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Isabel Pereira Pizani: El quiebre institucional de Venezuela, ¿una oportunidad para la reconstrucción?

 

Uno de los impactos más fuertes de los sismos ocurridos en Venezuela ha sido el manifiesto quiebre institucional. Los ciudadanos viven en un clima de desprestigio de los tribunales y con ello del Estado de derecho, engañados burdamente por las autoridades electorales, avergonzados ante el comportamiento de las Fuerzas Armadas convertidas en obstáculos depredadores en medio de la crisis humana que explotó en La Guaira, gravemente afectados por la incapacidad manifiesta de atender a los lesionados, a los moribundos, causada por el abandono del sistema de salud. Quiebre evidenciado por la inexistencia de instituciones de apoyo a las familias ante el dolor por la pérdida de algunos de sus miembros. Una realidad que solo ha hecho patente el apoyo y solidaridad de países vecinos y de otros lejanos. Un tiempo en el cual se ha evidenciado la calidad humana y el desprendimiento de nuevos personajes como Nayib Bukele que se compromete hasta el final con los venezolanos, la presencia de Chile y México, la gente venida de España a rescatar sobrevivientes de los escombros. Un total de 24 países han proporcionado asistencia directa a Venezuela, enviando más de 707 mil toneladas de ayuda humanitaria y desplegando más de 3.300 especialistas internacionales.

Estados Unidos, a través de sus agencias, ha colaborado con imágenes satelitales de evaluación y un contingente de rescatistas.

Países Bajos: destinó un fondo de €2 millones (más de US$2.2 millones) para enviar equipos de rescate.

China y Turquía: han aportado toneladas de suministros humanitarios y personal de salud, además de brigadas especializadas.

México, Chile y España han movilizado expertos en búsqueda y rescate, sumándose a las más de 25 brigadas internacionales coordinadas en el país.

A esta terrible realidad se suma el descubrimiento de pavorosos fraudes contra la gente más humilde, descubrir que la Misión Vivienda era una gigantesca estafa del gobierno socialista contra los más pobres. Las casas no eran más que ataúdes construidos por la rapiña, por el asalto sin piedad a los recursos públicos. Encontrar vigas de anime en las casas obtenidas por los más pobres fue casi como una puñalada en el corazón.

Vivimos como si el Estado no existiera, sin escuelas, con maestros y pupilos en el abandono, sin mecanismos para proteger nuestra salud, alertas ante la violencia de “protección policial” que no es más que una turba de asaltantes al ciudadano desprevenido. Poseídos por el temor ante los arrebatos de los miembros de las Fuerzas Armadas que obedecen irracionalmente consignas contra el ciudadano. Un país “petrolero” donde las instituciones que, si representan a los más pobres, a los presos políticos, funcionan a pulmón propio contra viento y marea, defendiéndose de los abusos gubernamentales.

El resumen de este pavoroso drama nos lleva a pensar que es tan terrible la intensidad de los sismos como descubrir que el Estado es un enemigo del ciudadano. No hay un clavo ardiente del gobierno al cual aferrarse, no se puede creer a los que controlan ese poder fatal que tienen entre sus manos.

El aprendizaje que tenemos enfrente los venezolanos es que nuestra mayor urgencia es reconstruir las relaciones entre el Estado y los ciudadanos, enfrentar una crisis institucional que nos hace temer de las instituciones públicas, que no resuelven nada y tratan de timar, asaltar en cada acto al ciudadano desprevenido.

En nuestra defensa es importante reconocer que quienes nos gobiernan no fueron elegidos por el pueblo, las instituciones convertidas en mafias han sido producto de un asalto al poder por bandas que no fueron elegidas por los ciudadanos, respaldadas por unas fraudulentas autoridades electorales. Maduro no fue elegido por el pueblo, Delcy ha sido impuesta en comandita con su terrible hermano para ejercer un poder contra un pueblo victimizado por la falta de ética y responsabilidad de los que hoy detentan el poder.

Como todo lo malo, siempre hay alguna vertiente favorable y esta es la fuerza del nivel de conciencia que tenemos los venezolanos hoy sobre la inaplazable necesidad de reinventarnos. No podemos seguir manteniendo instituciones depredadoras, hay que tomar aire, respirar y comenzar a alentar la fuerza de la reconstrucción, un nuevo país que surja de los escombros.

El reto inexorable que tenemos los ciudadanos de hoy que librar es una nueva guerra por la independencia, antes fue contra España, ahora es peor porque es contra parte de nosotros mismos.

