Domingo Kultural.
Acontecimientos en pleno desarrollo, con 48 selecciones, estadios de última generación y una industria que mueve miles de millones de dólares, conviene recordar una verdad incómoda: el fútbol no siempre se decide con un balón.
Acabo de ver México 86 en Netflix. La serie cuenta las peripecias de Martín de la Torre (Diego Luna), un audaz operador que termina convirtiéndose en la mente detrás de la Federación Mexicana de Fútbol y logra que México derrote como sede a EE.UU. Su eslogan resume perfectamente la trama: “No todos los goles se meten en la cancha”. Ingenio, corrupción, ambición y locura se mezclan en una historia donde cualquier parecido con la realidad no parece casualidad. Eso fue en los años 80, nada ha cambiado.
FIFA GATE
Para entender mejor esa realidad basta recordar el allanamiento al Hotel Baur au Lac de Zúrich el 27 de mayo de 2015. Allí se hospedaban varios dirigentes que asistirían al Congreso Anual de la FIFA. Aquella mañana agentes del FBI detuvieron a siete directivos. Después vendrían más arrestos, más allanamientos y una investigación global que alcanzó a decenas de funcionarios. El escándalo quedó registrado para la historia como el FIFA GATE. Quien quiera profundizar puede buscar en Netflix la miniserie documental FIFA: al descubierto.
Lo que sigue ocurrió de verdad
Entre los primeros detenidos cayó Rafael Esquivel, eterno presidente de la Federación Venezolana de Fútbol. Junto a varios de sus socios fue acusado de crimen organizado, fraude electrónico y lavado de dinero. Todo apuntaba a que la FIFA operaba como una estructura donde los intereses particulares pesaban más que los principios deportivos.
Lo que sigue ocurrió de verdad
En Venezuela aquello no sorprendió a nadie. Era un secreto a voces. Esquivel jamás se esforzó demasiado en ocultar una fortuna que no parecía compatible con el cargo que ocupaba. Vivía como un magnate y actuaba como tal.
En Margarita abundaban las historias sobre propiedades, embarcaciones y fiestas interminables. Sus yates eran escenario frecuente de encuentros que alimentaban rumores y comentarios bajo la luz de la luna y del sol. Su mansión en el sector Los Robles era una especie de Hacienda Nápoles (la casa de Pablo Escobar), un testigo presencial, hábil y conteste me dijo que llegaron a trabajar en los tres turnos hasta 20 cocineros certificados. Las voces disidentes
Mucho antes de que actuara el FBI, voces como las de Toni Carrasco y Richard Páez denunciaron públicamente lo que ocurría. Hablaron, señalaron y advirtieron. Nadie les hizo caso.
La Copa América de 2007 terminó de destapar lo que se cocinaba en ese pozo pestilente. Recuerdo haber estado en Maracaibo durante la final Argentina-Brasil. Esa Copa, dió más show que el Circo de los Hermanos Gasca.
Años después, Giancarlo Di Martino, ya exalcalde de la ciudad y devenido en Consul en Milán, Italia, declaró a la periodista Liber Nan Piñero (diario Panorama) que para asegurar aquella final hubo que desembolsar un millón de dólares a dirigentes de la Conmebol. Una confesión que retrata la dimensión del problema y el cinismo de esa clase política.
Los futbolistas tampoco fueron indiferentes. Más de una vez expresaron, en privado y en público, su preocupación por el rumbo de la Federación. La advertencia era clara: mientras los mismos grupos controlaran el fútbol venezolano, el sueño mundialista seguiría comprometido.
El secuestro
Tras la caída de Rafael Esquivel, lejos de mejorar, la situación pareció complicarse aún más. La Federación pasó a ser terreno de disputa entre distintos grupos de poder político y económico. Armando.Info publicó un revelador trabajo sobre las últimas elecciones federativas y las fuerzas que se mueven detrás del telón. Los bolichicos, uno de Diosdado y otro de los hermanos Rodríguez se disputan el control de la FVF. Y sin conocer el terreno hicieron lo que mejor sabe hacer la boliburguesia: comprar conciencias; alojaron a los delegados en el Hotel Lido de Caracas y tomaron por asalto la FVF.
El crimen no paga
Esquivel presidió la Federación entre 1988 y 2015. De no haber sido procesado todavía tendría su dictadura, igualito parecido a uno que mentaban Súper Bigote. En marzo de 2016 un juez de Nueva York le concedió arresto domiciliario tras una fianza de siete millones de dólares. Meses después se declaró culpable. Las pruebas son demoledoras. Un testigo clave reveló incluso que los involucrados utilizaban nombres de marcas de automóviles para identificarse. En aquella lista, Esquivel aparecía como “Mercedes-Benz”, en tributo a su carro, el más grande de la Isla. Un famoso periodista de radio llamado José Campos Suárez le hubiera dicho: “El crimen no paga” .
*o sé vistan que no van
Los verdaderamente perjudicados en esta historia han sido siempre los mismos: los aficionados y fanáticos de la Vinotinto.
Generaciones enteras han esperado ver a Venezuela desfilar en una Copa del Mundo. Esta vez tampoco alcanzó. La ilusión era legítima: el Mundial se amplió a 48 selecciones y, por primera vez, la clasificación parecía más cercana que nunca. Comenzamos bien, soñamos en grande y hasta las matemáticas estaban de nuestro lado. Pero otra vez cedimos terreno cuando más importaba. El eslogan *Mano tengo fé* tampoco sirvió.
Quizás por eso el FIFA GATE sigue siendo una historia vigente. Porque no habla solamente de sobornos, maletines y dirigentes caídos en desgracia. Habla también de oportunidades perdidas, de generaciones frustradas y de una pasión que ha pagado durante décadas las cuentas de otros.
Mientras el balón rueda, los pescadores de la Isla de Margarita recuerdan con nostalgia a Esquivel, comentan que gozaba una bola en su transatlántico sin olvidar a todo el que se encontrará en el camino: a cada quien le tiraba su caja de Ron o Whisky.
-Ahí viene el jefe, decían los pescadores.
Él los observaba sin ocultar sus delirios de grandeza; igual al que vimos en Netflix y a otro que hizo una pasantía por Miraflores. Nada dura para siempre, pregúntenle a Súper Bigote.
Nos vemos por ahí.

