pancarta sol

Italo Zapata: El pragmatismo petrolero y el imperativo de una nueva estrategia de Washington

 

​Los últimos acontecimientos en Venezuela —profundamente marcados por la emergencia humanitaria derivada de los sismos de junio y la inocultable erosión institucional del país— colocan a la administración de Donald Trump ante un escenario ineludible: la obligación de revisar a fondo su estrategia de respaldo al régimen centralista de Delcy Rodríguez. El pragmatismo que prioriza pactos económicos de corta mirada y la flexibilización de sanciones sobre bases frágiles ya no es sostenible frente a la realidad del terreno.

​La necesidad de un viraje radical en la política exterior estadounidense se fundamenta en tres aspectos cruciales que demuestran por qué la actual estrategia de Washington ha entrado en un callejón sin salida:

​1. Incapacidad de gestión ante la tragedia vs. Falsa estabilidad

​Los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 no solo golpearon la infraestructura nacional, sino que desnudaron la incapacidad real del aparato estatal para dar respuesta a las necesidades más elementales de la población civil en momentos de catástrofe. Sostener y respaldar políticamente a un régimen que exhibe tal nivel de fragilidad administrativa y cuyo despliegue ante la emergencia es más militar que humanitario resulta un contrasentido estratégico. Washington no puede seguir justificando su apoyo en aras de una supuesta estabilidad territorial que, ante el primer embate de la realidad, se revela como un absoluto espejismo.

​2. El espejismo petrolero frente al vacío institucional

​El eje central de la aproximación de la Casa Blanca ha sido el acceso pragmático a la energía y la apertura a la privatización de la producción petrolera. Sin embargo, pretender que los acuerdos comerciales y financieros se sostengan en el tiempo sobre un vacío institucional y el vencimiento de plazos de legitimidad es una apuesta de altísimo riesgo. La historia demuestra que no hay seguridad jurídica ni inversiones seguras donde no existe un verdadero Estado de Derecho. El nuevo liderazgo democrático entiende que la reconstrucción del aparato productivo nacional debe estar ligada a la solidez de sus instituciones y no a concesiones cupulares inestables.

​3. Exclusión de las fuerzas civiles y la emergencia de un nuevo liderazgo

​La política exterior estadounidense no puede seguir cometiendo el error de ignorar a las fuerzas vivas de la sociedad civil organizada y a los liderazgos democráticos que operan desde el arraigo local. El verdadero contrapeso y la alternativa de gobernabilidad real provienen de una conducción con solvencia técnica que promueva la descentralización efectiva mediante la gestión directa de las comunidades y sus estructuras parroquiales. Apoyar un esquema centralista que ahoga la participación ciudadana y mantiene deudas históricas con los derechos humanos —incluyendo la urgente necesidad de una verificación transparente y con presencia de organismos internacionales como la Cruz Roja sobre la situación de los presos políticos— aleja a Washington de sus propios principios democráticos.

​El dilema ineludible: Sostener un fraude o reconocer a la gente.

​La administración de Donald Trump está obligada a entender que la verdadera estabilidad a largo plazo en Venezuela no se compra con incentivos económicos ni con pactos de conveniencia con un régimen fraudulento e inconstitucional. La reconstrucción democrática e institucional del país es un imperativo que requiere el reconocimiento de un nuevo liderazgo civil y de gestión técnica. El poder reside en la gente, y es hacia el fortalecimiento institucional interno y el respeto a la dignidad ciudadana hacia donde debe reorientarse, sin más dilaciones, la estrategia internacional.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
Tradución »