Domingo Kultural.
Lo veo venir: hay amistades que no necesitan calendarios. Se reconocen por un gesto, una palabra o una vieja superstición compartida. La nuestra por ejemplo, quedó sellada hace más de tres décadas con un autopellizco en la bola izquierda. Desde entonces repetimos el ritual como si fuera un santo y seña, una contraseña contra los malos presagios.
Todo comenzó aquel amanecer convulso del 4 de febrero de 1992, mientras el país despertaba entre disparos, rumores y noticieros que parecían escritos por un guionista aficionado al caos.
—Al que acaba de decir «Por ahora» en TV lo conozco bien. Le dicen Cara e’ crimen. ¡Zape!
Dicho aquello, se pellizcó el escroto izquierdo —según él, para liberarse de las malas energías— y soltó una carcajada.
Nos vemos poco, ayer coincidimos; ya ha cambiado bastante, lo que no cambia es el saludo.
El pellizco. La risa.
—¿Un café? —le propongo.
—No —contesta—. Esos cafés cuestan lo mismo que un frasco de los del viejo Parra. *¿Bebemos…qué hacemos?*
Tres whiskies después, la incontinencia verbal de Cheo es como un cuchillo punzante:
-Nos tocó la pava Ciriaca…y hace una pausa dramática.
—Todos sabían que el “mortadelo” le daba de comer a los paleros; hacía sacrificios a orillas de ríos y costas, le rendía culto a los Orishas. Le seguían la corriente los sinvergüenzas compañeros de armas. Un yerno bien informado me comentó que, para estar bien con la nomenklatura, había que usar los collares y exhibirlos: «Si ven que eres santero, los jefes te respetan mucho más». ¡Mandan los babalaos!
Dos mesoneros se mantienen expectantes; la verdad es que lo que hacen es fisgonear. Uno de ellos interrumpe:
—¿No les parece raro que se desaparezcan tantos animales del zoológico del Pinar?
Cheo ni pestañeo.
—¿Ves? Los roban para sus rituales. El Salón de la Patria en Miraflores y Fuerte Tiuna son —o fueron— los lugares VIP de cultos y santerías duras y rudas. Allí sacrifican chivos, corderos, carneros, patos y gallinas. Esos son para Eleguá, y las chivas para Obatalá. Todo era coordinado por babalaos cubanos autorizados por el Comandante y, después, por el “bigotes” A estos dos les gustaban más los rituales con huesos humanos.
Cheo no para, el whisky habla por él, trato de frenarlo. Le digo que la vaina es conversaita.
Aproveché el respiro y abro un paréntesis.
—La jugada maestra de Fidel: les llenó la cabeza de ideología y santería con el sagrado fin de defenderse de los enemigos políticos y de los malos espíritus. La manipulación fué doble.
—Se pasaron de maraca —dice Cheo—. Saquearon el Cementerio General del Sur; hasta el cráneo de Joaquín Crespo y también los huesos de su brujo extravagante Telmo Romero fueron extraídos entre gallos y medianoche. No conformes, fueron a profanar el propio Panteón Nacional. Abrieron la cripta y exhumaron los restos del Libertador. Ni siquiera Simón Bolívar pudo tener en estos tiempos una morada digna.
A estas alturas el cotilleo agarró forma, y el otro mesonero no se contuvo: —Ahí tienen: botaron o se robaron la espada de Bolívar y les cayó la maldición. Tanto jodio que se le cumplió el deseo de encontrarse en la quinta paila del infierno con el cardenal Ignacio Velasco. ¿Recuerdan?
Todos guardamos silencio…nos pareció entrepito el mesonero.
Mientras era procesada la ocurrencia saqué el teléfono para hacerle dos preguntas a Google. Me regala dos textos del pasado reciente: «Dame tu cruz, cien cruces, que yo las llevaré, pero dame vida porque todavía me quedan cosas por hacer por este pueblo y por esta patria. No me lleves todavía. Dame tu cruz, dame tus espinas, dame tu sangre, que yo estoy dispuesto a llevarla, pero con vida».
Leo y comento
Ahora resuena como la voz de un hombre desesperado, pidiéndole cacao al Todopoderoso. Eran y son así: oportunistas, les da igual practicar el esoterismo o buscar a Sai Baba. Tienen un mazacote en la cabeza: Guevarianos, fascistas, maoístas, espiritistas o comunistas, devenidos en trumpistas; lo importante es que le sirva a sus intereses. Han tratado de entrar a la masonería y no son aceptados. Hasta hablan con los pajaritos: “…Si tú silbas, yo silbo, entonces silbé. El pájaro me vió raro, silbó un ratico y se fué. Y yo sentí el espíritu de él…”
Había que verle la cara de embelecos a los jalabolas que le rodeaban.
Logramos quórum
A todas estas, hemos parado público. Un espontáneo levanta el vaso desde otra mesa:
—¡Hay que encontrar la espada de Bolívar! ¡Hasta que no aparezca no se rompe el maleficio! ¡La brujería empavó a este país, igualito que a Haití y a Cuba!
Trato de poner orden…en la pea: —Creo que nos pasamos de tragos digo…
—Yo estoy muy clarito —dice Cheo—. Es para que lo digas en tu pasquín. ¿No te la das de escritor? Aquí nadie inventó nada. Todo está escrito en el libro *Los brujos de Chávez* del periodista David Placer, con la firma de la editorial Dahbar. Allí aparecen -subraya Cheo- en perfecto orden los testimonios de gente importante, testigos presenciales y contestes.
Hizo otra pausa para servirse.
-La profesora Herma Marksman era amiga mía. Fue la novia y maestra de Hugo durante una década y quedó decepcionada, aparte de que echa todos los cuentos sobre las veleidades esotéricas y utilitarias del mortadelo. «Me equivoqué de persona», dijo ella, refiriéndose al Hugo Chávez de los primeros tiempos. Busquen los libros que al respecto ella publicó.
Una suegra visionaria
Su madre tuvo razón. Cuando la profesora Herma lo llevó a su casa por primera vez, su mamá lo escaneo de arriba abajo y soltó una advertencia que hoy parece una profecía:
—Mosca con ese tipo: parece pavoso y tiene una cara e’ crimen… Cuídate, hija. Hay algo en él que no me gusta.
Fue una alerta temprano y mejor dicho imposible. Pero no le hicimos caso. Cheo entona la voz típica de los borrachos y hay que levantar la sesión. Le doy la mano y me despido, se queda sentado y en medio de los efluvios aguardientosos surgió un último hilo de voz:
-Que nadie olvide, esta mavita empezó con Cara e’ crimen y su “Por ahora” aquel 4 de febrero…
Alguien desde el fondo gritó: ¡Paren de sufrir!
Nos vemos por ahí.

