Hay más riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer. Un estudio asegura que el impacto es pequeño, pero consistente y lo achaca al estrés provocado por la amenaza y a la contaminación que genera el humo.
La huella de los incendios forestales va más allá de lo que alcanza la vista. Cuando se apagan los bosques en llamas y desaparece el humo en el cielo, se queda latente una cicatriz impredecible: la de las consecuencias en la salud a corto, medio y largo plazo. La exposición a los fuegos puede enfermar e impactar en todas las etapas de la vida. Incluso, antes de nacer, según un estudio publicado este miércoles por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). En esta investigación, los autores concluyeron que la exposición a un incendio durante la gestación eleva el riesgo de parto prematuro y bajo peso al nacer. Los hallazgos se suman a la evidencia creciente sobre los efectos que los incendios pueden causar en la salud, un abanico de daños de diversa consideración y que, en el peor de los escenarios, pueden abocar a la muerte: un estudio calculó que, durante las dos primeras décadas de este siglo, alrededor de 1,5 millones de muertes anuales estuvieron asociadas a la contaminación derivada de los fuegos.
El impacto negativo sobre la salud prenatal, dicen los investigadores de la UAB, es pequeño, pero consistente. No son resultados alarmantes. No es lo mismo que beber alcohol o fumar durante todo el embarazo. Pero aunque sea un impacto pequeño, no es minúsculo: aumenta un 10% la probabilidad de bajo peso al nacer. Y la cuestión es que esto es evitable, conviene María Rubio-Cabañez, investigadora del Centro de Estudios Demográficos de la UAB y autora del estudio. Los firmantes piden que las embarazadas sean tratadas como un colectivo especialmente vulnerable durante las emergencias provocadas por los incendios forestales.
La literatura científica ya ha ido trazando en los últimos años un croquis del impacto de los fuegos en la salud. Una revisión científica reciente señalaba, de hecho, que los incendios afectaban de una forma intrincada y a varios niveles. Más allá de los riesgos inmediatos como problemas respiratorios, eventos cardiovasculares y quemaduras, sus efectos duraderos incluyen la exposición prolongada a la mala calidad del aire, el desplazamiento de la población, la interrupción de la atención médica, el trauma psicológico y los impactos económicos negativos, subrayaban los autores. En concreto, en embarazadas, otras investigaciones apuntaban también que la exposición prenatal a partículas contaminantes PM2.5 específicas de incendios forestales estaba asociada con un mayor riesgo de resultados adversos en el parto.
La nueva investigación de la UAB, publicada en su revista Perspectives Demogràfiques, ahonda en esta línea de trabajo y, cruzando datos de 3,4 millones de nacimientos registrados en España entre 2008 y 2021 con la exposición prenatal a grandes incendios (superficies quemadas de más de 500 hectáreas), concluye que las madres expuestas a un gran incendio forestal durante el embarazo tuvieron una mayor probabilidad de dar a luz a bebés con menos peso y más prematuros. Estas complicaciones se relacionan con más riesgo de problemas respiratorios o dificultades en el desarrollo a lo largo de la vida de estos bebés, recuerda Rubio-Cabañez.
Los autores plantean que los fuegos perjudican el embarazo a través de dos mecanismos: el estrés y la contaminación del humo. Por un lado, dicen, los incendios alteran la vida cotidiana (pueden obligar a evacuar familias) y generan miedo e incertidumbre, unas situaciones de estrés que pueden elevar los niveles de cortisol en las embarazadas, desencadenando respuestas fisiológicas que interfieren en el desarrollo fetal. Por otra parte, agregan, los incendios también liberan grandes cantidades de partículas finas (PM2,5) que penetran profundamente en el sistema respiratorio y entran al torrente sanguíneo, provocando respuestas antiinflamatorias y estrés oxidativo que alteran la transferencia de oxígeno y nutrientes al feto.
Lo que no pueden decir los autores, en este caso, es qué afecta más a los resultados en la salud prenatal, el estrés o el humo. Tampoco podemos decir qué efecto viene por estrés o por contaminación, aunque sí sabemos que la contaminación abarca a más gente y es menos visible, reflexiona la autora. Eso puede provocar que haya embarazadas fuera del foco del incendio que estén expuestas a los riesgos del humo y no sean conscientes ni tomen precauciones.
Según la literatura científica, durante el embarazo, el sistema respiratorio de las mujeres es más vulnerable y experimenta cambios fisiológicos que podrían provocar que sus cuerpos ingieran concentraciones más altas de sustancias nocivas, lo que las hace más vulnerables a los contaminantes del aire.
El rastro del humo en la salud
Dice Rubio-Cabañez que sobre el impacto del fuego en la salud queda todavía mucho por saber. Lo que demuestran muchos artículos es que las partículas contaminantes del humo se están desplazando muchos kilómetros y falta por saber qué están haciendo, apunta.
Cathryn Tonne y Julia Moore, investigadoras de ISGlobal, coinciden en este extremo. Existe sólida evidencia de que la exposición al humo de incendios forestales aumenta el riesgo de mortalidad en los días siguientes. Sin embargo, se sabe mucho menos sobre los impactos acumulativos en la salud a lo largo de los años de episodios repetidos de humo de incendios forestales, exponen en una respuesta a EL PAÍS.
El estudio sobre mortalidad publicado por The Lancet en 2024 encontró que, entre 2000 y 2019, se produjeron 450.000 muertes cardiovasculares al año vinculadas a la contaminación de los incendios y otras 200.000 atribuibles a enfermedades respiratorias en este contexto. También existen indicios de otros efectos adversos tras la exposición al humo de los incendios forestales, como el empeoramiento del control de la diabetes, la enfermedad renal y afecciones neurológicas. Además de los daños físicos y psicológicos directos del propio incendio, el impacto en la salud mental derivado del desplazamiento, la pérdida de medios de subsistencia y la interrupción de la vida cotidiana es considerable y duradero, reflexionaba la revista en un editorial en 2025.
Otro estudio de ISGlobal publicado el año pasado y dirigido por Tonne, enfatizaba también que las partículas finas (PM2,5) procedentes de los incendios forestales suponían un mayor riesgo de mortalidad que las partículas contaminantes no relacionadas con fuegos. Su investigación mostró que la exposición a niveles más altos de partículas finas relacionadas con incendios aumentó el riesgo de muerte en los siete días posteriores a la exposición: por cada incremento de un microgramo por metro cúbico en la concentración de PM2,5, la mortalidad por todas las causas aumentó un 0,7%, la mortalidad respiratoria, un 1% y la mortalidad cardiovascular, un 0,9%.
Tonne y Moore insisten en que el humo afecta a más personas que el fuego en sí, ya que puede propagarse a grandes distancias. Y recuerdan que con el cambio climático, se dan las condiciones para que los incendios sean más frecuentes: Será fundamental fortalecer los sistemas de salud para hacer frente a los efectos del humo de los incendios forestales en la salud, avisan.
Jessica Mouzo – El País de España

