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Eligio Damas: Sismos y gobiernos. Pérez Jiménez, sus obras públicas indestructibles y su cuidadosa supervisión

 

En términos de obras construidas, la calidad, trascendencia y durabilidad de las mismas, el gobierno de Pérez Jiménez, una dictadura, se lleva la palma. Y, además, es digno de destacar, como aquel dictador, personalmente, se ocupaba que las obras fueran bien construidas, de acuerdo a las normas y los términos establecidos en los contratos con las empresas respectivas. Se esmeraba en aquello como ningún otro gobernante lo ha hecho.

Caracas, la Guaira y sus alrededores, el 24 de junio fueron víctimas de una hecatombe; las capas de la tierra, en ese espacio y más allá, sintieron necesidad de moverse buscando equilibrio, ajuste. Aquel movimiento derrumbó todo aquello que no fue construido con la plasticidad y firmeza necesarias que impone el espacio, la superficialidad de la tierra, donde se asientan las bases de las construcciones; uno susceptible de expandirse, encogerse y hasta hundirse, siguiendo los ajustes iniciados en el fondo por necesidad de reacomodo. Existen prohibiciones y normas, pero a estas no se atienden si no hay quien de ello se ocupe o, quien debiéndolo hacer, mira a todos lados, menos hacia donde se debe por conveniencia.

Pérez Jiménez fue un dictador de verdad, no uno inventado por conveniencias de políticos de baja estirpe, corta visión y “tirapiedras”. Lo fue tal como “Chapita” Trujillo de República Dominicana, al cual se refiere Vargas Llosa en “la fiesta del chivo”; ellos ejercían el poder de manera unipersonal, no lo compartían con nadie, persona o instancia. No tenían iguales ni subalternos de mano larga. Hasta como Gómez mismo, quien fue más autoritario que los antes nombrados; ellos no tenían que cuidarse de nadie y menos les importaba lo que alguna otra autoridad pensase, pues esta era su subalterna y bajo el lema cantinflérico, “mande jefe; por eso nadie se atrevía a pensar o tomar iniciativa, estaban estrictamente sujetos a lo que el mandatario decidiera.

  Pero Gómez, hablando específicamente de Venezuela, representó o dirigió un proceso de cambio y hasta bienestar de la vida venezolana, pese no permitió la existencia de órgano público que, con él, compartiera el poder; la economía creció sustancialmente. Puedo ofrecerle al lector, los link del portal Costa del Sol y Blog de Eligio Damas, en los cuales tengo un trabajo, presentado en dos partes, acerca del período de Gómez y el avance de la economía venezolana.

Eligio damas: ¿Por qué el gobierno de Gómez duró tanto?

Eligio Damas: La guerra mundial de 1914 favoreció a Gómez. ¿Por qué el gobierno de Gómez, duró tanto? (Parte II)

El hito, la impronta, de EEUU ¿Por qué el gobierno de Gómez duró tanto? (Parte I)

La guerra mundial de 1914 favoreció a Gómez ¿Por qué el gobierno de Gómez duró tanto? (Parte II)

Pérez Jiménez, fue un gobernante, que puso énfasis en la inversión en obras públicas, como la primera etapa de la reserva de El Guri, la planta de la siderúrgica del Orinoco, el sistema de electrificación del río Caroní, las colosales construcciones en Caracas y sus alrededores, por lo que, en ese particular, todavía no ha sido superado por algún otro gobernante; dejó, en ese sentido, tal como sus atropellos a la persona que se manifestase contrario a su gobierno, una profunda huella. En La Guaira y Caracas, construyó enormes obras urbanísticas destinadas a las clases humildes, entre las cuales vale mencionar las del “23 de enero”, que han resistido los embates de terremotos. Allí siguen intactas, pese el normal deterioro por el descuido y falta de mantenimiento por parte de quienes le corresponde hacerlo. Y está el Centro Simón Bolívar y los puentes de las avenidas caraqueñas. Para él, aquellas obras merecían su particular cuidado; no le bastaba funcionario alguno, pues en ellas, como que veía representado todo su prestigio y autoridad. Tan cuidadoso fue que hoy, abundan quienes eso reconocen.

Para entender y valorar, en la medida de lo posible, esos resultados, quiero compartir con quienes me leen, cierta información y hasta anécdota relacionada con aquel dictador de verdad y su conducta “autoritaria” que, sirve para entender porque sus obras, “no las pica ni Coquito”.

