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Arsenio Henríquez: La esencia política se construye en la lucha; Un llamado a la dirigencia venezolana

 

​Por un debate político con rigor y compromiso social.

​Jean-Paul Sartre inmortalizó una de las premisas más potentes del pensamiento moderno: «la existencia precede a la esencia». Aplicada al terreno de la política, esta máxima entraña una advertencia fundamental para cualquier época: ningún líder nace con un destino escrito ni mantiene una identidad por mero decreto o discurso. Primero se existe en una realidad determinada; luego, a través de las decisiones y las acciones concretas, se construye lo que realmente se es.

​En el contexto venezolano, donde la historia social y política está profundamente ligada al protagonismo popular, esta distinción resulta urgente. A menudo se asume que haber nacido en el seno de la clase trabajadora o apelar a un origen humilde es suficiente para garantizar la lealtad a las mayorías. Sin embargo, la filosofía y la historia nos recuerdan que el origen es apenas el punto de partida, no la definición final.

​El origen no es destino

​Nacer en un barrio, en un pueblo del interior o en el hogar de una familia asalariada forma parte de la facticidad de una persona: es la circunstancia que no se elige, la realidad inicial. Pero el origen humilde no genera automáticamente un político comprometido. La historia política mundial está llena de figuras que, tras emerger de las capas más vulnerables de la sociedad, optaron por desvincularse de sus raíces una vez alcanzadas las esferas de decisión.

​Por ello, la pertenencia biográfica a la clase trabajadora no constituye, por sí sola, un certificado de garantía política. La verdadera representación no se hereda; se ejerce.

​La esencia como elección cotidiana

​Si la existencia es el origen, la esencia del dirigente político es el resultado de sus elecciones diarias. Un político que se proclame defensor de los trabajadores no «es» tal cosa de manera estática: lo demuestra —o lo desmiente— en cada postura que asume ante la realidad económica y social del país.

​Para la dirigencia política venezolana, asumir esta perspectiva implica comprender que la identidad de clase no es un eslogan de campaña, sino una construcción ética permanente que se valida en:

​La coherencia legislativa y ejecutiva: Impulsar y defender políticas que protejan el salario, las condiciones de trabajo y la seguridad social de la mayoría.

​La cercanía real con el pueblo: No como un recurso retórico en tiempos electorales, sino como un ejercicio constante de escucha y empatía con las necesidades de la familia trabajadora.

​La integridad ética: Resistir la tentación de anteponer intereses individuales o cupulares por encima del bienestar colectivo.

​Un llamado a la responsabilidad histórica

​Venezuela atraviesa momentos que exigen una dirigencia política a la altura de sus trabajadores: aquellos que día a día levantan al país desde las escuelas, los hospitales, las fábricas, el campo y la economía popular.

​Hacemos un llamado a la dirigencia política a asumir que ser parte de la clase trabajadora venezolana no es un título honorífico del pasado, sino una responsabilidad presente. Quien pretenda liderar a las mayorías debe constituirse a sí mismo, de manera consciente y transparente, como un auténtico instrumento de sus causas.

​La historia no juzgará a los líderes por el lugar donde nacieron ni por los discursos que pronunciaron, sino por las causas que decidieron defender cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo. La esencia de la representación política no se pregona: se construye en la lucha.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM