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William Anseume: Un monumento al maestro y al profesor desconocido

 

Sí, así como los militares tienen sus homenajes póstumos a quienes murieron sin identificación, batallando por ideales particulares, en Venezuela, cuando pase toda esta etapa final de la tragedia, algún buen escultor debe hacer un complejo monumento a los maestros y profesores, héroes civiles, sostenes de la educación. También a los médicos y trabajadores de la educación y la salud.

Porque: El solo hecho de que todos estos años de sacrificio impuesto desde el poder, con excusas baladíes, mientras se ven pasar compras desmesuradas de equipos de todo tipo, vehículos en lo que andan los detentadores de ese poder y su seguridad, de música y bailantas callejeras, pagadas a todo trance en enormes tarimas, viajes e invitaciones, actos de corrupción que aún no salen todos a la luz pública, pero que incluyen la comida como negocio del hambre y la conciencia, inversiones artificiosas o, ahora, chorros de petróleo u oro, o tierras raras abiertas, con conteo de verdes billetes diarios enrostrados, los maestros y profesores estuvieron allí, como fuera, también los trabajadores en general y los médicos y el personal de salud, sosteniendo las instituciones y cumpliendo su papel para la sociedad, financiando el trabajo, la educación, la salud. Todo esto con sacrificio de su propio ser y de sus familias, consiguiendo trabajos alternos para cumplir. En espera de un futuro que se ha alargado.

Y luego, le dicen al jubilado que él no merece, después de 25 años de servicios cumplidos durante estos 27, ninguna de las migajas extras que arrojan, viendo hacia abajo, desde el hombro. O dejan a los pensionados como si hubieran fallecido ya. Como escoria vista por delincuentes comunes.

¿Y los estudiantes? Con becas míseras, sin comedores, sin servicios funcionales, con sacrificios extremos, formándose para contribuir en pocos años a sostener lo que va quedando de la destrucción. Loas a ellos también.

A estos héroes habría que añadir a la empresa privada y sus contribuciones en medio de las dificultades, con los impuestos y las donaciones, que por pequeñas o grandes que fueran o dejaran ser los “mandatarios”, han ayudado. Y, en el caso de las universidades, a los egresados que aportan todo tipo de soluciones. En cuanto a la USB no podemos dejar de reconocer cuanto han aportado la Asociación de Egresados y Alum-Usb. Pero así también en las demás universidades, entregan sus aportes desde sus empresas o, hasta personales, por becas, por reconocimiento, incluso dinerario a los profesores o la investigación. Sin los egresados y la empresa privada sería más hondo el retroceso de las instituciones educativas del más alto nivel.

El monumento deberá estar en Caracas, a orillas de la Plaza Venezuela. Propongo que quien lo devele no sea un funcionario gubernamental que nos recuerde el oprobio, si no algún científico eminente, algún viejo profesor o maestro jubilado, pero activo en su entrega a nuestras instituciones. Alguien digno que podamos recordar siempre en ese día. Propongo además que el monumento carezca de rostros, puede tener manos laboriosas, incluso puede ser una piedra incólume. Un reconocimiento civil a la civilidad, por la paz, el encuentro, el diálogo, la reconciliación con los no criminales, un monumento que sirva, como las clases universitarias, a reconocer la unión en medio de las diferencias, de las divergencias naturales. No soy escultor. Ahí dejo la tarea, para un futuro muy cercano. No será solo arte, será memoria.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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