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Pedro Benítez: ¿Gustavo Petro mató la candidatura de Iván Cepeda?

 

Corría el año 1990 cuando los guerrilleros del Movimiento 19 de abril (M-19), acogiéndose a los acuerdos de paz que promovía el gobierno del presidente Virgilio Barco, abandonaron las armas para presentarse como un grupo político legal en las elecciones colombianas de ese año.

Sin embargo, estas serían una de las más violentas en la historia del país; tres aspirantes a la presidencia fueron asesinados en menos de 8 meses, Luis Carlos Galan del oficial Partido Liberal, Bernardo Jaramillo de la Unión Patriótica, y Carlos Pizarro, líder del M19 en un vuelo a Barranquilla.

Todos esos crímenes fueron atribuidos al Cártel de Medellín y al paramilitarismo.

Fue en esas circunstancias cuando la dirección del grupo, encabezada por quien había sido la mano derecha de Pizarro, Antonio Navarro Wolf, tomó una decisión que resultaría crucial para la izquierda colombiana: no volver a la lucha armada sino insistir en la vía electoral en el seno de las instituciones.

En diciembre de ese mismo año la lista de la Alianza Democrática M-19, con casi un millón de votos, fue la segunda más votada nacionalmente, solo por detrás de los liberales, los que le otorgó un tercio de los puestos de la Asamblea Nacional Constituyente (un resultado electoral, por cierto, muy distinto al conseguido por las Farc luego de la pacificación que firmaron con el gobierno de Juan Manuel Santos en 2016).

Navarro Wolf fue junto con el conservador Alvaro Gómez Hurtado y el liberal Horacio Serpa, uno de los tres presidentes de la asamblea que redactó la Constitución de Colombia de 1991, aún vigente.

No obstante, en los siguientes años la relevancia del grupo se fue apagando. En las elecciones de 1994 no logró siquiera a una curul en el Senado y en 1998 apenas superó los 30 mil votos. Así que la Alianza Democrática M-19 dejó de existir formalmente como movimiento político, pero varios de sus antiguos miembros darían origen o formarían nuevos partidos.

Navarro Wolf fue sucesivamente ministro de Salud del gobierno de César Gaviria, alcalde de Pasto, gobernador de Nariño y senador. En 2006 aspiró como precandidato dentro del Polo Democrático Alternativo (PDA) para las elecciones presidenciales de ese año, aunque perdió frente al exmagistrado Carlos Gaviria Díaz. El Polo Democrático sería, sin embargo, un nuevo esfuerzo de la izquierda colombiana por unirse y a la postre daría origen al actual Pacto Histórico.

En los siguientes años primero el PDA y luego el Pacto Histórico pasaría de los 680 mil sufragios obtenidos en 2002 a 2,6 millones en 2006; en 2010, con Gustavo Petro debutando como aspirante presidencial reunió 1,3 millones de votos; y en 2018 por primera vez un candidato presidencial postulado por la izquierda logró disputar una elección en segunda vuelta, también con Petro contra Iván Duque, reuniendo más 8 millones de votantes.

Cuatro años después Petro tendría su revancha imponiéndose en las dos instancias comiciales con 8,5 y más de 11,2 millones de votos respectivamente. En el camino la izquierda colombiana logró abrirse una brecha entre la polarización uribismo versus anti uribismo, que ha caracterizado la política de ese país en lo que va de siglo, gobernando ciudades importantes como Bogotá y consiguiendo números puestos en el Congreso, hasta ser hoy allí la principal fuerza.

De ese modo, la izquierda colombiana consiguió por lo votos, lo que nunca logró con las balas.

No ha sido un camino fácil puesto que en todos estos años ha tenido que cargar (hasta el presente) con el lastre político que ha implicado la acción de la Farc y el ELN; pero independientemente de la simpatía o no que de ese sector se tenga, se tendrá que admitir que allí hay un tenaz trabajo político.

De hecho, hay un detalle que en la actual diatriba pocos observadores han destacado: aun perdiendo, el senador Iván Cepeda logró sacar un millón de votos más que Petro en la primera vuelta de 2022. Además, el Pacto Histórico será el grupo con más curules tanto en el Senado como en la Cámara, por delante del Centro Democrático y el Partido Liberal.

Pues bien, todo ese esfuerzo parece condenado a naufragar por la acción del presidente Gustavo Petro, empeñado, por lo visto, en destruir con los pies lo que él y a tantos otros les llevó muchos años construir con las manos.

