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Rafael Sanabria Martínez: El acuerdo político en la historia de Venezuela; Una perspectiva analítica

 

​La historia de Venezuela suele ser narrada desde el fragor del conflicto, el retumbar del cañón o la retórica de la confrontación insalvable. Sin embargo, detrás de cada gran quiebre institucional late una certeza silenciosa que la historiografía seria ha sabido rescatar: la supervivencia de la nación jamás ha sido obra del exterminio del contrario, sino del reconocimiento trágico de su necesidad. Cuando el encono político y social ha amenazado con disolver la propia estructura del Estado, los adversarios más encarnizados han tenido que sentarse a la mesa no por un afecto sobrevenido, sino por un imperativo ético y de pragmática conservación.

​Para comprender estos momentos de tregua y entendimiento es indispensable desprenderse del anacronismo. Juzgar a los hombres del pasado con las urgencias morales del presente distorsiona el sentido profundo del acuerdo político. En noviembre de 1820, cuando Simón Bolívar y Pablo Morillo firmaron en Trujillo los Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra, no sellaron una alianza ideológica ni borraron la sangre derramada durante la “Guerra a Muerte”. Lo que allí ocurrió fue un acto de lucidez humanitaria: la comprensión de que la barbarie absoluta imposibilitaba el futuro de cualquier República o Provincia. El abrazo de Santa Ana de Trujillo no anuló la causa independentista, pero humanizó el conflicto e introdujo la diplomacia moderna en medio de la devastación, demostrando que aun en la guerra civil más despiadada existe un límite ético que la política debe salvaguardar.

​Ese mismo imperativo de supervivencia reapareció cuatro décadas más tarde, tras la sangría desoladora de la Guerra Federal (1859-1863). El Tratado de Coche, suscrito por Antonio Guzmán Blanco y Pedro José Rojas, suele ser visto por algunos sectores con suspicacia, pero la mirada objetiva de la historia lo reconoce como el único dique posible frente a la anarquía absoluta. Tras años de devastación en los campos venezolanos, la élite conservadora y la insurgencia federalista entendieron que la victoria militar total era una ilusión pirotécnica si el país resultante quedaba en ruinas. El acuerdo implicó concesiones amargas y profundas contradicciones, pero permitió que las armas callaran para dar paso a la Asamblea Constituyente de 1864, reinstaurando el marco de la legalidad civil donde antes solo reinaba la arbitrariedad del machete.

​Ya en la modernidad del siglo XX, el Pacto de Puntofijo en 1958 reconfirmó que la gobernabilidad democrática es, fundamentalmente, una arquitectura negociada. Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jóvito Villalba —representantes de visiones del país enfrentadas durante el convulso trienio 1945-1948— comprendieron que la fragilidad de la incipiente democracia frente al militarismo solo podía superarse mediante un compromiso mínimo sobre las reglas del juego. Puntofijo no fue un cheque en blanco ni una renuncia a la confrontación de ideas; fue un pacto de convivencia institucional para garantizar que el conflicto político se dirimiera en las urnas y no en las puestas de cuartel.

​La reflexión que nos legaron estos hitos es tan sobria como categórica: el acuerdo entre adversarios no es capitulación ni cobardía, sino el acto supremo de responsabilidad histórica. La política en su sentido más noble renace precisamente allí donde termina la ilusión de erradicar al otro. En la trayectoria republicana de Venezuela, la palabra empeñada ha sido la única herramienta capaz de detener la espiral del caos y edificar, sobre los escombros de la discordia, una posibilidad real de futuro.

​Referencias bibliográficas

*Arráiz Lucca, Rafael. Venezuela: 1810-2010. Historia política y económica. Editorial Alfa, Caracas, 2011.

*​Caballero, Manuel. Las crisis de la Venezuela contemporánea (1903-1992). Ediciones Coye, Caracas, 1998.

*Carrera Damas, Germán. Una nación llamada Venezuela. Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, 2003.

*Pino Iturrieta, Elías. El divino chivo. Fundación Bigott, Caracas, 1991.

Straka, Tomás. La espada y las sotanas: Discurso e ideología en la independencia de Venezuela. Universidad Católica Andrés Bello, Caracas, 2000.

 

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