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Adolfo P. Salgueiro: Reflexiones después del terremoto

 

En un muy lúcido artículo publicado por la distinguida diplomática y analista María Alejandra Aristeguieta, en estas mismas páginas, el pasado 2 de julio El fantasma de Myanmar 2008: el costo mortal de obstaculizar la ayuda humanitaria, la autora trae a colación el devastador ejemplo de un gobierno dictatorial, violador impenitente de los derechos humanos (Myanmar = exBirmania) que, con motivo de las catastróficas inundaciones ocurridas ese año, con más de cien mil muertos, optó por impedir y/o dificultar el ingreso de ayuda extranjera. Con los ajustes que la comparación amerite, se trata de un cuadro bastante parecido al que hoy vive Venezuela como consecuencia de los recientes terremotos y la desbordada emergencia social que parece estar tomando lugar en amplios espacios geográficos de nuestro país.

Lo cierto es que para quienes, como el suscrito, nos ocupamos de la política exterior, el episodio narrado, dada la lejanía geográfica y temporal (dieciséis años), se había desdibujado de nuestra mente y caído en el olvido, porque Myanmar está en el otro extremo del mundo y, desgraciadamente, esa zona del planeta es escenario frecuente de catástrofes tales como inundaciones, terremotos, monzones, pandemias etc. Lamentablemente, a la vuelta de unas pocas semanas todas esas adversidades caen en el olvido, aun cuando sus efectos y consecuencias puedan persistir por largo tiempo, más aún como es el caso de Myanmar, de cuyo nombre y ubicación pocos tienen noticia precisamente por el reducido impacto que tales acontecimientos puedan tener en otros países, no solo geográfica sino histórica y culturalmente. Pero la tragedia sucedió y miles de seres humanos sufrieron por ella.

El tema central que aborda la doctora Aristeguieta es la similitud entre la acción que el gobierno de Myanmar adoptó entonces, al obstaculizar la ayuda exterior, con la que en estos días ocurre en Venezuela, donde decisiones gubernamentales parecen destinadas tan solo a capear el temporal, obtener ventajas políticas y, con el tiempo, relegarlo al olvido.

Los medios vienen reseñando y denunciando numerosos episodios de estas insólitas decisiones que a la fecha ocupan lugar importante en las noticias mundiales pero que, más temprano que tarde, cederán ante la atención que concita en la opinión publica el actual campeonato mundial de futbol, próximo a llegar a su clímax. Pero… miles de venezolanos sufren intemperie, privaciones y abandono causado en buena parte por la ineficiencia y egoísmo político cuya descripción no precisa abundamiento.

La Dra. Aristeguieta analiza también el caso Myanmar y su relevancia a nivel internacional, especialmente entre aquellos países que por su peso e influencia pudieron haber hecho algo. Tal es el caso de la ONU cuyo Consejo de Seguridad no pudo siquiera pasar una resolución, dado el veto que aplicaron Rusia y China aprovechando la disposición estatutaria que así lo permite para los miembros permanentes del mismo.

Para entonces, y también ahora, el principio de la Responsabilidad de Proteger (R2P) que facultaría a los países para intervenir, protegiendo poblaciones abusadas por sus gobiernos, entonces apenas estaba en su gestación conceptual y ahora, veinte años después, no ha podido aun establecerse como principio ni legal ni político de solidaridad, porque -­según dicen quienes se oponen- atentaría contra el “sagrado” rito de la soberanía territorial.

Es natural, y así lo entendemos, que las autoridades requieran imponer orden en los esfuerzos humanitarios, a fin de reforzar la organización eficiente y desalentar la mala costumbre de quienes suelen hacer ”turismo” para mirar escenas cruentas de dolor y muerte. Por eso estamos, en principio, de acuerdo con las restricciones al tránsito hacia la “zona cero”.

Otra cosa muy distinta es sujetar el ingreso de rescatistas, muchos de ellos enviados por sus gobiernos, al control de inmigración, visas y demás requisitos no indispensables para la acción central de mitigar la emergencia.

Se ha comentado en las redes que un equipo de bomberos especializados de la ciudad colombiana de Medellin fueron retenidos por varias horas, invocando requisitos de inmigración que, en un caso como ese, no parecen indispensables para minimizar una catástrofe natural.

Se ha documentado también el bochornoso episodio de un periodista oficialista que entrevistando a un voluntario mexicano le “recomendó” incluir agradecimiento a Delcy. Además, otro caso donde se requirió de calcomanías pegadas en los bultos de ayuda para que parezcan enviados por el gobierno, cuando no era cierto.

Estas líneas no estarían completas si dejásemos de comentar el insólito giro de la Casa Blanca, que insiste en privilegiar la “fantástica relación” con quien ejerce el interinato, mientras, simultáneamente, opaca la figura de MCM, que es quien, obviamente, ostenta la legitimidad conferida por el voto de los venezolanos en julio de 2024. Pareciera que esos giros fueran producto del cambiante humor de Mr. Trump en esta materia.

Asimismo, estando conscientes de que la siguiente opinión no es la más compartida, creemos que el deseo de MCM de regresar al país de inmediato no parece el más oportuno por los momentos. Su presencia física seguramente que no daría calma y tranquilidad, sino lo contrario. Cierto es que como consecuencia, ello pueda otorgar un poco de aire fresco al Rodrigato, pero, en nuestra opinión, ella igual puede acompañar y orientar su lucha desde afuera del país, esperando el momento más oportuno para hacerse físicamente presente y -no desde una peligrosísima clandestinidad- tan pronto como eso se pueda, traducirlo en la transición democrática que la determinante mayoría deseamos. Es una decisión difícil.

apsalgueiro1@gmail.com

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM