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Joise Morillo: El chisme como arma de control y opresión

 

El chisme es uno de los mecanismos que utilizan los regímenes comunistas para enterarse de la opinión que tiene cada ciudadano dentro de la comunidad donde habita. Para ello recurren a agentes designados en cada cuadra o calle, conocidos en algunos lugares como “jefes de calle”, cuya función consiste en informar al aparato comunal sobre la conducta y pensamiento de los vecinos. La hipocresía y la mentira capciosa suelen convertirse en sus mejores armas.

En Cuba, los miembros de los Comités de Defensa de la Revolución —conocidos popularmente como “CDR”— han sido llamados por muchos “chivatos”; en Venezuela, términos como “sapos” o “gorgojeros” se utilizan para describir a quienes delatan a otros ante el poder político. Para muchos críticos de estos sistemas, la traición termina convirtiéndose en una divisa moral.

En la antigua Grecia se empleaba el ostracismo como mecanismo político para apartar del ágora y de la vida pública a ciudadanos considerados peligrosos o inconvenientes para la polis. El procedimiento consistía en escribir el nombre del señalado sobre fragmentos de cerámica llamados “ostraka”, los cuales se depositaban en una urna; quien acumulaba la mayor cantidad de votos era expulsado temporalmente de la ciudad.

Salvando las diferencias históricas y contextuales, algunos comparan ese mecanismo con los llamados “comités de repudio” organizados por el régimen cubano contra personas consideradas desafectas al castrismo. La diferencia principal radica en que el ostracismo ateniense se aplicaba dentro de las disputas de las élites políticas y magistraturas, mientras que en los regímenes comunistas modernos la presión social y la delación suelen dirigirse contra ciudadanos comunes que piensan distinto al colectivismo o al gregarismo ideológico dominante.

Algo parecido a esto anterior respecto a las élites de poder ocurrió a W. Ulianov y León Trotsky, miembros del poder del Kremlin Soviético quienes venidos a menos por insinuaciones de adversarios del buró político soviético y conspiradores stalinistas pusieron en tela de juicio la credibilidad hacia ambos. Estos acabaron eliminados físicamente, se especula que a Lenin le aplicaron una especie de loboterapia con dosis de medicamentos fatales (valga el término). A Trotsky lo persiguieron hasta el exilio y fue asesinado por un sicario de la NKVD, origen español de apellido Mercader en una granja del matrimonio Rivera – Kalho

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM