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Eumenes Fuguet: Las lágrimas de Bolívar y de Sucre

 

Las lágrimas son la sangre del alma. San Agustín.

Nuestros grandes paladines, en sus trayectorias como denodados jefes y ciudadanos, en diferentes ocasiones, exteriorizaron y escribieron notas de emoción y profundo dolor…Hablaba entonces el corazón.

Sucre y Bolívar Batalla de Junín

Sucre y Bolívar en la Batalla de Junín.

El 22 de julio de 1813, cuando el joven combatiente de 14 de años, el merideño Gabriel Picón, a causa de un disparo de cañón, perdió la pierna derecha en el combate de Los Horcones; Bolívar, conmovido, desde Araure el 25 de julio, le envió un mensaje a su progenitor, el coronel Antonio Rodríguez Picón: Y tú, padre, que exhalas suspiros al perder el objeto más tierno, interrumpe tu llanto y recuerda que el amor a la Patria es primero.

(El coronel Rodríguez Picón, pensando que su hijo había muerto, a los pocos dias contestó: …yo no lloraré la muerte que ha contribuido a la libertad de Venezuela; y ojalá  que la sangre derramada, pero no perdida en la Campaña, aliente a sus hermanos, marchar sobre sus huellas  en el campo del honor).

El 16 de octubre de 1817, en Angostura, cuando oyó los disparos del pelotón de fusilamiento, que acabó con la vida del general en Jefe Manuel Piar, se comentó que Bolívar, derramó una lágrima por tan infausta muerte.

En Valencia el 25 de junio de 1821, luego de la magistral Campaña de Carabobo, al redactar el Parte de la Batalla al Congreso, Bolívar, al referirse a la muerte del coronel caraqueño Ambrosio Plaza, expresó:

El general Plaza es acreedor a las lágrimas Colombia.

El 15 de diciembre de 1819, al escribirle desde Angostura a los hermanos Francisco y Fernando Rodríguez del Toro, el Libertador dijo: Jamás pienso en ustedes, sin gemir; jamás escribo a ustedes sin llorar.

Luego de haber firmado con el jefe realista Pablo Morillo el 26 de noviembre de 1820, los Tratados en Trujillo, le informaba en una carta al general Santander:

La pureza de este lenguaje, que es ciertamente de sus corazones, me arrancó algunas lágrimas y un sentimiento de ternura.

En mayo de 1830, el general en jefe Antonio José de Sucre, al llegar a Bogotá procedente de Cúcuta, al no conseguir al Libertador, le escribió: …Adiós, mi general, reciba usted por gaje de mi amistad, las lágrimas que en este momento me hace verter la ausencia de usted.

El 2 de julio de 1830, al conocer, en La Popa de Cartagena, el vil asesinato en Berruecos del Gral. Sucre, el Abel de América, Bolívar le escribió a la viuda:

Todo nuestro consuelo, si es que hay alguno, se funda, en los torrentes de lágrimas, que Colombia entera y la mitad de América deben a tan heroico bienhechor.

A manera de epílogo, evocamos al poeta romano Ovidio con su pensamiento:

El alma descansa cuando echa sus lágrimas, y el dolor se satisface con su llanto.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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