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Luis Fuenmayor Toro: Los terremotos, la ayuda humanitaria y la intervención

 

Los sismos del 24 de junio pasado son los más intensos y destructivos que se hayan documentado en Venezuela en toda su historia, con excepción del terremoto de 1812. Los efectos de la experiencia vivida se han prolongado por varias razones: la gravedad de la misma y la continuación de movimientos telúricos menores, que obedecen, por lo menos los más recientes, a la activación de otras fallas geológicas de nuestro suelo. Hubo una respuesta gubernamental inmediata: la posible, dada la situación y condiciones críticas existentes en Venezuela desde hace ya muchos años, las restricciones graves producidas por la agresión imperial del 3 de enero y las limitaciones profesionales, sociales y políticas del aparato gobernante actual. A esto se le añade, el sabotaje de todas las acciones del gobierno, por parte de una oposición deshumanizada, perversa y repugnante, y las acciones delictivas de elementos pertenecientes a la podredumbre social, presentes en todos los sectores, que siempre aprovechan lo que sea para satisfacer su rapiña.

Conocemos bien los gritos y denuncias desaforadas, sobre todo en las redes, de quienes sólo han estado presentes, para tratar de sacarle provecho político a los muertos y los sepultados vivos, a la sangre y la destrucción, al inmenso dolor de familiares y amigos y a la gran tragedia que significa haberlo perdido todo. Lamentablemente, la descomposición social existente da origen a una fauna de degenerados, que son incluso peores que quienes en 1812, atribuyeron la destrucción por el terremoto del 26 de marzo, a un castigo de Dios por su desacuerdo con las acciones independentistas de entonces. Siempre y en todas partes, los grupos políticos y sociales más atrasados, aprovechan depravadamente este tipo de fenómenos naturales, para tratar de avanzar en sus propósitos egoístas y deshonestos. Nada nuevo bajo el sol.

La ayuda internacional no tardó en presentarse y ha sido muy importante en el aporte de insumos básicos, agua, alimentos y medicinas y muy dedicada y eficiente, en el traslado de grupos humanos especializados en rescates de México, Chile, Colombia, Suiza, EEUU, España, Italia, Alemania, Ecuador, El Salvador, Francia, Jordania, Katar y Cuba, que trabajaron con nuestros rescatistas de defensa civil, cuerpos de bomberos, efectivos militares y voluntarios de todo el país. Catorce hospitales de campaña con quirófanos fueron instalados: ocho en La Guaira y seis en Caracas por Brasil (1), Japón (1), EEUU (1), Reino Unido (1), El Salvador (1), la ONU (3), España (1), Colombia (1), México (1), India (1), Katar (1) y Rep. Dominicana (1). El gobierno incorporó varios hospitales nacionales: Vargas, Lídice, El Algodonal, Los Magallanes, Militar, Domingo Luciani, Pérez de León y 12 clínicas privadas, en la atención a heridos y traumatizados.

Lamentablemente, la ayuda humanitaria ha servido para que EEUU despliegue dentro de Venezuela un número de militares importante, cuyas actividades van mucho más allá de las necesidades de la emergencia y de la ayuda humanitaria. La Guaira es el sitio de llegada de los buques de guerra y de los “marines” gringos, cuya presencia en el Caribe venezolano es más que evidente. Sus helicópteros vuelan libremente en los cielos caraqueños y otro tanto hacen sus aviones militares, lo que posiblemente se extiende a todo el territorio nacional. Ya habían participado en combates dentro del país, como el habido en las zonas mineras. Actualmente, controlan el aeropuerto internacional de Maiquetía o, por lo menos, eso han declarado públicamente, y también han dicho que no se irán hasta que se completen las labores de reconstrucción, que ellos dirigirán.

Todo el mundo sabe lo que este tipo de ocupación militar significa y más en nuestro país, invadido y bombardeado el 3 de enero pasado y transitando un período de más de seis meses de tutela gubernamental, en la que el gobierno de Donald Trump decide sobre la explotación y comercialización de nuestro petróleo, de los yacimientos de gas natural, de la producción de ciertos minerales y compuestos estratégicos, sin entregar los montos correspondientes a sus ventas en el mercado internacional, ni dar explicaciones de ningún tipo. Son situaciones de dependencia que han vivido países derrotados en guerra como Japón y Alemania, y que en alguna forma viven naciones como Filipinas y Corea del Sur. Al respecto, preocupa enormemente el total silencio gubernamental, pues sin duda están estableciendo en Venezuela una cabeza de playa para la ocupación militar permanente.

Los venezolanos patriotas no aceptamos ni tutelaje, ni una soberanía condicionada. Resolver esta situación es la prioridad de la nación, si queremos seguir existiendo como república independiente. La unidad nacional debe ser con ese propósito.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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