Desafiando abiertamente la Constitución colombiana, que prohíbe explícitamente al presidente hacer campaña electoral a fin de evitar que los recursos del Estado se utilicen para favorecer o perjudicar a cualquier candidato o movimiento, ha entrado de lleno en la disputa comicial apoyando a Cepeda. Afirmando que es su derecho opinar sobre asuntos de interés general y defender la continuidad de las políticas de su gobierno, ha ignorado al Consejo de Estado que en su rol de alto tribunal emitió una orden judicial en la que le exige abstenerse de difundir cualquier tipo de propaganda electoral. La misma actitud ha tenido con los procesos de investigación abiertos, contra él y varios de los ministros de su gabinete, tanto en la Comisión de Acusación de la Cámara de Representantes, como en la Procuraduría General de la Nación, por incurrir en conductas proselitistas durante la contienda.

Pero la guinda del pastel ha sido su negativa a reconocer los resultados preliminares del preconteo oficial de la primera vuelta del pasado domingo, afirmando que hubo un presunto fraude electoral. Aseguró tener “las bases comprobadas” de las irregularidades, denunciando la alteración del software por parte de la Registraduría y el abultamiento del censo electoral.

Como no podía ser de otra manera, esto ha generado una enorme controversia en Colombia, proporcionando, de paso, a la candidatura anti petrista de Abelardo De La Espriella abundante munición gratuita.

Tanto la Registraduría como el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Colombia han rechazado las denuncias de fraude, desmintiendo de manera enfática cada uno de los señalamientos del presidente.

Hace pocas horas el magistrado del CNE, Álvaro Hernán Prada, emitió un pronunciamiento en el que afirma: “Solo los tiranos son capaces de atreverse a desconocer la voluntad popular”.

Por su parte, la Misión de Observación Electoral (MOE) de la Unión Europea asegura no haber constatado ninguna irregularidad en el proceso y señala una absoluta coincidencia entre las actas físicas de votación y el procesamiento de los resultados.

Recordemos que este mismo sistema electoral que Petro cuestiona es el que le permitió ser elegido presidente hace cuatro años.

De modo que, a estas alturas, la pregunta a formular es si seguirá el (mal) ejemplo que en su día dieron Donald Trump y Jair Bolsonaro.

Aunque el domingo de las elecciones el senador Cepeda expresó dudas iniciales por resultado, fiel a su estilo optó por la moderación. El lunes manifestó que su equipo y los auditores del Pacto Histórico continuaban revisando minuciosamente las actas, pero aclaró que hasta el momento no había indicios de anomalías. Sin embargo, Petro ha insistido en sus denuncias colocando a la candidatura de Cepeda en una situación muy incómoda pues ha paralizado la campaña de la coalición. Insistir en la tesis de un fraude inexistente desgasta la campaña de Cepeda y la distrae del objetivo principal que es el de derrotar a De la Espriella en las urnas el próximo 21 de junio.

Para ganar el Pacto Histórico necesita mover a su favor a los votantes moderados que se inclinaron por las candidaturas de Sergio Fajardo y Claudia López en primera vuelta. Sin embargo, sus estrategas, seguros de tener la elección en la mano no han hecho mucho en ese sentido y Petro, por su lado, no les está dando muchos motivos de confianza en su respaldo a las instituciones democráticas.

Así que el presidente colombiano parece más bien el jefe de campaña de Abelardo De la Espriella. Es más, este es, en buena medida, producto de la abierta estrategia petrista de promover un candidato outsider que dividiera el voto del uribismo. Durante semanas Petro buscó polarizar con él, porque supuestamente no podía haber algo peor, según se dijo, que una candidata respaldada por el expresidente Alvaro Uribe. Aquí están los resultados.

Hace pocas semanas que De la Espriella ganará en segunda vuelta se veía muy poco probable. Por eso la estrategia del Pacto Histórico se enfocó en que fuera él y no Paloma Valencia el posible contrincante. Pero Petro decidió ser el protagonista de la boda y del entierro aportando a su candidato tantos sus activos como sus pasivos, que pocos no son.

Hoy empiezan a circular sondeos que le dan a De la Espriella entre 5 y 7 puntos porcentuales de ventaja ante Cepeda, que todavía no logra encarrilar su campaña luego de la doble sorpresa del domingo en la noche.

De modo que nos encontramos ante otra paradoja muy latinoamericana; un dirigente político crea un gran movimiento popular, lo lleva al poder y a continuación se dedica a destruirlo. En tiempos recientes esto nos recuerda el caso de Evo Morales y el MAS en Bolivia, que luego de una sucesión de victoria electorales metió al país en la crisis política del 2019, pero, no conforme con eso, se consagró a hacerle la vida imposible a su compañero y ex ministro Luis Arce durante los cinco años que fue presidente de ese país (2020-2025).

Luego llegar a tener más del 60% de los votos, en la elección presidencial del año pasado el MAS apenas arañó el 3,17% quedando al borde de perder su registro legal.

Parricidio es el término legal, filicidio el psicológico, filius (hijo) y caedere (matar). Cuando el padre mata al hijo.

@Pedrobenitezf

 

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