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Sergio Monsalve: El espejo político de “La Casa del Dragón”

 

Rhaenyra Triunfante lleva por nombre el mejor episodio de la temporada tres de La Casa del Dragón.

Un capítulo digno de un análisis geopolítico en relación con las castas que gobiernan al mundo.

La heredera ha asumido la acción de coronarse en el trono de hierro, después de enfrentar múltiples batallas campales, entre mar, cielo y tierra. Es su destino y lo enfrenta con entereza, pero también con la sospecha de dudar, de abrazar dilemas importantes en el desarrollo de la trama.

A su llegada descubre las arcas del reino saqueadas. Comienza uno de los conflictos medulares del guion. De dónde sacar los recursos para financiar la empresa de gobierno, cuando la hacienda ha sido dilapidada por el expolio de los regentes salientes.

En ello descubrimos un guiño a la corrupción que carcome al planeta, de norte a sur, de este a oeste. Por igual, Rhaenyra busca legitimarse en una ceremonia ostentosa.

Piensa que el ritual calmará la ira de las masas, al priorizar el circo por encima del pan. Pero la dura realidad le enseña a la protagonista a decantarse por una alternativa austera para acompañar el sufrimiento de su gente.

De tal manera, La Casa del Dragón expone un comentario sobre el choque de algunas de las corrientes de administración pública que hoy dominan el globo.

Por un lado, observamos una crítica evidente al populismo de Robin Hood, en el sentido de quitar a los ricos, caricaturizados como acaparadores y chivos expiatorios de manual, para dar a los pobres.

La reina planifica un banquete para supuestamente halagar a la nobleza. Sin embargo, les sirve un festín de ratas asadas a sus invitados, en un giro violento que recuerda la argumentación binaria que suele marcar al demagogo de turno, cuya visión maniquea lo conduce a tomar la venganza por propia mano en la forma de una justicia poética y reactiva, que se fundamenta en un estado de paranoia y conspiración.

La serie aparenta ser una reivindicación de la reina benevolente, a imagen y semejanza de su padre amado.

No obstante, Rhaenyra Triunfante se va perfilando como un emblema del pragmatismo contemporáneo, donde se mezclan ideas fascistas de derecha con imposturas de un comunismo falsario.

La imagen de ella confunde al personal, al espectador, porque todo el tiempo se maneja en una comunicación ambigua, de doble lectura.

Sus palabras quieren ser consecuentes con sus actos de altruismo a favor de las víctimas de la miseria. Por tanto, ella misma organiza y reparte las colectas de provisiones, luego de ordenar la “confiscación” del botín de los enemigos.

Retórica y visualmente, se percibe un ajuste de cuentas que es positivo para calmar las aguas, tras la guerra. Pero detrás del orden del espectáculo, surgen las contradicciones y las sospechas.

¿No estamos observando un espejo de una gobernanza triunfante que sigue recurriendo a la dádiva, al ofrecimiento del placebo del regalo, para ocultar su vacío, su vaciamiento de contenido y riqueza en todo sentido?

El esposo y doble de la reina, el maléfico Deamon, se comporta como un Rasputín que manipula a su consorte como una marioneta. O de repente es al revés. En último caso, el poder del trono corrompe de inmediato, con su propósito de perpetuidad al precio que sea, incluso el de reprimir y amenazar con la fuerza, con el monopolio de los dragones, que es una síntesis de los estados policiales en la actualidad.

Los mismos que nos han instalado una nueva fase de expansión imperial, a costa del sufrimiento de los ciudadanos.

Al final, no existen los reyes buenos o malos. Es una fantasía voluntarista pensar así.

La Casa del Dragón nos advierte del peligro que corremos, por dejar el trono de hierro a manos de la improvisación, de la adaptación y el fulano pragmatismo.

Urge planificación y acuerdo a largo plazo. Lo peor es solo soñar con sentarse en el Trono de Hierro, por ego y culto a la personalidad, conservando las taras y vicios de costumbre.

Hay que romper la rueda en pos de la democracia.

¿Rhaenyra Triunfante despertará o se convertirá en una dictadora, lo que tanto criticó?

Los leo.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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