Quienes dedican su vida a sobrevivir, y no tienen tiempo para lecturas, tal vez no conozcan a Scherezade; así que, para ellos, comencemos por resumir quién fue tan inteligente persona, figura central en “Las Mil y Una Noches”, una recopilación de cuentos de origen oriental, aunque tal vez tampoco tendrán tiempo para leer este comentario.
Scherezade era hija del gran visir del rey persa Shahriar, quien hacía ejecutar a cada esposa, luego de la noche de bodas, en venganza por la infidelidad de su primera mujer. Inventando una estrategia, al casarse con él, para detener su ciclo de violencia.
En la noche de su boda con el rey, Scherezade inicia un relato cautivador, pero lo interrumpe justo al amanecer. El rey, ansioso por escuchar el final, pospone su ejecución. Repite esta estrategia durante 1001 noches, enlazando historias dentro de historias y educando al rey en justicia, compasión y autocontrol, siempre interrumpidas en un punto de suspenso, un recurso muy utilizado hoy en series fílmicas y telenovelas.
Finalmente, Shahriar renuncia a su violencia y la convierte en su esposa de pleno derecho. Así, noche tras noche, la cuentista ha transformado al rey mediante relatos que reflexionan sobre justicia, fidelidad, poder y moral en un proceso que, si sacamos la cuenta, dura 2 años y 9 meses.
La leyenda me vino a la memoria luego de observar el “proceso de transición” con que nos vienen cuenteando a los venezolanos. Un cúmulo de ficciones que nos vienen contando sobre el proceso de estabilización de la economía y el restablecimiento de la democracia que parece ya una tragicomedia montada por unos cuantos, como Scherezade, ingeniosos cuentistas que nos tienen a los venezolanos como burro detrás de la zanahoria.
Ojalá que en la “Mesa de Conversaciones” no solamente haya comida para los participantes, sino que de ellas salgan soluciones para que los venezolanos también tengan alimentos suficientes. De lo contrario, seguirán los cuentos, que ya no son de mil y una noches, pues ya suman más de nueve mil los días de hambre y miseria dentro de nuestras fronteras.
Chavistas y ex-chavistas, falsos opositores, asomados y pescadores en río revuelto, todos se rasgan las vestiduras en un falso interés por, metiendo también en el asunto al Gattopardo y su estrategia, “cambiarlo todo para que nada cambie”, al simular un taimado interés por pactar con hombres y mujeres que siempre han luchado por una verdadera democracia en Venezuela y liderados por María Corina Machado.
En el último mes del año, según se ha anunciado, se nombrará un nuevo CNE; una fecha que parece lejana ante la desesperación de los venezolanos por tener tan pronto como sea posible un gobierno legítimo y capaz de atender sus necesidades y de abordar de una vez por todas la recuperación del país, arruinado por el vandalaje chavista.
El siniestro triunvirato, que Mr. Trump mantiene como poder ejecutorio de las acciones convenientes a los intereses del país que preside, es incapaz de atender la emergencia surgida tras el doble terremoto o de, entre otros, resolver el problema del suministro eléctrico tras un cuarto de siglo de pillaje y abandono de las instalaciones de producción y distribución.
Mientras pasa el tiempo, los grandes capitales acumulados tras la rapiña buscan nuevos escondites y sus dueños exilios dorados para escapar al castigo, y para ello toda clase de cuentos es válida para ganar tiempo.
Ciertamente, Scherezade fue la mejor echadora de cuentos del mundo. Hasta que llegó Delcy…

