pancarta sol

Isabel Pereira Pizani: Venezuela y la gran oportunidad de humanizarnos

 

Para los que creen que nuestra gran riqueza es el petróleo, este articulo no será más que un trozo de “paja” escrito por alguien ocioso. Pero la invitación está abierta “al pensar” que, indudablemente, es nuestro equipaje inicial, la gran dote divina, podemos pensar “gran privilegio”.

Creo que los sismos que acabamos de sufrir, que nos duelen en carne viva, son quizás, si así lo decidimos, nuestra gran oportunidad de convertirnos en un país humanizado. Compartir, revolvernos ante el dolor de las familias, los niños desaparecidos entre escombros, los hombres llorando a sus mujeres amadas, algunos con martillos tratando de liberar a sus compañeras del aplastamiento. No se trata solo de un problema físico de placas tectónicas chocando, buscando un nuevo equilibrio, se trata de nuestras vidas, sentir la compasión, hasta ahora lejana, brotando como un sentimiento arrasador; llorar con las imágenes de la destrucción, dolor de hijos, de padres, de amigos, todo confundido en un desgarramiento de un alma que hasta ese momento considerábamos un depósito de cordura, racionalidad, lógica y, para algunos pocos, de ética. Una sociedad que consideraba como sus gurúes a los macroeconomistas que nos informaban sobre las fluctuaciones de la moneda, el precio del petróleo, las perspectivas de tener grandes ingresos, siendo en lo profundo un país habitado por gente pobre.

Gran riqueza bajo nuestros pies y pobreza derramada a lo largo del territorio, gente hasta hace poco tiempo sin esperanzas, con malas escuelas, maestros con hambre, asustados ante el temor de algún mal físico sin recursos para remediarlo y mucha gente en las cárceles por protestar, denominados presos políticos. Si denuncias el hambre, en el país con las mayores reservas petroleras del mundo, mencionas la miseria, eres candidato a ser un “preso político”. En este país los presos políticos no son los que están promoviendo un cambio de gobierno, son aquellos que tratan de defender a la gente de la miseria, de la desnutrición, del robo a las nuevas generaciones que crecen con déficits nutricionales irremediables.

Estamos en un momento del pensar, ¿somos en realidad un país petrolero? Vivimos de los sedimentos que se han acumulado bajo la tierra, que se devuelven en mucha riqueza material, motivo de una gran confrontación política sobre el uso de “esa riqueza” que estaba ahí, no la creamos, solo la sacamos a flote y la negociábamos, hasta hace poco.

Al crear nuestra sociedad, vale decir Venezuela, creo que nos hemos conformado con mendrugos banales, apariencia derivada de la plétora material, pero a costa de la riqueza del humanismo. Es difícil entender por qué tanta riqueza natural depositada en nuestro territorio. Cuál dedo mágico decidió depositar los grandes depósitos de petróleo, oro, piedras preciosas en nuestros predios. Es un azar o quizás un desafío, probar que la riqueza material no resuelve si no priva el humanismo. Dios nos regaló Guayana y no hemos sabido qué hacer con ese inmenso tesoro natural.

Si quisiéramos definir este término humanismo, nos veremos en grandes aprietos. Será que humanismo se refiere a la morada del ser, a la existencia de una dimensión espiritual que nos separa del resto de seres vivientes en la escala zoológica. Por lo pronto, quizás lo prudente sería agudizar nuestra posibilidad de comprensión a lo que nos enfrentamos, somos un país con capacidad de tomar decisiones basadas en grandes acuerdos o estamos dando tumbos, esperando decisiones de quienes nos desconocen, no saben quiénes somos y qué podríamos ser.

Me atrevería alanzar una invitación, ¿más allá de cuál sería nuestra moneda “el dólar o el bolívar”? pensemos en qué mundo quisiéramos vivir y comencemos a intercambiar aspiraciones, motivos para seguir viviendo. ¿Qué podríamos inventar en La Guaira? ¿Cómo deberían ser nuestras escuelas y quiénes serán los maestros? ¿Se podría convertir el INCE en un aula abierta para todos los jóvenes que quieran trabajar en aquello que les gusta, técnicamente, artesanalmente, creativamente, científicamente?

