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Luis Alonso Hernández: Dos radiografías de Venezuela después del terremoto

 

Los terremotos acontecidos en Venezuela dejaron al descubierto dos radiografías completamente distintas del país. Por una parte, la inmensa solidaridad del pueblo venezolano, presente en las calles desde el mismo instante de la tragedia, ayudando a punta de pico y pala para salvar vidas, distribuir alimentos y abrazar a quienes lo perdieron todo. Los ciudadanos demostraron de qué están hechos. Eso emociona y nos llena de esperanza con miras a la reconstrucción de un país golpeado durante casi treinta años por la revolución chavista y, ahora, por la fuerza de la naturaleza.

Ver a la gente aportando lo poco o mucho que tiene llena de orgullo. Definitivamente, uno se siente optimista al presenciar la empatía desbordada en los sitios afectados. Esa reacción espontánea me ratifica que, si Venezuela contara con gobernantes moralmente aptos, preparados y, ante todo, humanos, la historia sería muy distinta. Y precisamente aquí aparece la otra radiografía.

Los terremotos también dejaron al descubierto la ineptitud del gobierno venezolano para enfrentar una emergencia de semejante magnitud y la profunda descomposición de unas Fuerzas Armadas cuyo uniforme carga demasiadas manchas: las de la ineficiencia, la corrupción y la represión.

Mientras la ciudadanía se volcaba a las calles apenas dejó de temblar la tierra, muchos militares aparecieron días después y, en algunos casos, más que facilitar las labores de rescate, terminaron entorpeciendo el trabajo de brigadas internacionales. Una tragedia de esta magnitud también puso en evidencia la escasa inversión y el poco interés del régimen en fortalecer la capacidad del país para responder a desastres naturales.

Es justo reconocer el extraordinario trabajo realizado por bomberos, funcionarios de Protección Civil y cuerpos policiales que, con recursos limitados, han trabajado sin descanso junto a la sociedad civil. Sin embargo, uno de los rescatistas en La Guaira resumió la realidad con una frase que estremece: “Sin equipos no rescataremos vidas, sino cadáveres.” Una sentencia que desnuda décadas de abandono institucional.

Por fortuna, llegaron equipos especializados del extranjero con modernos escáneres y tecnología de búsqueda que permitieron localizar a decenas de personas con vida bajo los escombros. La gente de bien estará eternamente agradecida por la solidaridad expresada por El Salvador, México, Chile, Argentina, Estados Unidos y varios países europeos, presentes en Venezuela con un único propósito: salvar vidas.

Mientras tanto, algunos dirigentes políticos intentaban convertir la tragedia en una plataforma de promoción personal y ciertos influencers demostraban, una vez más, que en sus cabezas abunda más el aserrín que la sensibilidad humana.

Confiamos en la Divinidad y en las reservas morales del pueblo venezolano para afrontar lo que viene. La reconstrucción no será sencilla, pero voluntad sobra. Eso sí, debemos permanecer vigilantes frente a quienes pretendan hacer negocios con el dolor ajeno. Ya comienzan a conocerse denuncias sobre conductas deshonestas por parte de algunos funcionarios, funerarias y hasta trabajadores de las morgues. En medio del sufrimiento de miles de familias, la corrupción vuelve a mostrar su rostro más miserable.

Los terremotos también nos dejaron una lección que no podemos ignorar. Las tragedias naturales no distinguen ideologías; la diferencia la marca la fortaleza de las instituciones encargadas de responder a ellas. Venezuela merece un Estado que esté a la altura de la solidaridad de su gente. Solo entonces podremos decir que comenzamos, de verdad, la reconstrucción del país.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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