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Donald Trump entre la presión a Irán y la cautela con China

 

La estrategia de Washington de ejercer la máxima presión económica sobre Irán se ve matizada por su deseo de suavizar las tensiones políticas con China. Qingdao, China un petrolero en la terminal de importación de petróleo. Las compras de petróleo chinas son un salvavidas crucial para Irán.

China ha rechazado lo que calificó de sanciones unilaterales ilegales, después de que Estados Unidos anunciara a principios de esta semana nuevas medidas para cortar todas las posibles fuentes de ingresos de Irán.

El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha descrito el paquete de sanciones como un Día D económico contra Teherán, y advirtió que cualquier colaboración económica con el régimen expondría a los responsables a todo el alcance del poder estadounidense.

China es el principal socio comercial de Irán y constituye un salvavidas para Teherán, principalmente a través de la compra de petróleo, pero también con servicios bancarios, tecnología y bienes de doble uso, que pueden utilizarse tanto con fines civiles como militares.

Al preguntársele si los bancos chinos estarían incluidos en las nuevas medidas, Bessent advirtió que nadie está por encima del alcance de las sanciones estadounidenses.

Pero dado que el presidente estadounidense, Donald Trump, tiene previsto reunirse con su homólogo chino, Xi Jinping, en septiembre, Washington deberá tener cuidado con cualquier medida que afecte a las relaciones comerciales entre China e Irán.

Los grandes bancos de China siguen siendo seguros

El paquete inicial de sanciones de EE. UU. no llega a afectar a los principales bancos chinos. En cambio, se centra en 60 entidades, personas y embarcaciones más pequeñas, tanto en China continental como en Hong Kong, que forman parte del ecosistema que apoya la adquisición ilícita de tecnología nuclear y de misiles, las operaciones cibernéticas y las redes de generación de ingresos petroleros.

China compra hasta el 90 % de las exportaciones iraníes de petróleo, algunas, a través de refinerías independientes conocidas como refinerías tetera, que terminan cambiando la marca del petróleo o utilizando intermediarios para eludir las sanciones estadounidenses.

En mayo de 2026, el Ministerio de Comercio de China ordenó a las empresas nacionales y a las refinerías de petróleo de mayor tamaño que ignoraran las restricciones estadounidenses dirigidas a varias de esas refinerías. En ese momento, Bessent dijo que las compras chinas de petróleo procedente de Irán equivalían a financiar al mayor patrocinador estatal del terrorismo.

Pekín mantiene un equilibrio entre Irán y sus rivales

El portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Lin Jian, afirmó que la cooperación entre China e Irán siempre se ha llevado a cabo dentro del marco del derecho internacional y no debe ser objeto de injerencias ni interrupciones.

La relación de China con Irán es transaccional, al tiempo que presenta la inestabilidad en Oriente Medio como un fracaso de la política estadounidense. Paralelamente, Pekín proyecta la imagen de una superpotencia estable y responsable, y evita ser asociada con los Estados rebeldes a los que Estados Unidos lo acusa de apoyar.

Pekín también valora sus lazos comerciales con Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, lo que la lleva a equilibrar cuidadosamente sus relaciones para evitar enemistarse con los rivales regionales de Irán.

Es probable que el conflicto en curso en Oriente Medio y el paquete de sanciones estadounidenses figuren en la agenda cuando el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, asista a la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) en Kirguistán, prevista entre el 31 de agosto y el 1 de septiembre de 2026.

China ha estado intentando profundizar su colaboración y ampliar el alcance de sus relaciones con los países del Golfo. Desde esta perspectiva, Irán sigue siendo un socio útil e importante para China, pero no es insustituible, dice a DW William Yang, analista sénior para el noreste de Asia en el International Crisis Group.

En cierto modo, China se beneficia de la continua participación de Washington en la seguridad y la defensa regionales, y no pretende sustituir a Estados Unidos en ese sentido, añade Yang.

¿Está disminuyendo el poder de Estados Unidos en Oriente Medio?

Sin embargo, los reveses militares estadounidenses durante la guerra contra Irán han cambiado el panorama estratégico en Oriente Medio, explica a DW Gu Xuewu, politólogo y director del Centro de Estudios Globales de la Universidad de Bonn, en Alemania.

En este contexto, Pekín no cederá a la presión estadounidense para romper los lazos económicos y comerciales con Irán ni para ayudar a Estados Unidos a mantener su presencia en Oriente Medio, prosigue Gu.

El experto agrega que China desaprueba el comportamiento asertivo de EE. UU. en esta región y no está dispuesta a aceptar que obstaculice la cooperación de esos países árabes y China en los ámbitos económico, de la energía, militar y científico. Según Gu, Pekín no tiene ningún interés en librar una batalla decisiva con Estados Unidos en Oriente Medio. Basta con provocar a Estados Unidos para que cometa errores en Oriente Medio y permitirle que siga cometiéndolos sin intervenir.

Próxima cumbre Trump-Xi

A propósito de la esperada cumbre entre Trump y Xi, el 24 de septiembre, William Yang no cree que ni Pekín ni Washington tomen medidas drásticas contra Irán que puedan hacer peligrar la celebración del encuentro. China mantendrá su nivel básico de compromiso con Irán y estará preparada para defender sus intereses económicos si el gobierno estadounidense comienza a imponer sanciones secundarias a las empresas chinas, dice Yang.

No obstante, añade que Pekín no abandonará los planes para la cumbre, que han sido negociados con gran esfuerzo. Veremos a China y a Estados Unidos en rumbo de colisión por el tema de Irán, incluso mientras mantienen conversaciones amistosas durante la cumbre entre Xi Jinping y Trump, concluye, por su parte, Gu.

Wesley Rahn – DW

 

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