesita financiamiento”, que, si llega, será durante varios años. La duración de esas concesiones no está claro, porque Trump dice que son a 100 años, y Delcy que a 25. Pero es que no han mostrado el famoso acuerdo ni siquiera a la Asamblea Nacional, que la aprobó sin leer ni la letra grande ni la letra chiquita, violando la constitución, pero ya hoy no es noticia que se vuelvan a burlar de nuestra Carta Magna.
Alejandro Betancurt, el nuevo “zar del petróleo venezolano”, Betancourt ha sido investigado por lavado de dólares (investigación interrumpida por la fiscalía de Trump); eso lo hace uno de los “bolichicos” que se enriqueció vendiéndole al gobierno chatarra para resolver la crisis eléctrica, con acceso ya antes a un pozo petróleo, las aventuras de este nuevo “zar del petróleo” incluye sus oficios para cuadrar a los Rodríguez en la operación de salir de Maduro y quedarse ellos a la cabeza de un gobierno que es hoy un simple instrumento de la cleptocracia de Mar a Lago. De modo, que estamos hablando de otro de los “amigotes”.
Esta maniobra de despojo bajo ropaje de pragmatismo mercantil ha encendido las alarmas de científicos sociales y ex altos funcionarios como Ricardo Hausmann, Moisés Naím, como Miguel Rodríguez o Claudio Fermín, históricamente alejados del antiimperialismo izquierdista. Claro, hay que agregar a esa lista Luís Britto García. O sea, la vagabundería es tan evidente, tan difícil de esconder, que hasta la izquierda envuelta en chavismo, ha tenido que denunciarla y coincidir con los intelectuales que ellos ubicaban en la derecha.
Mientras, MCM envía un mensaje, un poco tardío, pero importante, donde ratifica varios puntos clave: no pueden decidir la suerte de las riquezas nacionales un gobierno extranjero y una dictadura ilegítima, mucho menos violando la Constitución, sin tomar en cuenta la población, sin resolver la transición hacia la democracia a través de unas elecciones que devuelva la soberanía al pueblo, obviando que ya esa voluntad popular se manifestó el 28 de julio de 2024. Enrique Márquez, asumiendo con más claridad su rol de nuevo aspirante al favor del Fuhrer de Mar a Lago, apoya el acuerdo, con la excusa de que necesitamos capitales para sacar el petróleo que tenemos. Antonio Ecarri va más allá, y convierte la dolarización en una promesa demagógica, sin pasearse por las consecuencias de una medida tan delicada, para aspirar también a un bañito de sol en Palm Beach.
Paralelamente, en la oposición, sectores influyentes dentro de Primero Justicia y Voluntad Popular, con Leopoldo López a la cabeza, dan la impresión de estar jugando en esta misma mesa de ruleta, sondeando cómo integrarse a los “amigotes” de Mar a Lago. Así, el destino de una nación debilitada por un cuarto de siglo de destrucción institucional, social y económica del chavismo real, termina siendo entregado en bandeja de plata a la cleptocracia dorada de Mar a Lago, donde la política se redujo definitivamente a un vulgar negocio de compadres.
Pero falta la respuesta popular. Esa es la única que puede hoy incidir en que el reparto del botín pueda revertirse y se posibilite la transición o la recuperación del respeto a la soberanía popular, las garantías constitucionales, empezando por la total liberación de los presos políticos. Las acciones de los filibusteros de Mar a Lago están indignando a sectores importantes de la opinión pública norteamericana, demócratas y republicanos. Trump está cayendo en las encuestas porque sus mentiras y su egolatría ya está siendo insoportable incluso para el sistema norteamericano. Debemos actuar para que, como en los sesenta, coincida un fuerte movimiento de rechazo en Estados Unidos, con la respuesta contundente del pueblo venezolano al despojo, dejando atrás a los politiqueros del momento, y avanzando hacia la democracia.