Como es seguro que seguiremos teniendo petróleo, ¿qué hacemos con la riqueza que aporta? Propongo que aprendamos de otras mejores sociedades. Veamos que la riqueza del petróleo podría ir a un Fondo Soberano, esto últimos quiere decir que está fuera de la rapiña y la corrupción de manos ávidas. Este Fondo hará que el petróleo sí aporte felicidad.

Este ejemplo lo tenemos en las narices: el Fondo Soberano de Inversión de Noruega (conocido oficialmente como Government Pension Fund Global) es el vehículo estatal de ahorro e inversión más grande del mundo. Creado para invertir los ingresos del petróleo y el gas, garantiza el bienestar de futuras generaciones y protege la economía nacional de la inflación.

Características Principales

Su objetivo es preservar la riqueza nacional noruega a largo plazo, financiando el sistema de pensiones y el gasto público.

El alcance global: para evitar recalentar su propia economía, el fondo invierte exclusivamente en el extranjero. Posee participaciones en más de 9.000 compañías a nivel mundial, abarcando acciones, bonos de deuda e infraestructura de energía renovable.

Opera e invierte: para proteger el patrimonio de los ciudadanos, el fondo distribuye su capital en mercados internacionales bajo una estricta gestión:

*Renta variable (acciones): aproximadamente 70% de su cartera.

*Renta fija (bonos): entre 20% y 30%.

*Inversiones inmobiliarias: destinos fuera de Noruega.

Los criterios éticos: el fondo no es solo una herramienta financiera, sino que opera bajo un riguroso mandato moral. Excluye de sus inversiones a empresas vinculadas con la violación de derechos humanos, graves daños ambientales, corrupción o la producción de armas nucleares.

En Venezuela no podemos ser un país donde lo que importa son las opiniones de los macroeconomistas, que no son filósofos, ni humanistas, ellos solo ven el vaivén de la moneda y la riqueza del país petrolero no es un tema ni su preocupación. ¿Cuál país somos? ¿Cómo vive la gente? ¿Hay alguna aspiración colectiva no materializada, pensada, deseada? No dependemos solo de la riqueza monetaria que nos arroje el petróleo, oigamos a la gente que piensa en nuestra calidad humana, en lo que debemos aspirar. Nuestras universidades viven en la miseria, sus profesores están en situación de indigencia, en plena pobreza. No existe una inversión orientada a la preparación de la mayoría de nuestros jóvenes “más de 80% son pobres” para incorporarse al mercado de trabajo. El INCE está muerto junto con 90% de nuestras empresas privadas, grandes, pequeñas y medianas, de eso se ha encargado el Saren con sus hordas de registradores despóticos y su controvertida ley “Fiscalización, regularización, actuación y financiamiento de las organizaciones no gubernamentales y organizaciones sociales sin fines de lucro”. Si el diablo fuese su autor no la habría hecho más letal para los empresarios y trabajadores (según informan, esta ley fue hecha por una misión cubana).

Todos los programas matutinos en los medios de comunicación se jactan de interrogar a los macroeconomistas sobre el futuro del país. No he visto ningún programa que invite a un filoso, a pensadores como José Rafael Herrera, Erik del Bufalo, Corina Yoris, Roberto Casanova a compartir sus aspiraciones ante sus grandes audiencias. Para qué ha servido tener una moneda fuerte, si la población, en su gran mayoría, sobrevive al margen de esa realidad. Vivimos la gran paradoja: nuestros salarios son los más bajos de occidente, aunque nuestras reservas petroleras sean las mayores del mundo.

¿Existe la posibilidad de aprender, después de la catástrofe de los guaireños, seremos un país humanizado?

Spinoza, uno de los grandes pensadores de la historia, afirmaba que no puede haber orden de las cosas sin orden de las ideas. Rehacer el país no solo es cemento y cabillas. Es democracia e instituciones, el cemento y las cabillas de la nación que tenemos que construir, Jose T. Rafael Herrera.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM