La trata de personas es crimen organizado. Pongamos fin a la explotación, lema del Día Mundial contra la Trata de Personas 2026 (Naciones Unidas).
Rescatistas jordanos extrajeron con vida a Klieber Morán, de 3 años, tras seis días bajo los escombros del edificio Los Corales Garden 1, en La Guaira. Mientras el mundo celebraba el milagro de su rescate en medio de la tragedia provocada por el doble terremoto ocurrido el 24 de junio en Venezuela, él probablemente preguntaba por su mamá, como tantos otros niños que, de un momento a otro, se encontraron solos en un hospital o un refugio improvisado. En estas circunstancias es indispensable identificar a los menores no acompañados, localizar a sus familiares, brindarles apoyo psicológico, asistencia legal y, sobre todo, prevenir que sean víctimas de violencia, explotación o trata.
La violencia contra la infancia ya constituye uno de los principales problemas de salud pública en el mundo. Cuando ocurre un desastre natural, ese riesgo aumenta considerablemente. Un estudio publicado en la revista Trauma, Violence & Abuse concluye que las emergencias debilitan los sistemas de protección infantil e interrumpen los mecanismos de prevención, dejando a los niños mucho más expuestos a diferentes formas de violencia.
En su análisis, los autores señalan que el estrés extremo derivado de la pérdida de alimentos y vivienda puede incrementar el riesgo de agresión contra los menores, especialmente cuando coexisten problemas como el abuso de alcohol o drogas. Además, destacan que el hacinamiento en los albergues favorece la violencia sexual contra niños y adolescentes. Sin embargo, existe otro peligro latente del que se habla poco: la trata de personas.
Este delito implica la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas mediante engaño, amenazas, abuso de poder, coerción o aprovechamiento de situaciones de vulnerabilidad, con fines de explotación. Las formas más comunes incluyen la explotación sexual, el trabajo o los servicios forzados, la mendicidad forzada, el matrimonio forzado, el reclutamiento de niños y adolescentes para actividades ilícitas o conflictos armados y la extracción ilegal de órganos.
La trata puede ocurrir tanto dentro del mismo país como a través de fronteras internacionales. Aunque cualquier persona puede convertirse en víctima, existen grupos con mayor riesgo debido a condiciones de vulnerabilidad, entre ellos las personas migrantes y refugiadas, las mujeres y niñas, las personas desplazadas por crisis humanitarias o en situación de pobreza, las personas con discapacidad o sin redes de apoyo y, sí, las víctimas de desastres naturales.
En el marco del Día Mundial contra la Trata de Personas, debemos levantar la voz por los hijos del terremoto. Aunque las autoridades y los organismos humanitarios aún no han divulgado la cifra de niños separados de sus familias, la protección de los menores no acompañados constituye una prioridad en la respuesta a esta tragedia nacional.
Entre las medidas urgentes destacan identificar a cada niño, facilitar su reunificación familiar, brindar acompañamiento psicológico, garantizar espacios seguros, reforzar los controles en hospitales y refugios y notificar de inmediato cualquier intento de traslado fraudulento.
En medio de la confusión, ningún niño debe quedar desprotegido. Conocer estos factores de riesgo permite a las organizaciones humanitarias fortalecer las estrategias de prevención y protección. Pero ninguna respuesta institucional será suficiente sin la participación de la sociedad. Atrévete a denunciar.
A pesar del aumento de la violencia durante las emergencias, muchos casos nunca llegan a conocerse. El colapso de los servicios públicos y la ausencia de mecanismos de protección dificultan la identificación y el registro de estas agresiones.
La infancia venezolana es una responsabilidad de todos. Una alerta a tiempo puede salvar vidas.
Klieber sobrevivió a lo peor. Ahora debemos asegurarnos de que él y todos sus hermanos en el dolor superen los peligros que sobrevienen tras la emergencia. No basta con rescatar a los niños de los escombros; debemos impedir que caigan en manos de quienes buscan sacar provecho de su vulnerabilidad.

