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David Trueba: Apellidos bien puestos

 

Planeaba dedicar las columnas de este verano a temas ligeros, pero no ha sido posible. Mis disculpas por ello. La crisis de Ceuta y los incendios subieron tanto la temperatura que la risa se heló. Eso sí, despidamos agosto como merece. Es saludable repasar el listado de apellidos que, de manera sorprendente, se adecúan a sus portadores. Es un ejercicio que años atrás hacíamos entre amigos, fascinados por el hecho de que la familia Botín se hubiera dedicado a la banca en lugar de a los zapatos de caña alta.

Lu Martín, uno de los grandes periodistas de deportes, colecciona camisetas de futbolistas que remiten al mundo de los estupefacientes, quizá porque el fútbol no deja de ser el opio del pueblo. Presumía de las zamarras de Griffa, Canuto, Camello, Di María, Perico, Cocca, Mota y no sé cuántas más, pero este Mundial estaba feliz porque había incorporado las de Porro y Raya, dos fantásticos jugadores consolidados en la Premier. El accidente nominal de que los dos entrenadores que nos han llevado a ganar el Mundial se apelliden Del Bosque y De la Fuente nos lleva a pensar que en el futuro tendrán preeminencia para el cargo los llamados Del Campo, Del Río y De la Peña. El año pasado el Sevilla FC hizo una mala temporada. El apellido de su portero griego, Vlachodimos, los aficionados lo pronunciaban con guasa como Lajodimos. Por eso esta temporada, para disipar gafes, han decidido llamarlo por su nombre de pila: Odysseas. Aires épicos para el verano en que triunfó el Homero con surround de Christopher Nolan.

Aunque este ha sido, sobre todo, un curso de apellidos judiciales. Cuando empezaron los problemas para el exministro José Luis Ábalos, el hecho de que su segundo apellido sea Meco hizo sospechar que acabaría en algún centro penitenciario. Surgieron por ahí apellidos de jueces como Hurtado y Berdugo. Hurtado fue instructor en la causa que acabó pispándole el cargo al fiscal general del Estado. Y Berdugo, ojo no escribir Verdugo, formaba parte del tribunal que lo sentenció en el Supremo. Desde la UCO se escuchaba hablar del teniente coronel Balas y del general Malo. El ministro de Justicia, Félix Bolaños, toma el apellido de la bola de piedra que disparaban los cañones medievales. Aunque para darle un aire más inocente que agresivo a su descargas siempre va cuidadosamente despeinado. Peinado, en cambio, es un juez. El más desmelenado. Dicta autos de choque, como aquel en el que le quitaba a la esposa del presidente el pasaporte por la sospecha de que su escolta policial la ayudara a fugarse. Su empeño por someter a Begoña Gómez a un calvario judicial le ha llevado a citarla a deshoras, en sábado, en vacaciones y a la hora del partido de España. También a querer crucificarla junto al empresario Barrabés, cuyo apellido es imposible no relacionar con Barrabás, aquel bandido a quien Pilatos liberó, apoyándose en el jurado popular, para castigar a Jesucristo.

Pero la cota más triste en este juego inocente la tiene el radical religioso que intentó asesinar a Salman Rushdie a cuchilladas. Su nombre es Hadi Matar, lo que confirma que, en ocasiones, el hábito sí hace al monje. Pero terminemos donde empezamos, en Ceuta. Allí cada miembro del Gobierno que ha osado pisar la ciudad para tomar la temperatura de la crisis migratoria se ha encontrado con ciudadanos que le gritaban, insultaban e increpaban. Extrañamente el presidente de la ciudad se apellida Vivas, que es lo único que no han recibido.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM