pancarta sol

Ezequiel Aranguren: Jorge Rodríguez nosotros sabemos leer la historia

 

Si se pone la naturaleza a nuestros designios, lucharemos contra ella  y haremos que nos obedezca. Simón Bolívar

Las tragedias de cualquier naturaleza traen como consecuencia, además del dolor y la desesperanza, posiciones que nada tienen ver con las causas del desastre. Ante el terremoto de 1812 se corrió de inmediato la especie de que “era un castigo divino contra la causa independendista”. Bolívar, visionario, político y profundamente humanista, le salió al paso a tan deshonesta versión y exclamó, “Si se opone la naturaleza a nuestros designios, lucharemos contra ella y la haremos que nos obedezca”. Era esta una respuesta Política ante aquellos que quisieron aprovechar la tragedia para evitar que la independencia quedase rezagada y así evitar que la moral de los patriotas se desvaneciera.

Los estrategas deben ir un paso delante, y eso fue lo que hizo Bolívar cuando se percató de que los realistas se aprovechaban del terremoto para convertirlo en política y propaganda religiosa. La catástrofe fue utilizada con doble propósito, como castigo divino contra la república y la independencia, así como también para desmoralizar a la población y mermar la legitimidad del proyecto de los patriotas.

El laboratorio montado por los realistas optó por construir una guerra simbólica cuyo único objetivo era debilitar sicológicamente la moral no sólo del ejército patriota sino del pueblo todo. Para ello utilizaron sus bajos instintos, se convirtieron en defensores del orden, la religión y la estabilidad. Se aprovecharon del alto grado de analfabetismo que ellos mismos desatendieron y utilizaron los púlpitos de las iglesias para asociar las escrituras con el desastre causado por la naturaleza y encausarlos a la obediencia del poder español.

Por el contrario, Bolívar, consciente de tal despropósito, trazó sus líneas de acción. Por un lado, habría que mantener muy en alto la moral de los patriotas a la par de convertir su narrativa política en la imperiosa necesidad de preservar la independencia como única vía para reconstruir Venezuela.

La historia no se repite, pero si se aprende de ella. Nosotros sabemos leer la historia y ella, en estos momentos nos está marcando un camino muy firme que nos obliga a tomar decisiones históricas por muy complejas que sean, pues convencidos como estamos de que en las actuales condiciones donde hemos perdido la REPÚBLICA Y Convertida Venezuela En Un Estado Fallido, resulta absolutamente imposible revertir la catástrofe social, económica y política.

Los sobrevivientes están desesperados no sólo por la pérdida sino por el abandono. Cuando el Estado no aparece el duelo deja de ser personalísimo para convertirse en grupal, colectivo donde sienten por igual el desamparo ya que no se trata sólo de enterrar a sus muertos sino de sentir la ausencia del Estado. Perdido ese sentido de protección se asoman sentimientos de rabia, de ira contra aquellos que no estuvieron en el momento donde más los necesitaban, es decir, se transforma la tragedia en POLÍTICA.

La tragedia se transforma en política, no porque unos aprovechadores de oficios es lo que desean para atacar al Sistema Político que hoy gobierna, sino porque surge un sentimiento nacional de reproche ante las falencias más que evidentes demostradas por el equipo gubernamental y como el pueblo tiene memoria, lo relaciona con quienes ubicaron a esas víctimas en terrenos y viviendas que no aguantan un soplo de desgracia.

Ante el insólito paseo de Nicolás Maduro Guerra y otros dirigentes políticos del PSUV por las calles arruinadas de La Guaira, la señora Damely Yaneth Díaz, a quien visualizo como interlocutora de todas las víctimas de la tragedia, le dijo al susodicho Maduro Guerra, en alta, clara e inteligible voz, “Todos ustedes tienen que ir presos”. “Yo no perdí una cocina, yo perdí una hija”, “El régimen construyó viviendas de papel”.  Aquí la señora Damely ante la desgracia ya causada, ahora lo que clama es por justicia. Una investigación multidisciplinaria, llevada con ética por profesionales idóneos y que concluya en responsabilidades administrativas a que haya lugar. Obviamente, esto llevará tiempo, pero, no se puede seguir ocultando la verdad y lo que es peor, repetir el mismo error una y otra vez. La tragedia de Vargas de 1999 así lo señala.

