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José Nicolás: La inteligencia artificial exige ahora un crédito que nunca pagó

 

Desde ahora, los contenidos generados con las herramientas de inteligencia artificial más conocidas —como ChatGPT, Claude, Gemini o Copilot—, deberán llevar una marca de agua que alertará de que ha sido generado con IA. Se trata de una medida necesaria para cumplir con el Código de Transparencia de la Unión Europea que entró en vigor el 2 de agosto y al que se han adherido las empresas dueñas de esas herramientas. OpenAI, la compañía que creó ChatGPT, anunció la medida hace unos días; Anthropic lo ha hecho esta misma semana y ha provocado un aluvión de reacciones porque, según explican, se incluirán estas marcas en todos los contenidos procesados por Claude, no solo en los que genere desde cero.

Según una nota publicada en la web de Claude: “Detectar una marca sugiere que el contenido podría haber sido procesado por Claude. Sin embargo, por sí sola, esa marca no confirma la procedencia completa del contenido”, cuentan antes de añadir que esto no supone que Claude sea el “autor original” debido a que “la gente suele usar Claude para corregir, traducir, resumir o convertir archivos. El resultado puede llevar la marca de Claude incluso si las ideas, el texto o los datos subyacentes se originaron en otra fuente”, advierten.

Esto conlleva que cuando un usuario envíe un texto escrito por él mismo a Claude para que corrija la ortografía o haga un análisis del contenido, el resultado llevará una marca —que no se percibirá a simple vista— que indicará que ha sido generado o procesado con inteligencia artificial. También ocurrirá con el resto de las creaciones, por lo que las imágenes, los vídeos, la música, incluso el código utilizado para desarrollar páginas web, podrán llevar una huella que indique que no es algo original, sino que ha pasado por una IA.

“Claude extrajo todo el contenido de internet para su modelo sin citar ni pagar, pero quiere crédito por su trabajo”, protestó una usuaria tras conocer la noticia. En su mensaje está una de las quejas más comunes entre creadores y artistas desde que aparecieron estas herramientas. Pese a que muchos de ellos utilizan la inteligencia artificial para trabajar y crear contenido a partir de sus propias ideas, hay músicos, escritores, diseñadores, ilustradores y fotógrafos que han denunciado que los modelos de IA generativa se entrenan a partir de sus obras —que se pueden encontrar en internet— sin autorización, atribución ni compensación alguna. Por esto, sienten que la IA les está robando el contenido y puede llegar a sustituir sus trabajos. Ya reciben menos encargos y su temor es que en el futuro puedan quedarse sin empleo porque es más fácil y económico generar un contenido que contratar a un artista.

Dejando a un lado que los usuarios ya han creado —gracias a la propia IA— herramientas para eliminar esas marcas de agua, la exigencia de la Unión de advertir de los contenidos generados o procesados con inteligencia artificial es positiva desde el punto de vista de la transparencia. A la vez, la medida pone sobre la mesa la paradoja de que vamos a tener una tecnología alimentada con el contenido disponible en internet sin atribuir ni compensar nada a los creadores originales que dejará un sello cuando algo pase por sus manos, precisamente lo que los creadores reclaman a estas empresas.

Quizá deban ir unos pasos más allá y trabajar para que el contenido que generen estas herramientas esté completamente verificado y se eviten las habituales alucinaciones. O incluso citar también las fuentes y las inspiraciones que la IA consulta para generar una canción, una fotografía, una ilustración o un texto. De otro modo, será lógico pensar que es cierto lo que dijo el escritor Jorge Dioni cuando conoció la noticia: “Lo mío es mío. El resto, de todos”.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM