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Italo Zapata: Lentitud, promesas en pausa y la urgencia  social después delos terremotos en Venezuela

 

​El reciente informe técnico de la Evaluación de Necesidades Posteriores al Desastre (PDNA), que cifra en 21.000 millones de dólares los requerimientos para la recuperación tras los devastadores sismos del pasado mes de junio, deja en evidencia la dimensión de la crisis territorial e institucional que atraviesa la nación. Sin embargo, más allá del diagnóstico macroeconómico y el impacto financiero, la verdadera prioridad debe centrarse en el drama humano de las miles de familias afectadas en los siete estados impactados.

​A meses de la catástrofe, la lentitud en la ejecución de respuestas concretas genera una profunda preocupación en la ciudadanía. La brecha entre las evaluaciones técnicas y la acción gubernamental efectiva continúa ensanchándose. Resulta alarmante constatar que los proyectos habitacionales anunciados para el reasentamiento de los damnificados se encuentran totalmente paralizados, prolongando la vulnerabilidad de comunidades enteras que continúan expuestas a la intemperie y a la incertidumbre.

​Las labores de reconstrucción no pueden quedar relegadas por dinámicas burocráticas ni opacadas por especulaciones sobre contrataciones o negociaciones al margen del interés público. La atención a esta emergencia exige un compromiso de Estado caracterizado por la máxima transparencia, la eficiencia operativa y una clara orientación ética hacia el bienestar colectivo.

​Frente a este complejo panorama, se hace indispensable impulsar un esquema de acción fundado en tres pilares fundamentales:

​Reactivación inmediata de la infraestructura residencial: Priorizar y acelerar la ejecución de los desarrollos habitacionales paralizados, garantizando soluciones habitacionales dignas y seguras.

​Descentralización y atención directa: Canalizar de forma expedita los insumos y la asistencia técnica hacia las comunidades afectadas, eliminando las trabas administrativas que dilatan la ayuda.

​Transparencia y contraloría multilateral: Establecer mecanismos rigurosos de auditoría y contraloría social, acompañados por los organismos internacionales participantes, para garantizar el destino idóneo de cada recurso.

​La emergencia social que atraviesan las regiones afectadas demanda respuestas oportunas e institucionales. Postergar la reconstrucción y la atención a las familias vulnerables compromete la estabilidad social y el desarrollo del país. Superar esta coyuntura requiere priorizar el interés general y devolver la certeza y la dignidad a la ciudadanía.

​ El Poder Ciudadano es la gente.

Editorial Especial