Descubrí El vuelo del alcatraz hace algunos años en la Biblioteca del liceo Francisco Alemán Parra, en San Antonio del Golfo, durante una visita realizada a esa pintoresca población sucrense. En esa primera lectura la monumental obra de Francisco Herrera Luque me pareció una brillante crónica sobre el auge y la trágica caída del Libertador Simón Bolívar. No obstante, la lectura muta con el tiempo y por las sugerencias de los mentores. Así lo demuestra la experiencia vivida.
Precisamente, hace pocos días me llegó vía WhatsApp un archivo PDF de la referida novela. El remitente era el prestigioso economista y consultor financiero Antonio Paiva, quien me instó a releerla. Al hacerlo bajo su recomendación las páginas cobraron un significado distinto, perdiendo su distancia histórica para convertirse en una radiografía clara sobre la crisis del liderazgo político en la Venezuela actual, movida por tensiones de una compleja transición.
En la célebre novela, un mayordomo le describe a Bolívar el fatídico destino de aquella ave marina, también llamada pelícano, que confía tanto en su agudeza visual que la consagró en las alturas, no percatándose de la ceguera que le imponen los años y termina estrellándose contra los acantilados. Eso le pasa al ave cuando se hace vieja. “Ándate con cuidado, amo y Libertador”, advertía el fiel hombre al Genio de América.
Las palabras del mayordomo son pertinentes en la política venezolana actual que sufre de esa misma ceguera biológica del alcatraz. Las cúpulas partidistas operan bajo el mito de las hazañas pasadas. Creen que el capital político de hace unos años es eterno. Sus dirigentes siguen aferrados a viejas fórmulas retóricas y estructuras clientelares que se han vuelto incapaces de interpretar a una sociedad que ha dado un vuelco completo.
La desconexión del liderazgo político es total de las reales exigencias de la población venezolana. Mientras el ciudadano común sobrevive a fluctuaciones económicas asfixiantes y exige soluciones concretas a sus problemas, las cúpulas se encierran en luchas estériles por egos y permanencia en el poder. Al ignorar las alarmas de su entorno y no escuchar la autocrítica, el resultado seguirá siendo el mismo: un choque seco contra el acantilado de la realidad que profundiza la orfandad de la gente.
Ante un país que puja por una transición y un cambio significativo, la renovación de los partidos políticos ya no es un debate de estética, sino un reto de supervivencia. La democratización del país también pasa por la renovación de los partidos políticos. No se trata de cambiar un rostro viejo por uno joven, sino de erradicar el mesianismo y desarrollar nuevas ideas. Es abrir las ventanas de los partidos para escuchar la voz del mayordomo de estos tiempos: los trabajadores, los técnicos, los académicos y los líderes sociales.
Hoy Venezuela necesita con urgencia organizaciones modernas, transparentes y adaptables a la realidad compleja. Solo así se podrá construir un liderazgo con la lucidez necesaria para levantar el vuelo sin estrellarse otra vez en el acantilado. Esa es la nueva lectura en -El vuelo del alcatraz-, la obra que regresó después de tanto tiempo a mis manos gracias al economista Antonio Paiva.

