William Castillo, un personaje de quien lo que he sabido hasta ahora, es resultado de sus frecuentes apariciones en ciertos medios. Más gozando de la ventaja de ser alto funcionario público desde hace muchos años, como que estuvo o está en Conatel y ahora, por su declaraciones, que forma parte de la llamada Comisión antibloqueo, lo que también acabo de confirmar, de manera sorpresiva, sin que aún sepa qué lo motivó a eso, ha informado que la congelación salarial, resultó de una estrategia destinada a atraer capitales, dado el bloqueo aplicado a Venezuela por los gobiernos de EEUU.
En su comparecencia ante los medios, se mostró extrañamente sorprendente, tanto que todavía no entiendo qué buscaba o busca con eso. Si es un intento poco convincente de justificar o justificarse, defender al gobierno o distanciarse del mismo.
Dijo que, dado el desinterés de los capitales de entrar a Venezuela como resultado de las sanciones y las barreras de diferente tipo, se optó por medidas destinadas a revertir todo eso.
Entre esas medidas, podemos recordar la “Ley de Zonas Económicas Especiales”, acerca de las cuales, según el criterio de Luis Britto García, implican de manera resumida:
1.- En ellas se imponen regímenes socioeconómicos extraordinarios que apartan o desaplican las leyes comunes del país.
2.- Advirtió que en materia de impuestos sobre la renta y aranceles de importación por largos periodos convierten a estas zonas en paraísos fiscales para corporaciones multinacionales en detrimento del fisco.
3.- Por lo anterior, según se seccionaba el territorio nacional con normativas diferentes lo que erosiona el poder del Estado para aplicar un ordenamiento jurídico uniforme y equitativo.
4.- Así mismo denunció que se corría el riesgo de estimular la inversión extranjera creando condiciones de precariedad o disminución de derechos protectores para los trabajadores locales. Lo que implica, como ahora lo admite William Castillo, el pago de salarios, a la conveniencia de los inversores y de acuerdo el patrón aplicado a todos los trabajadores venezolanos.
Por su parte Castillo, explicó que bien sabía todo aquello por formar parte de la comisión designada para tal fin, donde se tomó en cuenta la experiencia de China, que consistió precisamente en ofrecer una inmensa cifra de mano de obra disponible y unos precarios salarios.
Al parecer, Castillo y los miembros de esa comisión, al tomar la experiencia del inmenso país asiático como referente, pasaron por alto unas circunstancias dignas de darle otro tratamiento, como que las condiciones a las que hizo referencia, al hablar de ese país, ahora convertido en una de las grandes potencias del mundo, venían del fondo de la historia del mismo, mucho antes que Mao asumiese el liderazgo y control del Estado. El proyecto o plan liderado por Den Xiaoping, partió de una realidad absolutamente diferente a la de Venezuela, como que en este país, desde hace muchos años, los trabajadores todos, habían estado amparados por la contratación colectiva y, en cierta medida, ajustados sus salarios de acuerdo a lo previsto en esa circunstancia y, la detención o disminución del salario, había sido una práctica, desde hace muchos años de historia, ajena a Venezuela. El último que se atrevió hasta disminuir el salario en el sector público, que lo hizo en un 10% y congelar los contratos de los trabajadores todos, fue Betancourt, en su segundo período de gobierno, en 1959, lo que desató una protesta descomunal y en parte, lo que estimuló que en Venezuela se desatase la lucha armada. Y esa medida de Betancourt, tuvo el mismo fin, atraer los capitales estadounidenses y favorecer el plan de sustitución de importaciones.
Eso explica por qué el gobierno, ante las infatigables prédicas de entonces por parte de Pascualina Curcio, Tony Boza y Juan Carlos Valdez, en favor del salario, desmontando argumentos como la “creación de dinero inorgánico”, optó por usar y exhibir precisamente la apagada figura de Jesús Farías, quizás por el nombre de su padre, para desmontar los argumentos de los antes nombrados, haciendo uso del discurso monetarista, como que los aumentos salariales llevarían a desbordar el cauce monetario y generarían inflación y aumentos del dólar. Es decir, sería un reforzar la tarea de aquello llamado “dólar to day”.
Por supuesto, tal política resultó un absoluto fracaso, como las intenciones de la Ley de Zonas Económicas Especiales, pues los capitales tentados con esas ofertas casi esclavistas no mostraron interés alguno y a los trabajadores todos, hundieron en la pobreza, sumándose todo a esto a los efectos ya causados por la sanciones.
Hoy, el salario sigue estancado, la página aquella ya ni se nombra, ha habido algo de aumento en la producción y venta de petróleo y no obstante, la depreciación del bolívar frente al dólar continúa imparable y los precios no cesan su agitada carrera.
Se quedaron sólo en lo sustantivo, el área petrolera y en condiciones realmente desventajosas.
Pero no hay duda que, la congelación salarial, hizo posible que, el gobierno y Fedecámaras llegaran a acordarse, tanto como que, en esta se produjeron cambios muy calculados en sus cuadros directivos. Los partidarios de las guarimbas y los golpes de Estado, no habiendo logrado sus propósitos, pero satisfechos con la política salarial, cedieron sus espacios a una nueva dirigencia. El Estado logró un largo momento de tranquilidad y se sintió con más fuerza, pero a cambio de los sacrificios impuestos a los trabajadores,
No obstante nada es perfecto ni valedero por tanto tiempo, más si el mundo y la vida se la pasan en movimiento y cambio. La congelación salarial empezó a generar problemas, como la diáspora, pérdida de mano de obra y de la más calificada y la reducción del mercado interno y deterioro de los servicios. Tanto que, hasta Fedecámaras, se ha vuelto partidaria de la recomposición salarial; buena parte de sus afiliados pagan salarios por encima de los que paga el Estado, para mantener su mano de obra, pero también necesita, que los trabajadores todos tengan mejores ingresos para poder aumentar su producción y mejorar sus ganancias. Pero hay una traba, en la Ley del trabajo, lo relativo al salario mismo, aguinaldos, vacaciones y prestaciones sociales.
La estrategia implícita en la Ley antibloqueo, resultó un absoluto fracaso, causó mayor daño a los trabajadores e incubó más desprestigio del gobierno mismo. La actitud hasta indiferente del venezolano mayoritario frente a lo acontecido el 3 de enero, resultó en buena medida de ella. Por eso ahora, emergen voces como las ya mencionadas, intentando darle a la política salarial del gobierno un destino loable y hasta preñado de ingenuidad. Pudo haber algo de eso, ¿quién sabe? Pero se sustentó en una visión del mundo absolutamente equivocada, como que hay amigos con capital, “panas burdas”, dispuestos hasta perderlo todo en defensa del amigo, la amistad y los sueños de justicia, libertad y soberanía.

