El fortalecimiento de la democracia es uno de los puntos fundamentales en la mesa de dialogo de las negociaciones y el más importante para el sano futuro del país.
Las preguntas que hay que responder, son:
¿Se puede desde la ilegalidad y la ilegitimidad fortalecer la democracia venezolana?
¿Fortalecer la democracia, es porque estamos en democracia?
Vamos con la primera interrogante.
Como es posible construir la democracia verdadera, estable y transparente, partiendo de la ilegalidad y la ilegitimidad, si desde el punto de vista jurídico ambos conceptos contradicen la esencia misma del sistema democrático. Primero que todo “Construir la democracia” requiere de la presencia de actores dotados de legalidad y legitimidad, en donde Dinora Figuera y Jorge Rodríguez no cumplen con estos principios fundamentales
Dinora Figuera viene de una Asamblea Nacional extinta, cuyo periodo culmino en el año 2020. y Jorge Rodríguez pertenece a una Asamblea Nacional ilegal e ilegítima, en donde ambos actores no tienen una verdadera y mayoría representación popular. Es decir, no tienen un capital político construido que los sustenten y la aceptación voluntaria de la ciudadanía venezolana que exprese la soberanía del pueblo.
Estamos en presencia de una inmoralidad soberana porque el Pueblo Soberano no los nombro para la construcción de la democracia. No hay un estado de derecho por la ruptura de las reglas del juego democrático porque la verdadera democracia se sostiene y descansa sobre el principio de que la Ley debe aplicarse por igual a los gobernantes y gobernados y en este caso no se aplicó sobre los gobernados, verdaderos legales y legítimos, al no ser consultados para las negociaciones y ambos actores, tanto Dinora Figuera como Jorge Rodríguez, vienen, viven y forman parte de la ruptura del hilo constitucional. Así, de simple.
Con respecto a la segunda interrogante.
Desde el inicio del poder del Presidente Hugo Chávez Fría, la democracia fue siendo vulnerada poco a poco con artificios ilegales vestidos de legalidad. Pero la fecha consenso en la que se considera que Venezuela perdió formal y definitivamente el hilo democrático fue el 29 de marzo de 2017. En ese día, el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), alineado con el Poder Ejecutivo, emitió la Sentencia 156, mediante la cual despojó a la Asamblea Nacional (Parlamento con mayoría opositora electo en 2015) de sus facultades legislativas y las asumió el propio tribunal.
Este hito marcó un punto de no retorno en la historia democrática venezolana por La disolución de poderes, en la cual, la Sentencia 156 del TSJ anuló de forma fáctica la separación de poderes en Venezuela que la propia fiscal general de la época, Luisa Ortega Díaz, declaró públicamente que las decisiones judiciales constituían una “ruptura del orden constitucional”.
Estos señalamientos indican la perdida de los valores democrático y por tanto no hay democracia y lo que se requiere es Reconstruirla y no Fortalecerla, porque Fortalecer significa hacer más fuerte y vigorosa a la democracia, mediante un proceso de mejoras que buscan aumentar la capacidad democrática para cumplir su función de resistir presiones internas y externas, evitar su deterioro y permita el ejercicio democrático en forma satisfactoria para los ciudadanos.
Cuando el Presiente Jorge Rodríguez, expresa que uno de los puntos de diálogos es fortalecer la democracia, se esconde la idea de la existencia de una democracia en Venezuela y requiere de mejoras para ese fortalecimiento. Pero, la cruda realidad es que el Socialismo del SigloXXI, destruyo la democracia venezolana, aunque, mucho antes, tenía sus debilidades y carencias políticas. Por lo tanto, la verdadera realidad es Reconstruirla, desde cero (0).
Economista y profesor universitario.

