Hagamos las paces.
Hay bajo el sol un momento para todo, y un tiempo para cada cosa”, leemos en el Eclesiastés 3. Y nos va enumerando: tiempo para nacer, tiempo para morir, tiempo para plantar, y tiempo para arrancar lo plantado; tiempo para demoler y tiempo para edificar; tiempo para llorar y tiempo para reír…tiempo para abrazar y tiempo para abstenerse de ellos…
¿Cuál es el tiempo de muchos venezolanos hoy después de los terremotos del 24 de junio? Ha sido tiempo para llorar, para todos esos hermanos que perdieron familiares, o perdieron sus casas, ha sido tiempo de anotarse como voluntarios para ayudar en las zonas afectadas o para ayudar en los centros de acopio… Y aún los que estamos en estados que no fueron afectados físicamente, ha sido tempo para sacudir nuestra mente, tiempo para estar tristes, angustiados…
Va siendo hora de ir retomando nuestra cotidianidad, poco a poco, sin dejar de rezar por nuestros hermanos afectados y sin dejar de extender nuestras manos con acciones solidarias.
Recuerden que no es conveniente engancharse con los noticieros todo el tiempo. Hay que estar informados, pero no podemos pasar el día y la noche viendo noticieros.
En la familia, los que tienen hijos en edad escolar, ya el año terminando, hay que sentarse con ellos para ponerse de acuerdo en esas rutinas de las vacaciones: horas para levantarse y acostarse, por supuesto podrán dormir más, pero es bueno que se repartan las tareas hogareñas y no le toque todo a la mañana; también es bueno un rato de lectura para los que están en primaria, deporte, juegos, si es posible con compañeritos que vivan cerca.
Recuerden de dedicar tiempo de calidad a la familia: conversar, jugar, rezar, dar gracias por estar vivos…
Importante también que los adultos procuremos conversar con vecinos, sobre la situación, lo que nos preocupa, no sólo las consecuencias de los terrenos, también esos elementos que nos preocupaban antes del 24 de junio, el tema de los derechos humanos, la inflación… Evitar estar quejándonos y mas bien qué podemos hacer por mejorar la comunidad donde vivimos…
Es bueno también ir cultivando la resiliencia social, es decir, aprender de las dificultades, no cometer los mismos errores… El padre Danny Socorro, sj, psicólogo, director de la escuela de Piscología de la UCAB, dice que los venezolanos somos expertos en resiliencia individual pero enanos en resiliencia social.
Cultivar la cultura del encuentro, como lo recomienda el papa Francisco en su Fratelli Tutti. Juntarse para trabajar por la comunidad también ayuda a recuperar el tejido social, establecer lazos de confianza…Citamos de nuevo al padre Danny: según los estudios hechos por ellos, el 81% de los venezolanos nos hemos vuelto desconfiados, solo confiamos en la familia. Repito que juntarse para hacer acciones a favor de la comunidad, y ahora también a favor de los hermanos damnificados, hace que confiemos en los demás.
Los expertos en resiliencia recomiendan cultivar el buen humor, la risa – no la burla – reír, ayuda mucho. Nosotros añadimos que sonreír, al saludar, al pedir algún favor, al despedirnos, es saludable para la salud mental y física.
En fin , retomar poco a poco nuestra cotidianidad, con algunos añadidos, siendo resilientes, reflexionando y pensar antes de actuar, sembrando esperanza al ver la solidaridad de tanta gente, respirar profundo cuando se nos vaya la electricidad… Hay que animarnos para reconstruir el país y soñar con un país fraterno, inclusivo, justo…