La tragedia de Vargas es importante para el análisis de lo que aquí trato porque a las claras se advierte de la relación política y social muy entrelazadas, a la cual, en ese entonces, los mismos que hoy nos gobiernan enfrentaron la situación, se vieron obligados a fijar posiciones políticas para estabilizar el Estado y la Nación.

La tragedia de Vargas inició el 14 de diciembre de 1999. Presidente Hugo Chávez y el legislativo estaba en manos de la Asamblea Nacional Constituyente quien había convocado a un Referéndum que se llevaría a cabo el 15 de diciembre de 1999, es decir el mismo día en que la tragedia de Vargas estaba en pleno desarrollo con un poder destructivo avasallador. La decisión política tanto del presidente Chávez como del Poder Constituyente, fue continuar adelante con la consulta obviando a las zonas de desastre.

La narrativa política asoció el nacimiento de la Constitución con la refundación del Estado. La narrativa popular era lo opuesto, dieron prioridad a la consulta antes que a las víctimas. El 16 de diciembre de 1999 la Asamblea Constituyente decretó estado de alarma en el Distrito Federal que incluía Vargas y otros estados.

Independientemente de la forma que tomó el gobierno de Chávez lo que se entendió es que con una Constitución moribunda, como él mismo solía decir a la Constitución del 63, no podía erigirse el “nuevo” Estado y priorizó su aprobación aún en medio de la tragedia, como si las victimas tenían posibilidad de resistir hasta que el Estado llegara a cumplir con su deber.

Al presidente de la actual Asamblea Nacional parece que se le olvidó, no sólo la historia, la de Bolívar quien hubo de luchar en dos terrenos no buscados por él, el terremoto y los realistas que no aceptaban la nueva Constitución. En sus declaraciones traídas bajo la manga, cuando la periodista solicitó su opinión sobre el vencimiento de la presidencia encargada y la suerte del TSJ y CNE, o si están descartas unas elecciones presidenciales en el país. Entre otras cosas, éste declaró, “Nosotros no tenemos cabeza para estar pensando en un CNE o un TSJ. Estamos pensando en las personas que han sufrido lo indecible en el país. Es un irrespeto, es una grosería, es mentarle la madre estarse poniendo a reunir entre políticos para estar decidiendo quien va para el TSJ o el CNE.”  Se le olvidó Chávez y la Constituyente. ¿Habría que mentarles la madre? Ummmmm, no creo.

Se pudiera inferir que la respuesta de Jorge Rodríguez es más política que social. Quizá le golpearon al rostro las palabras de doña Damelys Yaneth Díaz, quizás, quizás, pero, estas expresiones son del colectivo en general. Encajan más en el orden político.

Es archiconocido el hecho que quien dirige, ordena, decide en el día a día en nuestro país es Marco Rubio, y las posiciones de peso las anuncia Donald Trump. El cambio ocurrido en la Casa Blanca para con Venezuela no es del beneplácito del triunvirato, pues, sencillamente coloca las cosas en su santo lugar, ahora entra en juego María Corina Machado. Y esto no fue que metieron la mano en el sombrero, sino que ella siempre estuvo presente, tal como lo señala Trump. ¿Será que Jorge Rodríguez, en su calidad de presidente de la Asamblea Nacional, pretende abrir un escenario para enfrentar decisiones de Rubio y crear un caos? Ahora toca esperar las reacciones del triunvirato.

Es un hecho, María Corina Machado más temprano que tarde nos sorprenderá con su presencia en tierra patria. Sus posiciones no pueden ser de confrontación. Ella está del lado de los más fuertes, caso contrario, la debilidad extrema del triunvirato queda al desnudo. María Corina no está pidiendo elecciones ya, sólo expresa la posición popular, Hoja De Ruta. Y para eso no hay excusas. Marcada la estrategia toca actuar para dar legitimidad a cualquier proceso sea este de negociación de deuda; de solicitar créditos para enfrentar la tragedia; para solicitar nos quiten las sanciones. Para enfrentar el hecho social y el político, tal como lo hizo Bolívar, es menester avanzar hacia la construcción del Estado y reconstrucción del Tejido Social.

Sociólogo

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM