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Frasso: Rugió la tierra en Venezuela

 

Eran como las seis de la tarde, yo dormía una siesta y a esa hora me despertó mi hijo diciéndome que en el celular le indicaban la proximidad de un temblor. Se tiró en la cama. Me abrazó duro, duro como nunca, mi hijo amado, Sebastián Francisco. Me despertó y arrancó en ese momento a rugir la tierra.

La tierra que rugía, la tierra que lloraba, el edificio del Centro Polo parecía de verdad una gelatina.

Mantuvimos la fe en que eso terminaría en breves momentos. Quiero decirles que nunca había oído un ruido de tal manera y era el ruido de la tierra, el ruido de este concreto que aguantó lo que yo calculo casi un minuto de movimientos sísmico.

De este momento comenzó la aventura de cómo salir del apartamento, bajar 18 pisos con las piernas hinchadas y adoloridas y los nervios de punta.

La fortaleza de los 14 años de Sebastián me mantuvo en pie hasta la planta baja.

Allí lo que ví fue una escena de terror, todos los vecinos mirándonos y extrañados de estar vivos. Luego empezaron las noticias tristes: Se cayeron edificios en Altamira, los Palos Grandes, la Candelaria y empezó la emergencia. Hasta ese momento no sabíamos de la desgracia frente al mar en La Guaira.

El azul del mar se tornó turbio por el polvo  levantado, casi 800 edificios que fueron cayendo. Casas que eran refugios de amor y esperanza se convirtieron en tumbas de tantos venezolanos.

El techo que te cobijaba ahora te aplastaba de manera certera. Algunos salieron con vida con más de 100 horas debajo de aquellos techos, llenos de un concreto que se convirtió de esperanzas a una especie de maldición que acababa con la vida de los que allí fueron atrapados.

Creo no tener espacio ya en el sentimiento para que entre tanta situación de tristeza, de horror por lo que estamos viviendo ahora.

La Guaira parece estar destinada a vivir situaciones trágicas, pero también está llamado a convertirse en una esperanza que se levantará.

No cabe duda, nunca habíamos vivido esto a mis 70 años y más de 50 como Periodista. Nunca pensé vivir una situación como esta.

Me llena de nostalgia, que por motivos de salud no pueda estar en el combate con mi cámara, para que esto sea recordado eternamente y no nos olvidemos las víctimas de este terremoto.

Esperemos que esto no se convierta en noticia de ocho días y que pase al olvido todo lo que allí se ha vivido. Esperemos que continuemos encontrándonos con ese campo santo, que es ahora el estado de La Guaira, podamos seguir aportando esperanzas, sonrisas y amor a todo lo que allí queden y buscando dentro de los escombros o dentro de los espacios libres, la esperanza de encontrarse con las que ya se marcharon.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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