Sin pasar la página, hay que reconocer y actuar en consecuencia que vamos entrando poco a poco en el día después de los dos terremotos que asolaron el centro norte costero del país, llenándonos a todos de consternación y desasosiego. Tenemos que entrar al futuro implacable a pesar del duelo que llevamos clavado en el espíritu y cuerpo. También esperanzados por la impactante solidaridad nacional e internacional que explotó con ingenua racionalidad pero cargada de persistente acción material. Ya va siendo hora del hacer pedagógico con dimensión nacional sin desmedro, por supuesto, de lo que hay que seguir para poner las cosas en su lugar y aliviar los sufrimientos de los afectados por los sismos. Conscientes de las sombras que nunca faltan y el amarillismo social que a vece eclipsa la percepción que merecen las actuaciones del signo que sean, cuando muestra ingenio y desprendimiento para aliviar los terribles reveses humanos, aquí en la tierra, cuando la naturaleza muestra su rotunda soberbia. Es hora de avanzar en mejorar el lugar que ocupa nuestra educación en la dinámica que cuenta para el crecimiento racional de país.
Estamos obligados a pensar y actuar, con independencia respecto a quien no lo haga genuinamente, en la dirección y sentido político-pedagógico para que la Educación Pública, la administrada por el Estado Venezolano, recupere sus mínimos y máximos habituales, y se ponga en sintonía con los grandes desafíos que plantea la sociedad mundial contemporánea, cuando estamos en el segundo cuarto del siglo XXI.
El mayor de esos retos a nuestro pedagógico ver, es la construcción de sistemas pedagógicos que ayuden al desarrollo sostenido y sustentable con incuestionable justicia social (de clase, sexo, origen nacional, o cualquier otra distinción que se pueda hacer entre iguales) Que en el caso de Venezuela, se traduce en la posibilidad de construir un sistema educativo escolar que convierta lo que establece la Constitución vigente en hechos contables, más que en deseos extrasensoriales, como ha sido el caso de la actuación pedagógica del poder impuesto. Hoy asistimos a una oportunidad para vislumbrar aportes reales a los cambios que el país reclama y necesita, para pasar del sueño a la realidad posible. Cuando parece instalarse en la sociedad un ambiente propicio para avanzar en la educación de calidad para todos. Cuando se abren las oportunidades para acentuar la voluntad creadora con norte franco en la recuperación de la Democracia.
Una iniciativa que saludamos y nos disponemos a apoyar entusiastamente desde la Memoria Educativa Venezolana es la que propone el Profesor /Doctor de la Universidad Pedagógica Libertador (UPEL) Pablo Ríos en dos etapas. La primera de las cuales tendría que ver con la reconstrucción de las instituciones afectadas y la recuperación afectiva del factor humano correspondiente. Y la segunda, de mediano plazo, como contribución a la estabilización política y social del país en términos pedagógicos que obliga una transición a la democracia nacionalmente orientada y pactada por todas las fuerzas (nacionales, internacionales, privadas o públicas) comprometidas con el destino democrático del país, que en lo que compete a la necesidad de fortalecer el factor humano para que la Educación Nacional, administrada pública o privadamente, sea efectivamente instrumento en las realidades y potencialidades que representa el siglo XXI. Ambas propuestas se transcriben en la sección de Materiales para la transición a la democracia del número 1069 la segunda y en el venidero 1.070 la primera y más urgente. po
Desde la necesidad urgente de movilizar la voluntad creadora del trabajo en educación e incorporarnos a iniciativas como la que plantea el Profesor Rios, hemos publicado un libro titulado Luz en el túnel, a manera de contribución a la reforma educativa que acompañe la necesaria y urgente transición a la democracia en Venezuela, que puede ser revisado libre y gratuitamente en ZENODO. También aspiramos a apoyar la iniciativa del profesor Rios con la publicación un libro que hemos titulado Textos y pretextos para el avance de la función docente bajo ambiente de transición a la democracia, que esperamos salga al escrutinio público a mediados de septiembre y en ocasión de la apertura del año académico 2026-2027 en educación básica y superior.