Cuando en 1955, llegué a Caracas, siendo tan joven, me llevó el deseo de estudiar 5to. año de bachillerato, estimulado por mi madre y, ella, por alguien de quien antes me he referido, al hablar de este mismo asunto, bajo la idea que era la mejor manera de acceder a la UCV. Pues, las autoridades de esa institución entonces, eran tan exigente o más que, en los años posteriores del puntofijismo, cuando se impuso aquello del “cupo, que solía llamarse un “cuello de botella”; lo que no fue otra cosa que la contención de la inversión estatal, mediante aquellos exámenes para escoger aspirantes, usualmente afectados y contaminados por malos manejos.  Aproveché la ayuda o cobijo que me brindaron unos familiares, en lo concerniente a vivienda y alimentación. De esa estadía en Caracas, de los tantos recuerdos que tengo, incluye una anécdota, recuerdo imborrable, de mediados de diciembre de 1955, que quizás, quienes esto lean, puedan entender por qué aquello me impactó tanto, como para no olvidarlo nunca.

Estaba yo con primos y primas, asociados a los Serrano, entre ellos América Velásquez y Foción Serrano, el conocido narrador de béisbol, de los fundadores de los Tigres de Aragua, todo lo demás es tan borroso que, de ellos y el espacio, no recuerdo detalles, menos la razón y circunstancias de estar allí y en horas de la madrugada. Era una época decembrina y el frío que bajaba de la montaña, a nosotros, formados en una zona cálida, nos calaba hasta los huesos. La casa de los primos estaba al frente del espacio que llaman “La Bandera”, donde se construía una obra, creo era un túnel.

De repente, se aparecen unos cuatro o cinco automóviles de los cuales se bajaron inicialmente varios militares de aquellos que llamaban “medias blancas”, porque justamente usaban unas medias de ese color que les llegaban cerca de las rodillas; dichos militares desempeñaban la función de velar por la seguridad del presidente, el entonces dictador Marcos Pérez Jiménez. Se estacionaron justo al borde de la acera donde nosotros estábamos, nos hicieron que nos corriéramos más atrás, hacia donde estaba la fila de casas y por supuesto nos alejáramos de donde se construía aquella obra. De todos modos, no quedamos muy lejos de aquellos carros y pudimos ver, no sin asombro, que de una de ellos, emergió la figura del residente de Miraflores. Yo le había visto varias veces ligeramente, en el transcurrir del tráfico caraqueño, a pesar que, por donde pasaba, las vías solían estar relativamente despejadas, pues los motociclistas “medias blancas”, que en Caracas les Sabía además que, aquel gobernante, tenía una conducta muy positiva, lo que una vez más revela, que los seres humanos somos en veces complicados, pues dentro del desorden personal puede haber orden para algo y hasta los más despiadados, pudieran tener en algún momento y, frente a alguien, rasgos de bondad.

Pérez Jiménez era muy cuidadoso con los detalles. Como que, cuando se construía una obra importante, de las tantas que hizo, particularmente en Caracas y parte de la zona central del país, donde había una clase social fuerte y muy definida que reclamaba, aunque lo hiciese de manera discreta, dado el enorme poder de aquel gobernante y por supuesto el temor que infundía, más teniendo el total apoyo de EEUU, en persona, se cuidaba de inspeccionar las obras, bajo la asesoría de personas, profesionales pertinentes por él escogidas. A ellas las llevaba consigo y, de detectar algo indebido, como que el constructor no se acogió a los planos, normas u otros detalles, reglas, inherente a la seguridad, ordenaba derrumbarle, sin importarle lo que el constructor pensase, clamase u ofreciese. Y la empresa que construía aquella obra, estaba obligada a correr con los gastos que esa corrección implicaba.

Y había algo más, a los constructores o contratistas, en los contratos, se le fijaba una fecha de entrega de la obra. Dado el caso que él o ellos no cumpliesen con ella, por cada día de retraso, se les aplicaba una multa.

Pero de todo eso lo que más me impactó fue ver al gobernante, haciendo inspección a aquella hora, en plena madrugada y un fin de semana. Pues esas empresas, por razones de tiempo, como poder entregar la obra para evadir la multa o evitar que estas se acumulasen, operaban a esas horas. Y él mismo, acudía a revisar la pertinencia de la obra, por supuesto como ya dije, bien asesorado, de acuerdo a lo planificado y a presionar a los contratistas para que terminaran en el tiempo previsto, pues el día de la inauguración ya estaba fijado.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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