El Estado que construimos en las últimas décadas ha sido una especie de guarida contra la gente, dueño de todo, de nuestra libertad y de nuestras fuerzas para construir un futuro de bienestar.

Hay que ir hacia una especie de tabla rasa, no habrá estabilidad hasta que no podamos dar las señales del nuevo camino. Cómo puede alinearse la parte sana de nuestra sociedad para iniciar la reconstrucción. Tenemos un gran aval, un depósito de esperanzas que fueron las elecciones del 2024. Allí, contra todo pronóstico, se dio un milagro inesperado, los sectores populares dieron un contundente rechazo a la propuesta socialista. Maduro fue rechazado por los votantes que quedaban en Venezuela, los más pobres que permanecían en el país. Contra todo pronóstico, confiando en los mensajes de María Corina, que acababa de recorrer al país, fundida con el dolor y las esperanzas de viejos y jóvenes, mujeres y hombres, gente de todas las condiciones que sentían por primera vez, en más de veinte años, que una palabra sincera entraba en sus corazones.

No es fácil encontrar el camino de la reconstrucción moral e institucional, es un camino lleno de trampas, pero podemos nutrirnos con las imágenes de los barrios populares bajando a votar en silencio, eligiendo a un hombre noble, Edmundo González, como presidente de la república.

Hoy, los Estado Unidos tiene una gran responsabilidad con Venezuela y ante el mundo, por ello, solo pediríamos que en su oficina de mando en Caracas coloque gente con la calidad profunda de entender una situación tan difícil y compleja como la que vivimos los venezolanos. No es un problema solo técnico o económico, no se trata solo del petróleo, se trata de los seres humanos que vivimos en estas latitudes y frente a eso no se puede ser indiferente, ni solo operativo. Hemos caído en miles de trampas, los más pobres han alimentado falsas esperanzas, fue largo el camino para descubrir el engaño de Chávez, un hombre que quizás se mentía a sí mismo.

Hay que estar alerta ante la oleada de trasgresiones que pueden ocurrir, tales como las que decreta Delcy Rodríguez: “El artículo 6 indica que el Ministerio de Interior, a cargo de Diosdado Cabello, podrá dictar y ejecutar la ocupación temporal de instituciones y establecimientos públicos y privados, lotes de terreno o áreas que se requieran para la atención de la población y sectores afectados. Asimismo, podrá ejecutar, o hacer ejecutar, las requisiciones de bienes y servicios indispensables para la satisfacción de las necesidades de la población afectada”.

La ONG Acceso a la Justicia señala que el decreto de Estado de Emergencia firmado por la presidenta encargada Delcy Rodríguez, con motivo de los terremotos del miércoles 24 de junio, no se ajusta a lo establecido en la Carta Magna venezolana. “Al no estar fundamentado en el artículo 338 de la Constitución, que exige declarar un ‘Estado de Alarma’ para este tipo de calamidades, no es viable aplicar restricciones temporales al ejercicio de los derechos constitucionales, como está contemplado en el artículo 6 del decreto presidencial”, explica la organización.

Ejercer la vigilancia en Venezuela hoy, frente a un Estado contrario a las instituciones, es una tarea muy difícil. Para los Estados Unidos implica un trabajo doble, promover soluciones al país y al mismo tiempo vigilar los desmanes del régimen que aún mantiene restos de poder.

El camino de la reconstrucción de Venezuela pasa por el reconocimiento de las capacidades de los venezolanos, entender el nivel de conciencia de un pueblo en sus sectores más humildes -porque ya la clase media desapareció- que votó contra el régimen de Maduro, un evento político sin paralelo en Latinoamérica. Los más pobres ejercieron su voto contra el populismo, la corrupción y la destrucción de la libertad. Acabamos de asistir a eventos electorales en Perú y Colombia, en los cuales la diferencia entre los sectores de izquierda populistas y la tendencia liberal es de 50% para cada lado. Países donde la lucha contra el populismo, que permanece en la conciencia de los más pobres, aún está vigente.

Es tiempo de pensar en la reconstrucción institucional, recuperar el Estado de derecho, respetar la voluntad de la gran mayoría del país que ya expresó su opinión en las últimas elecciones, avanzar en el menor tiempo posible al restablecimiento pleno de la democracia como nuestro gran compromiso ético con la libertad y respeto a nuestra condición humana.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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